6. Salvetti - Especificidad de las fuentes orales - FINAL

Revista de Historia, N° 18, Noviembre 2017, pp. 132-155 Departamento de Historia, Facultad de Humanidades,

Universidad Nacional del Comahue.

ISSN-e 2591-3190

http://revele.uncoma.edu.ar/htdoc/revele/index.php/historia/index

Especificidad de las fuentes orales en Historia: Carácter situado de su transcripción

Specificity of oral sources in History: Character situated from its transcript

*Vivina Perla Salvetti vivina.dice@gmail.com

Resumen

Se defiende la necesidad de conservar y consultar las fuentes orales como tales, en lugar de su transcripción escrita, tal como recomienda el historiador Alessandro Portelli, cuando invita a recuperar el valor de los registros auditivos como testimonios únicos, particulares y pasibles de la reinterpretación continua que corresponde a todo archivo histórico. Reconocer el carácter situado de toda transcripción, ofrece el concepto metodológico que introduce la subjetividad en los estantes objetivos de la Historia. Para sustentar la propuesta, se recuerdan los aportes de Walter Ong quien presenta la Oralidad y la Escritura como sistemas cognitivos diferenciados que introducen modos complementarios de ver el mundo. El término griego hystor define “entrevista a testigo, persona que sabe”. Michael Pollak demostró cómo la Historia Oral legitima y otorga autoridad pública, al carácter de memorias subterráneas por parte de quienes buscan justicia, y se vieron forzados al silencio por falta de comprensión social. Se ofrece así a las víctimas de graves conflictos históricos, el marco institucional y la oportunidad única de interpretar lo inescribible de sí mismas

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Palabras Clave: Subjetividad – Memorias subterráneas - Lo inescribible - Transcripción situada - Fuentes orales

Abstract

The need to conserve and consult oral sources as such is defended, instead of their written transcription, as recommended by the historian Alessandro Portelli, when he invites to recover the value of auditory records as unique, specific and passible testimonies of continuous reinterpretation which corresponds to every historical file. Recognizing the situated character of every transcription, offers the methodological concept that introduces subjectivity in the objective shelves of History. To support the proposal, the contributions of Walter Ong are remembered, who present Orality and Scripture as differentiated cognitive systems that introduce complementary ways of seeing the world. Greek term hystor defines "interview with witness, person who knows". Michael Pollak demonstrated how Oral History legitimizes and gives public authority to the underground memories of those who seek justice, and were forced into silence for lack of social understanding. This offers the victims of serious conflicts the institutional framework and the unique opportunity to interpret the inescribible of themselves.

Key Words: Subjectivity - underground memories - the inescribible - situated transcription - oral sources

Fecha de recepción: 28 de agosto de 2017 Fecha de aceptación: 23 de noviembre de 2017

Introducción

El maestro bandoneonista argentino Rodolfo Mederos, en una entrevista que le realizara el Chango Spasiuk para su ciclo televisivo Pequeños Universos, expresó lo siguiente:

“He tenido estudiantes que son misioneros o correntinos… vienen porque quieren mejorar su toque en el tango, pero vienen tocando la música de ellos, de un modo que es impresionante cómo hacen sus cosas… inescribibles, como debe ser la verdadera música. No se puede escribirEs una mentira eso de que la música se escribe. Esa es la música que no se escribe, esos fraseos, esa ornamentación, esos gestos, no estos gestos corporales, esos gestos musicales, son inescribibles. La grafía musical no alcanza. Yo les pido que toquen, en la misma clase les pido “Por favor, tocate ese chamamé” porque me fascina verlos, yo jamás podría hacer eso” (cursivas añadidas)1

Nadie menos que el maestro Mederos conoce el valor de las partituras musicales para aprender a tocar bien un instrumento. Sin embargo, sus palabras remiten a gestos musicales cuya ejecución excede cualquier notación, por lo que al sentenciar “la grafía no alcanza” insistiendo que la buena música “no se puede escribir”, el maestro nos está proporcionando una lección sobre la especificidad de sonidos musicales imbricados en la experiencia vital, que resultan, simplemente, inescribibles.

Esta aguda observación sobre expresiones musicales, admite su comparación con aspectos también inescribibles de la voz humana, vinculados con emociones y la experiencia vital, que suelen acompañar las expresiones orales. Las siguientes p.inas estarán dedicadas a defender la necesidad de conservar y consultar las fuentes históricas orales como tales, describiendo que su especificidad radica en los rasgos y tonalidades, únicos y particulares, inscriptos en la voz de los entrevistados y difícilmente traducibles por escrito.

Esta diferencia entre expresiones orales y su transcripción no siempre es tomada en consideración, ya que, pareciera que muchos han naturalizado habla y lengua escrita como dos caras de la misma moneda. El propósito de este trabajo es cuestionar este supuesto, y distinguir tanto a la tradición oral como la técnica de lecto-escritura como modos legítimamente diferenciados de ver el mundo, pasibles de complementarse. Las reflexiones del historiador Alessandro Portelli, insisten en respetar la especificidad de la oralidad conservando los registros de audio originales para consulta, como elección de preferencia a su transcripción escrita. Reconocer la subjetividad volcada en cada transcripción, conduce aquí a la presentación del concepto de transcripción situada.

En un mundo que ubica la precariedad oral en la línea histórica del tiempo escrito, se recuerdan los aportes del jesuita Walter Ong respecto de las diferencias entre oralidad y escritura como técnica. Las entrevistas realizadas por Michael Pollak ofrecen a los sobrevivientes de campos nazis la oportunidad de interpretarse a sí mismos, dentro del marco institucional que incorpora nuevos significados, recomendado por Raymond Williams.

La recuperación de las entrevistas de Historia Oral como herramientas para recuperar las voces humanas atravesadas por el conflicto, no solo resulta legítimo, sino necesario en tiempos de disenso colectivo rayano en la violencia.

Oralidad y escritura: sistemas cognitivos diferenciados

Los primeros exploradores europeos del siglo XV, en sus informes para la Corona que los patrocinaba, solían referirse a los nativos de las tierras exploradas con estos términos: “Los habitantes presentan una evidente falta de introspección, de proeza analítica, de preocupación de la voluntad como tal, y de un sentido de diferencia entre pasado y futuro.”

Esta descripción que supone inferiores las capacidades cognitivas de un grupo nativo, permite captar el desconcierto y el asombro por parte de los europeos, y relata un encuentro entre culturas perplejas por costumbres y creencias absolutamente desconocidas.

Esta enorme diferencia constitutiva entre aborígenes y exploradores europeos, abrió un largo debate para dar cuenta de, por qué los seres que habitaban las nuevas tierras se presentaban como un Otro tan distinto. Cabe consignar que aún entre los antropólogos, y hasta hace unos pocos años, también fueron usuales las definiciones de estos grupos a partir de lo que les faltaba. Los rasgos ausentes señalados al comienzo, sumaron clasificaciones tales como “pueblos sin escritura”, “sociedades sin estado”, “pueblos sin historia”. El mismo interrogante permeaba los círculos académicos: “¿Qué hay detrás de estas conductas tan desconcertantes?”

Solo recientemente los abordajes cognitivos permitieron echar alguna luz sobre este asunto. Como estas “sociedades sin escritura” fueron constitutivamente orales hasta hace poco tiempo, en las líneas que siguen, y partiendo del texto del jesuita Walter Ong, se tratará de presentar a la oralidad y la escritura como sistemas cognitivos diferenciados, donde las diferencias perceptivas permiten arribar a la comprensión sobre modos distintos de darle un sentido al mundo que nos rodea.

Comprender asimismo la oralidad y la escritura, no como sistemas opuestos, sino complementarios, permitirá entender las riquezas y carencias particulares de cada uno, en lugar de ubicar a los grupos originarios en una imaginaria línea temporal que conduce a clasificarlos como una suerte de minusválidos intelectuales antes que se inventase la escritura.

2.1- Alfabeto Griego: la abstracción analítica consecuente

Para poder entender el abismo abierto inicialmente entre aborígenes y estudiosos occidentales, se hace necesario abordar las diferencias cognitivas que emergieron como consecuencia de la aparición de la escritura. Pero no de la escritura en general.

El sacerdote jesuita Walter Ong (1912-2003)2 distingue entre sistemas de escritura pictográficos, silabarios, mixtos, y alfabéticos. Y entre los alfabéticos, diferencia entre los semíticos constituidos por consonantes (que suplen las vocales al leer, como el árabe o el hebreo) para desarrollar lo que denomina como el gran logro griego de inventar el primer alfabeto griego con vocales.

Ong califica a los sistemas de escritura como tecnologías de la palabra.3 Sus elaboraciones acerca de cómo estas tecnologías “reestructuran la conciencia” permiten entender los cambios cognitivos subsiguientes, y cómo el tipo de técnica utilizada en la escritura introdujo un elemento crucial en la brecha que fue abriendo la Historia entre Oriente y Occidente.

Para entender las particularidades del alfabeto griego, Ong remite a los estudios de Eric Havelock4 cuando informa que el alfabeto griego, al ser el primero con vocales permitió la transformación decisiva, casi total de la palabra, pues hizo posible el pasaje del sonido a la imagen conceptual, e introdujo la abstracción sobre los elementos visualizados.

En cambio, el carácter de otras formas de escritura de la época, como las hebreas o las semíticas, requerían que el lector se apoyara en datos contextuales. Un antiguo lector hebreo, por ejemplo, completaba las palabras escritas únicamente por consonantes supliendo las vocales faltantes, de un modo similar al que nosotros hoy logramos comprender las palabras incompletas de los avisos clasificados o los mensajes de texto. Las escrituras semíticas requerían conocimiento del idioma para saber cuáles vocales agregar entre las consonantes, por lo que Havelock sostiene que este tipo de escrituras se hallaba parcialmente inmersa en el mundo no textual.

En cambio, el alfabeto griego, analizaba el texto de manera más abstracta, a partir de elementos puramente visuales. Recordemos por ejemplo que únicamente este tipo de alfabetos permiten registrar la “fonética” de lenguajes de los que desconocemos absolutamente el significado. Ese logro griego de analizar abstractamente el evasivo mundo del sonido en equivalentes visuales (no de forma perfecta, por supuesto, pero de manera global) presagiaba y aportaba los medios para las ulteriores proezas analíticas vinculadas con el desarrollo de la filosofía griega.

Por lo tanto, Ong propone que las distintas etapas evolutivas presentadas para señalar el continuum que distinguió la Europa civilizada del resto del mundo, como progreso de la Magia a la Ciencia, las consideraciones de Levy-Bruhl del estado pre-lógico a uno cada vez más racional, o hasta del pensamiento salvaje de Levi-Strauss al pensamiento domesticado, permiten explicarse de manera más escueta como cambios de la oralidad a diversos estados del conocimiento de la escritura, tal como Ong describe a continuación: “Muchos de los contrastes a menudo establecidos entre perspectivas occidentales y otras, parecen reducibles a diferencias entre … la escritura y estados de conciencia más o menos orales”.5

Por lo tanto, antes de menospreciar la tradición oral que aún persiste en algunas culturas, sería bueno considerar sus ventajas particulares.

Los antropólogos hemos tenido ocasión de registrar, cómo las culturas que mantienen sus tradiciones orales, son capaces de producir representaciones verbales pujantes y hermosas, de gran valor artístico y humano, representaciones que no admiten su pasaje a la escritura científica. Hay suficientes referencias etnográficas respecto a la representación de ciertos mitos, cuya complejidad en la ejecución, no solo resulta difícil de describir de modo lógico-lineal por parte de los antropólogos, sino que pierden en profundidad y belleza toda vez que la escritura procura objetivarlos.

Sin embargo, como el mismo Ong reconoce, sin la escritura, la conciencia humana no puede alcanzar su potencial más pleno, ni producir textos intensos y profundos, a partir de una Analítica y una Lógica solo posibles por la abstracción que permite el lenguaje escrito.

En este sentido la Escritura complementa la Oralidad, algo que requiere admitir que se trata de modos diferenciados de ver el mundo.6

2.2- Particularidades de las culturas orales

Estamos tan inmersos en un mundo visual y letrado que resulta difícil imaginarse cómo sería nacer y crecer en una cultura oral, como fue durante miles y miles de años con anterioridad al desarrollo de cualquier tipo de escritura.

Se ha señalado que toda sensación tiene lugar en el tiempo, pero el sonido es evanescente. No existe manera de detener el sonido y contenerlo. A diferencia con las imágenes visuales, pasibles de ser “fijadas” en un muro7 o con una cámara, el sonido permite ser registrado (en una grabación) pero nunca detenido.

Por lo tanto, la comunicación humana, condicionada por esta fugacidad, ha elaborado métodos para reproducirla, desde la repetición, hasta el aprendizaje de fórmulas de memoria. El antropólogo B. Malinowsky8, fue uno de los primeros en acercar la descripción -con mucha anterioridad a las reflexiones de Austin-9 respecto del modo que, en pueblos con larga tradición oral, la lengua es un “modo de acción” y no solo la contraparte o la otra cara del pensamiento.

Por ejemplo, en muchos grupos donde la oralidad todavía resulta dominante: La palabra del líder es Ley.

Las Normas se conocen y reproducen mediante refranes y proverbios. El conocimiento se repite en voz alta una y otra vez.

Son usuales el empleo de fórmulas para memorizar, capacidad altamente valorada. Suelen contar relatos en grupo, (mientras la escritura se realiza en forma individual).

Los ancianos (símbolos de memoria acumulada) son considerados referentes de sabiduría.

Las técnicas se aprenden desde la relación del maestro con el discípulo atento a imitarlo.

Una vez enumeradas estas características de los grupos predominantemente orales, pasaremos a lo que describe Ong respecto de los cambios cognitivos propiciados por la práctica de la lecto-escritura.

2.3- Cambios cognitivos propiciados por la escritura

La filosofía clásica ¿constituye una reflexión en torno al Lenguaje, o en torno a la Escritura? Walter Ong, describe el desarrollo intelectual de los griegos al tiempo de la implementación de la Escritura y los vincula con las particularidades del alfabeto griego. También vincula las abstracciones analíticas derivadas del texto leído, con el origen de las categorías vinculadas con la filosofía clásica. Nos recuerda además, que el término “concepto” junto con el resto de abordajes propiciados por los griegos, halla su vinculación histórica con la reestructuración de una conciencia mítica que devino objetiva, como consecuencia cognitiva del ejercicio visual y de las particularidades del alfabeto griego que permitían “despegarse” del texto y facilitar su análisis posterior.10

Las Fuentes iniciales de la Historia profesional… ¿orales o escritas?

Aunque la definición de manual de Historia nos remite al abordaje de documentos escritos, Heródoto, (siglo V, A.C.) considerado el “Padre de la Historia” definió la ciencia de la historia como la indagación sobre las acciones realizadas por los hombres. Esta indagación ¿haría referencia acaso a una indagación oral o escrita?

Una historiografía del concepto mismo de historia quizás nos permita arribar a una distinción entre las nociones actuales de esta disciplina y las del pasado. En una definición que la acerca más a la concepción actual de la Historia Oral, sorprende a muchos que el término griego “historia”, actualmente vinculado con el análisis de toda documentación escrita, en principio remitía a una entrevista, o interrogación de un testigo ocular: El término hystor significa tanto testigo como juez, persona que sabe. Por otra parte, el verbo hystoreo se interpreta como buscar, inquirir, examinar.11 El término griego pasó al latín. Con el desarrollo de la disciplina, Tácito (Roma, siglo I d.C) comenzó a distinguir entre historiae (informes de la época de la que se es testigo) y anales (acontecimientos referidos a un tiempo pasado). El término chronos (tiempo) pasó a definir la croniká: registro escrito referido a sucesos ordenados en el tiempo.12

Sauro describe que la Historia, los hechos y el tiempo lineal comenzaron a vincularse gradualmente, a medida que los amanuenses se ocupaban de registrar los hechos del tiempo presente, mientras atendían a la reproducción de los del pasado.13

Después de varios siglos de escribir y reescribir manuscritos copiados fielmente por monjes religiosos, el término “historia”, que en tiempos de Heródoto definía los informes de los que se es testigo ocular pasó a definir el registro escrito del pasado, con lo que arribamos a la clásica definición actual: “Historia es la reconstrucción del pasado mediante los documentos escritos”.

Estos cambios cognitivos respecto de una oralidad primaria que devino en trabajo sobre documentos escritos, representan una transformación socio-histórica con enormes consecuencias para quienes comenzaron a ser definidos como pueblos pre-históricos, sin- escritura, o sin estado, por parte de quienes, fundando un orden logocéntrico, dividieron las aguas del Tiempo.14

3.1- Memoria e Historia, lo que las diferencia

La divergencia entre una memoria constitutivamente oral y una historia constitutivamente escrita se presenta entonces como resultado de un largo y continuo proceso. En la actualidad, Pierre Nora15 describió de qué manera Historia y Memoria, imbricadas en sus inicios, en la actualidad están bien lejos de ser sinónimos:

Memoria, Historia… tomamos conciencia de todo lo que las opone… La memoria es vida, siempre llevada por grupos vivientes…La Historia es reconstrucción, siempre problemática e incompleta de lo que ya no es… La Memoria es un presente eterno… la Historia es representación del pasado… La Memoria, afectiva y mágica… se alimenta de recuerdos… La Historia, como operación laica, utiliza análisis y discurso crítico… La Memoria instala el recuerdo en lo sagrado, la Historia lo desaloja, siempre procesa.

Esta distinción entre memoria e historia, puede contribuir a la comprensión de las diferencias entre la oralidad y la escritura en tanto modos de conocer el mundo, así como las dificultades para abordar la memoria de los pueblos con una metodología que excluye sus testimonios orales y cuya validez deriva únicamente del análisis de documentos históricos.

El antropólogo Joel Candau, especializado en procesos de patrimonialización, nos recuerda que, todo trabajo sobre la memoria es, fundamentalmente, oral.16

La Historia Oral, con su metodología para realizar entrevistas individuales de carácter longitudinal, nos ofrece el método por excelencia para introducir la subjetividad de cada individuo en los estantes objetivos de la Historia.

Esta diferencia entre Historia escrita y Memoria oral, nos introduce asimismo en la reflexión de las consecuencias de largo alcance observadas con posterioridad a situaciones políticas marcadas por una violencia extrema. Por ejemplo, las víctimas de Crímenes de Estado y Lesa Humanidad, ¿olvidan o silencian? ¿Puede un gobierno imponer el olvido por decreto? ¿Cuál es realmente la salida en estas situaciones de tan difícil resolución?

Para responder estas preguntas, a continuación, se comparten los resultados que arrojaron las investigaciones de historia oral realizadas por Michael Pollak.

Michael Pollak: Memoria y situaciones límite

El investigador francés Michel Pollak dedicó más de veinte años de su vida a la posibilidad de recuperar las voces de pasado con el propósito que se interpreten a sí mismas. La trama de su libro Memoria, silencio, olvido17, se enhebra con el hilo conductor de estas p.inas, que tejen la comprensión cognitiva sobre la emergencia de procesos sociales de la Memoria.

Pollak, quien reconoce su perspectiva constructivista, recoge los testimonios de aquellos individuos que han atravesado situaciones límite, como los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Le interesa particularmente registrar la experiencia de mujeres que fueron separadas de su medio familiar y social, para ser insertas en un universo carcelario extremo, rodeadas por una población de diversos orígenes nacionales y sociales. De su trabajo surgen las siguientes preguntas: ¿Cómo se construye la Memoria de sucesos para los que no hemos sido preparados socialmente?

¿Bajo qué circunstancias las víctimas optan por el silencio? ¿Cuáles son las condiciones sociales que vuelven comunicables sus testimonios? Sobre todo, ¿Cómo describir con pudor y dignidad los actos que han degradado y humillado a las personas?

El análisis de Pollak resulta posible en contextos sociales que legitiman y otorgan autoridad pública a testimonios orales individuales, ya que los mismos se anclan en situaciones socio-históricas que lo vuelven comunicable. Lo contrario también es cierto: en un contexto de falta de comprensión social, la víctima opta por el silencio con la consiguiente emergencia de lo que el autor denomina memorias subterráneas. Esta memoria subterránea de las víctimas, lejos de toda búsqueda de olvido, mantiene y transmite sus recuerdos, por dolorosos que hayan sido, en el ámbito familiar, o en pequeñas redes afectivas contribuyendo a mantenerlos vivos durante años, como muestra de “resistencia”.

Pero no se trata de la única manera para mantener vivos los recuerdos. Otros individuos deciden silenciar su pasado mientras efectúan un trabajo de reconstrucción de sí, en constante compromiso entre lo que pueden confesarse a sí mismos y lo que puede relatar a otros.

Y ese es otro aspecto novedoso de los hallazgos de Pollak. Introduce dentro del abanico de circunstancias personales, las de aquellos individuos que atravesaron por situaciones que hoy denominaríamos, como mínimo, “confusas”. Por ejemplo, el silencio de judíos que colaboraron con los nazis en los campos para seguir con vida. O los que fueron encerrados en los campos por “motivos no políticos” como la homosexualidad. O el silencio de alsacianos que fueron forzosamente reclutados por los nazis. Pollak describe que la memoria, en estos casos, en clara interacción con procesos sociales de revisión histórica, atraviesa por distintas etapas. Desde una “memoria avergonzada” hasta aquellas circunstancias en que los individuos, a partir de un largo y profundo trabajo de reconstrucción de sí mismos, pueden afirmarse a partir de un sentimiento de lo absurdo. Este carácter de un discurso interior que busca justicia merece diferenciarse del discurso que meramente busca justificación pública, distinción que se hace evidente en los hechos. Mientras el primero procura una reparación sobre sí y otros, el segundo cierra toda posibilidad de justicia, bloqueando su acceso para otros, como única vía de obtener impunidad para sí.18

Los hechos de nuestra historia reciente demuestran que la gran mayoría de represores jamás se arrepienten de los delitos concretos que cometieron. Nos referimos a quienes insisten en justificar públicamente sus actos hasta el final, como ocurrió con los criminales nazis en los juicios de Nüremberg, y, de modo similar, con los responsables del Terrorismo de Estado en Argentina.

Usando las herramientas que proporciona la Historia Oral, Pollak descubre en sus entrevistas el valor que, de modo constante, los sobrevivientes les otorgaban a los puntos de referencia espaciales, (el recuerdo de su lugar de origen) mientras atravesaban experiencias terribles. Tales puntos de referencia también son mencionados por Halbwachs como aquellas referencias espaciales que estructuran la Memoria.19

En sus registros orales, Pollak descubre además el valor de puntos de referencia afectivos, como la clase de vínculos familiares o sociales que contaban las víctimas previamente a ser conducidas a los campos, y que al parecer constituían un factor diferencial en la recomposición de las identidades de quienes han logrado sobrevivir.20

En otros casos la experiencia traumática misma constituye un “punto de referencia” 21 un anclaje en la Memoria. Pollak comenta que todas las entrevistas encuentran un núcleo resistente, un hilo conductor, “constatado hasta en la entonación” de los audios grabados 22 mediante el cual cada individuo intenta cierta coherencia enlazando lógicamente los hechos, en el largo trabajo de reconstrucción de sí mismo y sus relaciones con los demás. El reconocimiento del valor de los Puntos de Referencia sociales, afectivos y espaciales tal como fueron estudiados por Pollak, resultan una pieza clave para la definición del mapa cognitivo grupal como aquellas referencias tanto espaciales como temporales, socialmente construidas, que permiten anticipar y decidir el tipo de acción cotidiana.23

Raymond Williams y la negociación institucional de conflictos no resueltos

Si “conocemos el papel que jugaron las manipulaciones masivas de la memoria en la aparición y mantenimiento de los regímenes totalitarios del siglo XX” como nos recuerda Joel Candau ¿Qué ocurre cuando “el pasado no pasa, y provoca heridas en la memoria, llagas cruentas más o menos dolorosas”? 24 ¿Puede un Estado democrático imponer por decreto el olvido de conflictos no negociados?

Quizás conceptos presentados por Raymond Williams tales como la descripción que ofrece de cultura emergente, así como la responsabilidad pública de propiciar un marco institucional posibiliten alguna respuesta en la resolución de conflictos sociales.

Para recordar cómo es analizada esta situación particular, que elimina la visión estática de la Cultura, el escritor Raymond Williams 25 describe en un texto ya clásico las complejidades de todo proceso cultural, que dista mucho de limitarse a causas-efectos lineales, y hacen necesario incorporar las complejas relaciones que existen entre los movimientos y las tendencias dentro del proceso cultural total.26

El análisis de la historia reciente, debería revelar aquellos elementos (significados y valores) que, habiendo sido formados efectivamente en el pasado, todavía se hallan en actividad dentro del proceso total, y cuál es el lugar de las instituciones en la incorporación o negación de estos elementos que no pueden ser expresados públicamente, y sin embargo siguen vivos y practicados de algún modo. 27

La particularidad de estas experiencias del pasado estriba en que, pese a no poder ser ni expresadas ni verificadas, sin embargo, se encuentran activas como elementos del presente. 28 La única salida que propone Williams a este atolladero, consiste en proporcionar un marco institucional para consiga incorporar la discusión, aceptar el problema y reinterpretar el conflicto, tendiente a su negociación 29

Esta negociación de “confusiones y conflictos” es lo que permite la emergencia de un elemento diferente: “Por emergencia quiero significar, en primer término, los nuevos significados y valores, nuevas prácticas, nuevas relaciones y tipos de relaciones que se crean continuamente.” 30

Estas palabras de Williams, escritas mucho antes que surgieran en la Argentina las críticas de las víctimas del Terrorismo de Estado al decreto menemista para “cubrir con el manto del olvido” los delitos cometidos, proporcionan con bastante claridad una respuesta sobre cuál es el proceder adecuado. “Decretar el Olvido” solo puede responder a los intereses de quienes, en pos de impunidad, pretendan que su propia responsabilidad personal en los delitos resulte efectivamente olvidada en un par de generaciones. En cambio, en lugar del olvido institucional de valores culturales que se mantienen reprimidos, se pudo observar que Williams en consonancia con Pollak, recomienda lo siguiente:

a) Preparar un marco institucional para que el conflicto en principio “sea reconocido”, algo bastante diferente a decretar oficialmente el olvido. La fuente de tal conflicto se encuentra enraizada en las experiencias que, proviniendo de un área fundamental del pasado, no pueden ser expresadas y son vividas o practicadas.

b) El marco institucional para el reconocimiento del conflicto implica tomar la iniciativa para incorporar lo silenciado mediante la reinterpretación o la inclusión con la clara pretensión de negociar 31 las confusiones y conflictos.

c) Una vez iniciado el proceso de negociación de los conflictos silenciados, se abre la oportunidad para la emergencia de nuevos significados y valores. Se trata de “un reconocimiento que resulta sumamente difícil describir desde la óptica teórica, aunque la evidencia práctica es abundante” 32

Portelli: incorporación de las transformaciones del tiempo en la historia

La reflexión sobre la necesidad de recuperar la subjetividad individual, para complementar el registro documental escrito, no puede dejar fuera del análisis los aportes realizados por el historiador Alessandro Portelli en su trabajo Lo que hace diferente a la historia oral,33 presentado por primera vez en 1979, y donde sostiene la especificidad de las fuentes orales como complemento válido de los documentos escritos:

Nuestro temor reverencial a la escritura ha distorsionado nuestra precepción del lenguaje y de la comunicación al punto que ya no entendemos la oralidad, ni la naturaleza de la escritura misma.34

Las fuentes orales y las escritas, lejos de ser mutuamente excluyentes, tienen funciones específicas que solo cada una puede cumplir, para lo cual requieren de instrumentos interpretativos diferentes y específicos.

Para empezar, Portelli insiste que las fuentes orales deben permanecer como fuentes orales. Si bien los investigadores reconocen el audio como un documento válido, y lo conservan cuidadosamente, casi siempre terminan trabajando con la transcripción escrita, que usualmente resulta la versión de referencia en la investigación. Portelli nos advierte que toda transcripción convierte de hecho un registro auditivo en visual, lo que inevitablemente implica cambios e interpretación. Para hacer legible la transcripción es necesario incluir signos de puntuación que casi siempre resultan un recurso más o menos arbitrario del transcriptor.35

La conservación y consulta directa del registro auditivo como fuente primaria, en lugar de su transcripción, se ha visto facilitada por los avances informáticos que permiten tanto su digitalización, como su archivo y difusión virtual mediante Internet. Esta posibilidad introduce y facilita su incorporación como referencia válida, e impulsa la emergencia de cambios metodológicos pertinentes.

Recordamos que Portelli expresó una fuerte crítica a la distorsión perceptiva del lenguaje, derivada del instante a partir del cual, la escritura secundaria impide entender la oralidad primaria.36 La resistencia académica a la validez del registro oral en los días de Portelli, se remonta a la incorporación de una grabadora como método para registrar fielmente entrevistas de campo de corte longitudinal. Entre los pioneros en el uso de grabadoras encontramos antropólogos como Oscar Lewis para realizar Los hijos de Sanchez.37 El uso de grabadoras en lugar de la clásica libreta de notas, introdujo una metodología que no resultaba del todo aceptado por los académicos, y generó agudas polémicas. Lewis era contemporáneo de otros antropólogos que estaban logrando resultados notables a partir de metodologías cualitativas, en pos de recuperar una antigua tradición del siglo XIX vinculada con el registro de las historias de vida (Life History) La antropología norteamericana conocía la técnica y la utilizaba, aunque no fuera el recurso de elección, ya que lo usual era centrar la etnografía en el análisis de las notas escritas obtenidas por el método de observación-participante.38

Los enfoques cualitativos venían tomando relevancia desde la década de los años veinte del siglo pasado de mano de proyectos desarrollados por la Escuela de Chicago, de donde se difundieron hacia otras disciplinas. Sin embargo, los años cuarenta, cincuenta, y hasta mediados de la década de los años sesenta, fueron difíciles para el desarrollo de enfoques basados en testimonios orales como recurso metodológico y los apoyos institucionales necesarios para llevarlos a cabo, decayeron notablemente. En ese tiempo solo resultaba prestigioso el estudio y la investigación mediante técnicas y herramientas cuantitativas, pese a lo cual, unos pocos antropólogos recurrieron a las historias de vida como complemento de sus investigaciones.39

Otros antropólogos también se abocaron en la búsqueda y desarrollo de métodos superadores de la escritura, en la difícil descripción de los procesos sociales. Uno de ellos fue el etnólogo francés Jean Rouch.

En el año 1945, Rouch perdió su trípode mientras navegaba sobre una precaria canoa que se balanceaba en los ríos de Nigeria. En ese momento, tuvo que decidir, entre seguir la convención académica que impedía a los antropólogos filmar sin trípode, o registrar sus observaciones locales con la pesada cámara al hombro. El protocolo indicaba claramente que la obtención de imágenes documentales objetivas y asépticas, dependía de cuán desapercibida resultase la cámara para registrar la vida cotidiana de un grupo dado. Una vez perdido el trípode en medio de la dificultosa expedición, y sin tiempo suficiente para volver a buscar otro, Rouch optó por seguir adelante sin trípode, y como él mismo cuenta, el momento cuando llegó a la aldea, y comenzó a filmar con la cámara al hombro, fue vivido como una revelación. En ese instante descubrió la relación entre la cámara y la realidad a filmar como algo que se genera, (en lugar de algo que se registra pasivamente), donde el manejo de la cámara al hombro provoca esa relación.40

Se propuso denominar Et-non fiction al uso personalizado de la cámara al hombro para generar las condiciones que permiten la emergencia de procesos de identidad y alteridad, donde tales procesos se encuentran mediados por el consenso de un relato improvisado, bajo la mirada de una cámara que nunca se oculta, en manos de un cineasta que infunde suficiente libertad como para que el grupo filmado “sea lo que quiera ser”.41

Mientras tanto, Lewis procuraba incorporar innovaciones técnicas de otro orden. Instalado en México desde 1943, logró incorporar varias innovaciones. Además del uso del grabador,42 introdujo el método de autobiografías múltiples43 para las entrevistas realizadas entre los años 1956 a 195944 en una familia seleccionada por muestra al azar.45 Si bien Los hijos de Sanchez fue publicado como una etnografía clásica, el método para obtener los datos estuvo fuera de serlo. Toda buena etnografía depende de un largo y para nada azaroso proceso de lectura y escritura a partir de los datos registrados en las notas de campo, así como de posteriores relecturas y reescrituras de cuyo ejercicio emerge la etnografía final. Sin embargo, podemos inferir que, en el caso del antropólogo Lewis, volver a escuchar los audios, le permitió percibir aquellos aspectos simplemente in- escribibles, que no obstante estaban en condiciones de ofrecer elementos suficientes para orientar cualquier entrevista futura.

Esto se debe a que, en la oralidad, intervienen toda una serie de rasgos propios que son portadores de significado y resultan simplemente imposibles de transcribir: la variedad del tono, el volumen y el ritmo del habla tienen un significado particular. Por ejemplo, las pausas irregulares acentúan el contenido emocional del entrevistado, cuya intensidad se percibe escuchando, nunca leyendo una transcripción.

Otro aspecto que hace a la historia oral diferente, remite al hecho que las entrevistas no solo nos dicen lo que hizo la gente, sino lo que deseaba hacer. Esta subjetividad debería ser tan importante para los historiadores como los hechos visibles y comprobables. Lo que la gente cree que pasó, también constituye un hecho histórico, tanto, como lo que realmente sucedió.

Así como la memoria nunca registra pasivamente los hechos que nos afectan, sino que involucra un proceso continuo de reconstrucción y reinterpretación de lo que nos pasa, 46 la importancia de la historia oral, estriba, no en su capacidad para fijar los hechos, sino para registrar los cambios que el tiempo mismo produce en la memoria de los individuos.

Tales cambios revelan el esfuerzo de algunos narradores para darle un sentido al pasado y una forma a sus vidas, en un registro que complementa los documentos escritos disponibles. El trabajo histórico que emplea fuentes orales es de carácter inconcluso por la naturaleza subjetiva de las fuentes, y todo trabajo histórico que excluya las fuentes orales (cuando están disponibles) es incompleto por definición.

Finalmente, hablar del Otro como sujeto no basta, mientras no nos veamos también a nosotros mismos como sujetos, inmersos con el otro en el devenir del tiempo.47

Transcripción de fuentes orales ¿con-textualizadas, o “situadas”?

El antropólogo Jack Goody,48 describe el modo como la escritura, en tanto técnica para preservar la palabra introdujo modificaciones de diferentes grados en la vida social. Convivió de modo complementario y sin interferir con la tradición oral durante muchos siglos, antes de adquirir hegemonía con la invención de la imprenta, la difusión de la alfabetización, la creciente producción de papel y el surgimiento del individualismo, la Globalización y, sobre todo, la Internet.49

Debido a este predominio de los textos escritos, es tiempo que la narración oral recupere la libertad de fluir y afirmarse en su propia especificidad. Por las razones citadas y una vez que se reconocen las dificultades de transcribir una narración oral sin modificar el sentido de la fuente original, se torna dudosa cualquier operación para con-textualizar la transcripción de un relato expresado oralmente. Se desprende entonces la necesidad de comenzar a discutir el carácter situado de cada transcripción, donde el término “situado”, de carácter teórico-metodológico, remite a los conceptos de la antropología postmoderna.50

Si bien conocemos y adherimos a muchas de las críticas de las que fue (y es) objeto la antropología postmoderna,51 me sumo a quienes también consideran que ello no tiene por qué opacar el hecho que ofreció elementos para revisar la experiencia etnográfica. Por ejemplo, antropólogos como George Marcus, proponen explorar la noción clásica de campo (lejano, y exótico) para introducir la noción asociada al dónde en un mundo móvil, cambiante y globalizado. Las enormes transformaciones en el modo de comunicarnos, obligan a reformular una herramienta metodológica especial y espacialmente construida para el análisis de sociedades a pequeña escala y circunscriptas a un territorio específico.52 En este sentido, la etnografía multilocal o multisituada, como “metodología emergente” en los dichos de Marcus, reconoce la “pluralidad de lugares” en los que se ve (o debería verse) involucrada la investigación social.53 El desafío de la mirada situada sobre las particularidades espaciales de un grupo dado, antes que relativizar las prácticas y sentidos de los sujetos en lo cotidiano, discute las implicancias epistemológicas, políticas y teóricas de una metodología adecuada para involucrar a más de un localidad, territorio o lugar desde los que llevar adelante el proceso de investigación.

La mirada situada extendida a la investigación histórica, y que quisiera subrayar aquí, fue de algún modo anticipada por Eric Wolf en su clásico trabajo de antropología histórica Europa y la gente sin historia (original en inglés de 1982), en el que quedaba planteado el problema epistemológico (y político) que, para dar cuenta de “lo real” había que poder evidenciar las conexiones, relaciones y vínculos situados en diferentes espacios y tiempos históricos.5454

Marcus reconoce que el método histórico tradicional es en buena medida multi-situado, rasgo que, a diferencia de lo que sucede en antropología, no resulta problemático, quizás debido a la “naturaleza fragmentaria y reconstructiva del método histórico, en el cual, es fundamental ordenar y probar la relación entre materiales dispersos”55

Incorporar al análisis histórico el carácter situado de cada transcripción de fuentes orales, lejos de relativizar su contenido, preserva la integridad y especificidad de las mismas al tiempo que reconoce el carácter subjetivo y parcial de cada transcripción. Define un concepto teórico-metodológico que reconoce la especificidad del registro oral difícilmente reducible al escrito, y las dificultades comentadas respecto de una transcripción que no puede menos que reconocerse parcial y elusiva en el pasaje de un registro hacia otro.

Conclusiones

Este recorrido, comenzó por reconocer a la oralidad como un sistema cognitivo diferenciado, con el fin de valorar sus particularidades como complemento de la Escritura. La historia oral ofrece la oportunidad de recuperar las voces silenciadas y atravesadas por graves conflictos sociales.

Las fuentes orales merecen preservarse como tales. Con este sentido, se propuso recuperar el valor de los registros auditivos como fuente en lugar de su transcripción, debido a su carácter de testimonios únicos, particulares y pasibles de la reinterpretación continua que corresponde a todo trabajo histórico. Reconocer el carácter de cada transcripción situada, introduce la subjetividad en los estantes objetivos de la Historia.

En la Argentina, durante los últimos años, hemos tenido oportunidad de observar, tanto propuestas que decretan olvido y el perdón respecto de delitos de lesa humanidad, como la puesta en práctica de distintos modos de inclusión y renegociación de los conflictos. Desde 1983, un formidable programa de gobierno impulsó la elaboración del marco institucional para la defensa de los Derechos Humanos, considerado referente a nivel internacional. Casi treinta y cinco años después, continúa ofreciendo los medios para incorporar la validez testimonial de quienes buscan justicia para sí y otros, y también poner en evidencia a quienes únicamente procuran justificación pública de los delitos cometidos, mientras obstruyen persistentemente cualquier resolución legal.

Más allá de la propuesta teórico-institucional, y en el largo y arduo trabajo de reconstrucción de cada víctima, los puntos de referencia afectivos y el reconocimiento válido de la subjetividad, han proporcionado un anclaje en la experiencia, por terrible que haya sido. La recuperación de voces individuales, encerradas, y cubiertas de polvo, grabadas en soportes vencidos por los avances tecnológicos, quizás permita descubrir lo inescribible de memorias subterráneas, forzadas a enterrarse en vida por autoritarismos de toda especie.

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[*]Vivina Perla Salvetti es Licenciada en Ciencias Antropológicas, con orientación socio-cultural, por la Facultad de Filosofía y Letras perteneciente a la Universidad de Buenos Aires.

[1] Se recomienda acceder al archivo audiovisual de Rodolfo Mederos en https://youtu.be/McA0XX1pGA4 (Ver “Otras Fuentes” en Bibliografía al final del artículo)

[2] Walter Ong. Oralidad y Escritura. Tecnologías de la palabra. México, FCE, 2006

[3] Ibid, p. 35

[4] Erik Havelock, La Musa aprende a escribir. Reflexiones sobre oralidad y escritura desde la antigüedad hasta el presente. Buenos Aires, Paidós, 1996

[5] Walter Ong Oralidad… p. 36

[6] Ibid, pp. 23, 24

[7] Actualmente en Europa avanzan las investigaciones en Arqueoacústica, especialidad arqueológica que aborda las relaciones entre posibles manifestaciones orales y la presencia de pinturas rupestres en cuevas coincidentes con puntos acústicos que amplifican notablemente el sonido producido. Abundar en la reconstrucción del mundo sonoro de los grupos paleolíticos, excede el propósito de estas líneas. Ver Vivina P. Salvetti, “El concepto de Arte en sociedades orales” publicado en 2017 y disponible en: https://www.academia.edu/34875505/El_concepto_de_Arte_en_sociedades_orales

[8] Bronislaw Malinowsky, Los Argonautas del Pacífico Occidental Buenos Aires, Ed. Planeta, 1973

[9] John Austin, Cómo hacer cosas con palabras, Buenos Aires, Paidós, 1971

[10] Walter Ong, Oralidad… pp. 35-97

[11] Sandra Sauro “La Génesis del término historia y su relación con tiempo y hechos. Tiempo, Naturaleza e Historia.” En: La Naturaleza del Tiempo, usos y representaciones del tiempo en la Historia. Capítulo 1. Levinas et al (comp.) Buenos Aires, Biblos, 2008. p.34

[12] Ibid, p.35

[13] Ibid, p. 35

14 El filósofo Jacques Derrida. en la pina 7 de su obra De la Gramatología, introduce el término logocentrismo, para describir al “etnocentrismo más original”, que desde hace veinte siglos viene literalmente desplazando todo lo referido al lenguaje natural bajo el nombre de escritura. El filósofo se sirve del concepto para discutir los procesos históricos conducentes a toda una “metafísica de la escritura”, como aquel proceso racional derivado del ejercicio de la lectura, que deviene en la fetichización del signo escrito y el subsiguiente desplazamiento del carácter subjetivo de toda voz humana. Desarrollar teóricamente estas afirmaciones, merece un examen más amplio de tales procesos socio-históricos, que nos apartaría del objeto de este breve trabajo, focalizado en las trascripciones de historia oral. (Jacques Derrida, De la Gramatología Buenos Aires, Ed. Siglo XXI, 1971)

15 Pierre Nora, Les Lieux de Mémoire 1: La République Paris, Gallimard,1984 pinas XVII-XLI

16 Joel Candau, Antropología de la Memoria. Buenos Aires, Nueva Visión, 2002

17 Michael Pollak Memoria, silencio, olvido. La producción social de identidades frente a situaciones límite La Plata, Ediciones Al Margen, 2006 pp. 3-15

18 Las declaraciones del genocida Rafael Videla admitiendo que “la figura del Desaparecido era cómoda para eludir explicaciones” (y por lo visto para seguir eludiéndolas hasta el final) es claro ejemplo de la búsqueda de impunidad que movilizó cada uno de sus actos de gobierno, así como de la ausencia, evidente al momento de la entrevista referida, de algún mínimo resquicio de reparación. Esta actitud, que busca justificación pública mientras obstruye todo camino de justicia y reparación, resulta una constante observable no solo en las declaraciones de Videla, sino en las que ofrecen el resto de los criminales genocidas responsables del Terrorismo de Estado entre 1976 y 1983, aún durante los juicios realizados en democracia.

19 Paul Ricoeur, La Memoria, la Historia, el Olvido. México, FCE., 2000 pina 157

20 Michael Pollak. Memoria, silencio… pp. 3-15

21 Se trata de una afirmación que recientemente ha recibido sustento experimental. El Dr. Jorge Medina, integrante del Instituto de Biología Celular y Neurociencias, y Profesor de Fisiología de la Facultad de Medicina en la UBA, afirma enfáticamente “Sin emoción, no hay memoria” atendiendo a procesos fisio- químicos cerebrales. Esto vuelve imprescindible procurar la incorporación de las emociones en los trabajos sobre la memoria (Rodolfo Zibell, “La Dopamina, clave en la duración de la Memoria”….)

22 Estos cambios en la entonación que resultan de muy difícil transcripción, son inescribibles.

23Vivina Perla Salvetti (2013) Abordaje sistémico sobre emergencia de la Memoria en contextos de inclusión cultural: cambios cognitivos observables en la localidad de Puelches (provincia de La Pampa). Tesis de Licenciatura. Versión revisada 2016 disponible en: http://repositorio.filo.uba.ar/handle/filodigital/2845

24 Joel Candau, Antropología … Pina 75

25 Raymond Williams, Marxismo y Literatura Barcelona, Ediciones Península, 1997

26 Ibid, p. 143

27 Esta conceptualización de cultura emergente, elaborada por Williams, presenta similitudes con el concepto de memorias subterráneas de Pollak, descripta previamente.

28 Ibid, pp. 144, 145

29 Ibid, pp. 141, 145

30 Ibid, pp. 145-147

31 Se insiste que tal negociación merece realizarse dentro del marco internacional que sostiene los Derechos reconocidos de las víctimas de lesa humanidad. Por lo tanto, no corresponde poner en la misma mesa de negociaciones y en el mismo plano de igualdad a víctimas y victimarios que no se arrepienten de los delitos cometidos, y se niegan a proporcionar los datos necesarios para superar el conflicto de fondo.

32 Ibid, pp. 143-147

33 Alessandro Portelli “Lo que hace diferente a la historia oral” en La historia oral, W. Moss, A. Portelli,

R. Fraser y otros. Introducción y selección de textos. Dora Schwartztein (comp.) Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1991.

34 Ibid, p. 37

35 Ibid, pp. 36 al 51

36 Ibid, p. 37

37 Oscar Lewis, Los hijos de Sanchez México, FCE, 1964

38 Jorge Aceves, “Oscar Lewis y su aporte al enfoque de las historias de vida”, Revista Alteridades, número 4 volumen 7 México, UAM, 1994

39 Ibid, pp. 25-28

40 Una vez que Rouch obtuvo suficiente experiencia en África con sus filmaciones cámara al hombro, regresó a París en 1960 y filmó “Crónica de un Verano”, realización que, según los críticos de la época, “desbarató los estándares de clasificación vigentes”, y resultó fundamental en el desarrollo del género denominado cinema verité. (Ampliar en Margarita Ledo Del Cine-Ojo al Dogma 95. Buenos Aires, Ed. Paidós. 2004 y Adolfo Colombres, Cine, antropología y colonialismo. Buenos Aires, Ediciones del Sol. 1985) En este escrito sobre la especificidad de las fuentes orales en la investigación histórica, parece prudente recordar que Rouch no era cineasta, sino un antropólogo empeñado en la búsqueda de algún método que consiga captar y registrar los elusivos procesos de generación de identidad y alteridad presentes en todo grupo humano. Inmerso en el contexto académico que discutía el soporte documental como acceso objetivo a la realidad, donde el carácter científico del registro de la cámara estaba sustentado por la competencia del profesional a cargo, Rouch tuvo dificultades para ofrecer un término teórico que describa adecuadamente su abordaje, problema que nos recuerda el abismo que se abre frecuentemente entre una praxis novedosa y su justificación teórica a posteriori. (El documental como “tratamiento creativo de la realidad” remite a la teoría de los mundos proyectados propuesta por el filósofo Nicolás Wolterstoff en “Worlds of Works of Art” Journal of Aesthetics and Art Criticism. 35/ 2 ,1976. Se han consultado, entre otros textos de teoría del cine documental, el de Bill Nichols La Representación de la Realidad. Barcelona, Ed Paidós, 1997 y el de Francois Niney, La prueba de lo real en la pantalla. México, Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, 2009)

41 Ampliar en “Jean Rouch: Et-non fiction sobre procesos emergentes de identidad y alteridad” disponible en: http://vivinasalvettihoy.blogspot.com.ar/2015/01/jean-rouchetnon-fiction-sobre-procesos.html

42 Oscar Lewis, Los hijos… p. 24

43 Ibid, p. 23

44 Ibid, p. 41

45 Ibid, p. 26, 35

46 Vivina P. Salvetti, Abordaje sistémico… pp.23-33

47 Alessandro Portelli “El tiempo de mi vida. Las funciones del tiempo en la historia oral” Publicado en

International Journal of Oral History, vol. 2, núm. 3, noviembre 1981, pp. 162-180.

48 Jack Goody acuñó el término Literacidad para describir las distintas relaciones que han mantenido los pueblos orales con los soportes escritos. Entre sus trabajos más conocidos, se encuentra el artículo que escribió con Ian Watt “The Consequences of Literacy” En Comparative Studies in Society and History. Vol. 5/3 Cambridge, Cambridge University Press (1963) y el libro La lógica de la escritura y la organización de la sociedad. Madrid, Editorial Alianza 1990.

49 Portelli, El Tiempo… p. 20

50 Gimena Perret “Territorialidad y práctica antropológica: Desafíos epistemológicos de una antropología multisituada/multilocal” En Revista Kula. Antropólogos del Atlántico Sur 2011 /4. Buenos Aires, FFyL, 2011 p. 57

51 James Clifford, Sobre la autoridad etnográfica. En: Carlos Reynoso (compilador): El surgimiento de la antropología posmoderna. Barcelona, Gedisa, 1998 pp. 141 a 170.

52 George Marcus “Etnografía en/del sistema mundo. El surgimiento de la etnografía multilocal”. Revista Alteridades, número 11 volumen 22. México, UAM, 2001 P. 111

53 Ibid, p.112

54 Erik Wolf, Europa y la gente sin historia. México, FCE, 1993

55 Perret, Territorialidad y… p. 59

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