Boletín geográfico. Año XLII. N°42 (2) - 2020, pp. 35 - 56

Departamento Geografía. Universidad Nacional

del Comahue. Neuquén

ISSN 0326-1735 ; e-ISSN 2313-903X http://revele.uncoma.edu.ar/htdoc/revele/index.php/geografia/index



ESTRATEGIAS TERRITORIALES EN LA NORPATAGONIA ANDINA EN UN CONTEXTO DE DESIGUALDADES


María Daniela Rodríguez 1

Melisa Merlos1,2


(Manuscrito recibido el 03 de julio de 2020, en versión final 04 de noviembre de 2020)



Para citar este documento

Rodríguez, M.& Merlos, M. (2020). Estrategias territoriales en la norpatagonia andina en un contexto de desigualdades. Boletín geográfico, 42 (2), 35-56



Resumen

La conformación del territorio de la Norpatagonia Andina históricamente conlleva conflictos de índole territorial. En la realidad socio-espacial contemporánea se han multiplicado las territorialidades que configuran estos territorios producto de los flujos, movilidades e intereses provocados por el turismo a diversas escalas. Se trata de territorialidades que entran en disputa por las diversas lógicas de apropiación territorial y desarrollo que expresan. Entendiendo esto, el artículo se propone indagar, a partir de dos experiencias comunitarias en la Norpatagonia Andina, las estrategias de resistencia y re-existencia que materializan grupos sociales en donde el territorio es el eje del conflicto y/o (re)apropiación. Se caracterizan, por un lado, las acciones de la Asamblea socio ambiental de San Martín de los Andes en la provincia de Neuquén, como protagonista de la resistencia frente al conflicto en el Cerro Chapelco. Por otro lado, el caso del barrio Villa Los Coihues de Bariloche, provincia de Río Negro, como forma de re-existencia frente a lógicas hegemónicas establecidas.

Si bien estas experiencias locales son diferentes desde su génesis, comparten formas de apropiación del territorio a partir de sus modos de concebirlo y habitarlo, que van desde reclamos colectivos hasta prácticas comunitarias que implican nuevos procesos de reterritorialización que desafían los poderes hegemónicos.

Palabras clave: Desigualdades socio-territoriales, Turismo, Extractivismo,

Estrategias territoriales, Norpatagonia Andina.



TERRITORIAL STRATEGIES IN THE ANDEAN NORPATAGONIA IN A CONTEXT OF INEQUALITIES


Abstract

The conformation of the territory of the Andean Norpatagonia historically involves conflicts of a territorial nature. In the contemporary socio-spatial reality, the territorialities that make up these territories have multiplied as a result of the flows, mobilities and interests caused by tourism at various scales. These are territorialities that come into dispute over the various logics of territorial appropriation and development that they express. Understanding this, the article sets out to investigate, from two community experiences in Andean norpatagonia, the strategies of resistance and re-existence that materialize social groups where the territory is the axis of conflict and / or (re) appropriation. On the one hand, the actions of the Socio-environmental Assembly of San Martín de los Andes in the province of Neuquen are characterized as the protagonist of the resistance against the conflict in Cerro Chapelco. On the other hand, the case of the Villa Los Coihues neighborhood of Bariloche, Rìo Negro province, as a form of re-existence against established hegemonic logics. Although these local experiences are different from their genesis, they share forms of appropriation of the territory based on their ways of conceiving and inhabiting it, ranging from collective claims to community practices that involve new processes of reterritorialization that challenge hegemonic powers.


Keywords: Socio-territorial inequalities, Tourism, Extractivism, Territorial

strategies, Andean Norpatagonia.



Introducción

En la Norpatagonia Andina se ubican numerosas localidades turísticas, entre las más emblemáticas se encuentran las ciudades de San Martín de los Andes, en la provincia de Neuquén y San Carlos de Bariloche, en la provincia de Río Negro.

En el área andina el desarrollo del turismo acontece desde hace varias décadas como su principal actividad económica, aunque con marcada estacionalidad. Políticas públicas y acciones de desarrollo provincial y nacional e inversión privada han generado infraestructura, equipamiento y planificación en estos centros turísticos, hoy consolidados.

Sin embargo, la actividad turística, que muchas veces suele asociarse en lo discursivo con una actividad económica y ambientalmente sustentable, ha servido a las élites políticas y sectores empresariales privados para justificar el desarrollo de proyectos inmobiliarios y la explotación desmedida de los recursos territoriales con los que esta región cuenta.

Harvey (2004) expone la necesidad del capital de crear nuevos espacios para su reproducción y acumulación, donde el espacio turístico y su uso del suelo proporciona la oportunidad de almacenar riquezas (por ejemplo, desde la renta de la tierra y el paisaje) y “confiere al posesionario del suelo un doble interés que radica en la decisión de su uso o como valor de cambio potencial.” (Escalera-Briceño, et al. 2018). En esta especulación, el valor del suelo turístico no es exclusivo donde se realiza la actividad, sino que también ocurre en los espacios de vida, los espacios cotidianos donde habitan los residentes locales, entrando así en permanentes conflictos y tensiones. De esta manera, el capital privado turístico e inmobiliario fue creando en muchas áreas de la Norpatagonia Andina sus propios espacios de producción y reproducción a través del despojo y el desplazamiento de comunidades para hacerse de recursos estratégicos.

Esta lógica turística propia del sistema capitalista bajo el actual modelo neoliberal se puede abordar desde la concepción de turismo extractivista a fin de comprender las problemáticas y conflictos que esta actividad genera no de manera aislada sino como resultado de un modelo de desarrollo determinado que provoca la especulación inmobiliaria, amplía su riqueza, se apropia de lo público, excluye a gran parte de la población, provoca daños ambientales y produce una degradación institucional y social.

Pero muchos sectores sociales y comunidades de estos centros no solo reaccionan frente al modelo extractivista propuesto, sino que proponen nuevas formas de habitar y construir sus propios proyectos territoriales.

De ello pretenden dar cuenta los casos de estudio aquí presentados: por un lado, las acciones de la Asamblea socio ambiental de San Martín de los Andes en la provincia de Neuquén, como protagonista de la resistencia frente al conflicto en el Cerro Chapelco; por otro lado, el caso del barrio Villa Los Coihues de Bariloche, provincia de Río Negro, como forma de re-existencia frente a lógicas hegemónicas establecidas.

En el artículo se expone cómo frente a la lógica extractivista aparecen lógicas comunitarias protagonizadas por diversos actores de las localidades que se expresan en estrategias de resistencia y re-existencia diversas, así como estas estrategias son parte de los procesos de desterritorialización y reterritorialización que pone en juego el propio sistema capitalista.

Los principales resultados dan cuenta de que, si bien son experiencias localizadas y diferentes desde su génesis, comparten formas de apropiación del territorio a partir de sus modos de concebirlo y habitarlo. Dichos modos se observan en sus prácticas colectivas, donde prima la inclusión, el debate y formas democráticas de toma de definiciones no centradas en la especulación. Las organizaciones comunitarias, las formas autónomas de gestión de asuntos públicos o las experiencias de autogestión productivas se alimentan de las trayectorias individuales y de las construcciones colectivas. La forma de territorializar de los grupos indagados desafía los poderes hegemónicos, influyendo en el territorio en el cual ejercen su poder a través de sus prácticas cotidianas, resistiendo el avance del modelo extractivista y proponiendo acciones y expresiones, en las cuales deja abierto el interrogante si puede reconocerse en término de Gudynas (2009) como alternativas al desarrollo.


Metodología

Este artículo es producto del trabajo que las autoras realizan en el marco de sus líneas de investigación, con un diseño exploratorio-explicativo cuyo enfoque metodológico cualitativo se asienta en la revisión de bibliografía, información secundaria suministrada por material periodístico en diarios de alcance local, regional y nacional y el análisis de entrevistas en profundidad realizadas a referentes clave protagonistas de las experiencias indagadas. Se realizaron dos entrevistas a referentes pertenecientes a la Asamblea Socio ambiental de la ciudad de San Martín de los Andes, profesionales vinculados a la temática ambiental y 20 entrevistas a organizaciones sociales e instituciones del barrio Villa Los Coihues.

Se seleccionan para su análisis las estrategias desplegadas en el barrio Villa Los Coihues, ubicado en San Carlos de Bariloche (Río Negro), y en la Asamblea socio ambiental de la ciudad de San Martín de los Andes (Neuquén).

En el primer caso se trabaja desde la resistencia de un grupo de vecinos y vecinas nucleados en la asamblea socio ambiental por el proyecto de loteo inmobiliario en el Cerro Chapelco e intento de modificación de la Ley provincial N°2780 de Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos (OTBN), ambos conflictos acontecido en el año 2017. Asimismo, se cuenta con la participación in situ en distintas instancias de este conflicto, tales como el Cabildo Abierto realizado en la ciudad de San Martín de los Andes, la presentación del amicus curiae en el Tribunal Superior de Justicia, la audiencia pública en la Legislatura de la Provincia de Neuquén en el cual participaron junto a la Asamblea, la comunidad mapuche Curruhuinca, el grupo Alerta Angostura, entre otros actores vinculados al tema.

En el segundo caso se parte de los resultados parciales de un proyecto de investigación-acción interuniversitario que generó espacios de encuentro, reflexión y aprendizaje colectivo dentro del barrio Villa Los Coihues, en donde si bien ya se observaban con anterioridad ciertas prácticas y acciones colectivas asociadas a lo que denominamos estrategias de re-existencia, el marco de dicho proyecto dio lugar a que el barrio se repiense como un “territorio con proyecto”. Para ello se trabajó con 20 organizaciones e instituciones barriales. La investigación que se viene desarrollando desde 2016 pone en evidencia que Villa Los Coihues, aún con su heterogeneidad interna, puede analizarse desde sus estrategias de reterritorialización como un microterritorio que desafía y entra en conflicto con el modelo turístico extractivista que propone la ciudad de San Carlos de Bariloche.


Aproximación a una contextualización de las desigualdades socio-territoriales en la norpatagonia andina


El capitalismo se expande con y a través del extractivismo, y comienza a gestarse desde este momento, como dice Machado Aráoz (2014) es la práctica económica-política y cultural que conecta Europa con América Latina. El proceso extractivista es producto de la racionalidad instrumental propia de la modernidad y no debe restringirse sólo a las últimas décadas neoliberales, ya que la naturaleza se ha convertido en un objeto de usufructo, en un instrumento o elemento clave para la construcción y satisfacción de determinadas necesidades de la sociedad. La naturaleza y el espacio son mercantilizados para ser incluidos en la ecuación instrumental. Es decir que la naturaleza como elemento del territorio también es concebida como un objeto a explotar. Se trata de un proceso de crecimiento y desarrollo basado en la desposesión y saqueo sostenido y continuo. Parafraseando a Lander (2003) desde un punto de vista filosófico esta modernidad fue un nuevo momento de la humanidad, un proyecto colosal que pone en marcha el primer sistema mundo capitalista occidental, pero también que parte la historia de la humanidad en pueblos modernos-civilizados y pueblos no modernos. La modernidad funcionó como una red centrífuga de Europa hacia el mundo. Las múltiples separaciones de occidente se refieren a varias rupturas, entre ellas la del sujeto con la naturaleza. El diálogo del hombre comienza a ser consigo mismo a través de la ciencia, y desde este momento, la naturaleza es vista como materia que puede ser transformada y reproducible.

Desde la década de 1970 el capitalismo periférico se considera escaso de flexibilidad tecnológica, geográfica y de mercados de trabajo, que condujo a una desregulación, en América Latina. Harvey (2004) expresa que la crisis del año 1975 implica una nueva etapa del capitalismo, que acrecienta la diferencia entre países pobres y ricos, y a la que denomina “acumulación por desposesión”. Esta etapa está vinculada fuertemente al territorio porque la acumulación del capital estructura el espacio geográfico, produciéndose transformaciones sociales en las poblaciones vinculadas a un modelo de explotación de recursos naturales y culturales. Estas se expresan con cambios y conflictos sociales, territoriales e interétnicos, que manifiestan tensiones entre clases y etnias. Se trata de procesos de dominación y resistencia donde disputas o reclamos se hacen visibles entre sectores que se encuentran en una situación desigual.

Actualmente, la imagen de territorios “vaciables” o “sacrificables” (Camardelli & Salazar, 2013) aparece o reaparece en las últimas décadas con nuevos rasgos, si se compara con la imagen de territorios “vacíos”, “desérticos”, de colonizaciones iniciales. Corresponde a territorios considerados de bajo valor social, donde en Argentina y en América Latina la población campesina e indígena ha quedado sistemáticamente desplazada. Podemos considerar como parte de dichos procesos lo que sucede con las campesinas recolectoras de coco babasú en el norte de Brasil (Moraes & Medeiros, 2012). Dichos estudios reflejan procesos que van unidos a la sustitución de actividades y al desplazamiento de pequeños productores en algunos casos o a la apropiación “selectiva” de la tierra en otros. En ambos casos está presente una dinámica de exclusión de la población que ahí habita.

Estudios socioantropológicos en América Latina han realizado aportes al estudio de las dinámicas territoriales de apropiación y dominación del territorio y las complejas vinculaciones entre el Estado, el capital y poblaciones campesinas e indígenas. Bendini, Properzi, Karlau,, Landriscini, & Ortega (2015) afirman que se reconocen experiencias donde la implementación de las políticas de desarrollo rural de la Patagonia norte, es decir su gestión, se comparte entre el Estado y comunidades mapuche y campesinas, lo que disciplina a la vez la participación en el desarrollo rural. La forma de expansión en áreas marginales tensiona la naturaleza de estos territorios, en tanto son comunitarios, con un avance de lógicas económicas a partir de empresas que se instalan en el territorio y/o violaciones a las normativas vigentes reguladas por el Estado.


El territorio como eje para abordar las estrategias territoriales en la región andina

El territorio es una categoría central de la geografía, sin embargo, su abordaje no siempre se enmarcó en las ciencias sociales. En un inicio, el territorio fue visto como soporte físico de las acciones humanas y tiempo después se lo concibe como construcción social. El pasaje de pensar la geografía y con ella el territorio, en el marco de las relaciones de poder comienza en la segunda mitad del siglo XX, momento en el que el concepto de territorio se reconceptualiza, en tanto es pensado al calor de diversos procesos históricos del devenir latinoamericano, donde el territorio emerge como una vivencia encarnada en luchas y defensa de proyectos endógenos y colectivos por lo que no puede analizarse por fuera de las relaciones de poder que lo conforman, construyen y modelan. Desde la corriente latinoamericana de geografía crítica, el territorio es una construcción de base social, una categoría viva y dinámica que conjuga la construcción social, las luchas de los pueblos y grupos sociales, los conflictos, disputas y resistencias, en el marco de una geopolítica que definió el orden mundial reforzando la dicotomía norte/sur y las disparidades que conlleva el sostenimiento de un sistema concebido desde y para occidente. (Gonzalez, Merlos & Contreras, 2019)

Desde este lugar, el territorio se constituye en una categoría explicativa trascendiendo lo contextual, que permite pensar e interpretar intervenciones, apropiaciones y conflictos que explicitan distintos modos de producción del territorio3.

Si partimos de que el territorio es una compleja producción espacial desde las diversas subjetividades hacia afuera (Deleuze y Guattarí, 1995) el mismo se caracterizará por la heterogeneidad, la multiplicidad y la yuxtaposición. Estas características se contraponen a la idea de territorio como escenario fijo y rígido, así como a que el mismo sólo puede producirse y reproducirse únicamente por quienes detentan el poder. Como dice Allemandi, et al., (2007) existen formas de producir el territorio por fuera de lo estatal como forma hegemónica. Las formas de habitar y producir el territorio son representadas por grupos sociales, que confrontan por sus esquemas de construcción del territorio. Para este enfoque se retoman autores de la geografía como Haesbeart (2004), Porto Gonçalvez (2009), Mançano Fernández (2005). Los autores mencionados manifiestan cómo el territorio está vinculado siempre con las relaciones de poder y con el control de procesos sociales mediante el control del espacio.

Mançano Fernández, desde un enfoque antropográfico del territorio, propone una mirada de totalidad donde el espacio produce relaciones sociales y las relaciones sociales producen espacio. Esta totalidad está atravesada por una multiescalaridad y una multidimensionalidad que en muchos “abordajes territoriales” no se tienen en cuenta, ya que predomina una acepción de territorio como unidad geográfica determinada, como un espacio de gobernancia que ignora las conflictividades de “los diferentes tipos de territorio contenidos en el territorio de un determinado proyecto de desarrollo territorial.” (Mançano Fernandez, 2009) Cuando estas dimensiones no se tienen en cuenta, el concepto de territorio pasa a ser instrumentalizado para atender determinados intereses.

Para comprender estos territorios multiescalares y multidimencionales nos valemos de los aportes de Rogelio Haesbaert (2004) para quien el territorio emerge como un continuum dentro del proceso incesante de territorialización /desterritorialización /reterritorialización, es decir, fuerzas y tensiones que están continuamente poniendo en desequilibrio el estado de la estructura, haciendo que la misma esté en permanente transformación. En este sentido, Haesbaert (2004) expresa al territorio como un concepto social total donde se pueden ver las visiones en pugna.

Dicho autor se vale del concepto de territorialidad como una variable para su análisis y que se define por los sujetos y actividades que inciden en el territorio y se manifiesta a partir de su apropiación y resignificación. En este sentido, la territorialidad, como la manifestación ineludible de la experiencia territorial, en la que se conjuga principalmente el deseo y el anhelo del territorio, es la fuerza instituyente de la lógica espacial, que concentra la tensión de ese proceso continuo de territorialización/desterritorialización/reterritorialización.

De esta manera, Hasbaert conecta con Mançano Fernández al comprender la concepción multiescalar del territorio, con estrategias de resistencia donde el poder es disputado, compartido,constituyente de las relaciones de poder asì como se manifiesta en las construcción de consenso. Aunque los focos de anàlisis entre los geògrafos mencionados puedan diferir los puntos en común acerca de un abordaje del territorio resultan contenedores para el estudio de la dinámica en norpatagonia.

Desde este enfoque se considera al territorio como una realidad en permanente movimiento de territorialización, donde se conjugan procesos de apropiación y dominio, de percepción y subjetivación, de subordinación y de resistencias activas que desarrollan los grupos sociales en un espacio determinado. Se concibe como una construcción espacial compleja, que se configura históricamente a partir de la interacción de procesos endógenos y exógenos, así como por el accionar diferencial de distintos sujetos sociales.

Pensar en las dinámicas de poder y conflictividad por la apropiación y uso del territorio relacionadas a un modelo extractivo-exportador, conlleva a considerar el concepto de “acumulación por desposesión” de David Harvey (1989). Estas formas de acumulación, como fase actual del capitalismo, no escapan a la actividad turística, la cual también profundiza dinámicas de exclusión en la norpatagonia conllevando conflictos territoriales. En tal sentido, Trpin y Rodríguez (2018) expresan que “la profundización del cercamiento de lo común, el avance sobre las diversidades productivas y la consolidación de la extracción de recursos naturales asentado sobre el control de la tierra y el territorio, también se han reflejado en la actividad turística” (2018:59). Por otro lado, Rodríguez y Di Nicolo (2019) sostienen que en los territorios de la Norpatagonia Andina se expresan una variedad de procesos que comienzan por el desplazamiento y desmovilización de población nativa de lugares estratégicos con potencial turísticos, maderero, ganadero, especulativo, residencial, continúan por inversiones extranjeras o de la mano de sectores de gran poder nacional y la generación de un aumento en las valoraciones del suelo.

De esta manera, “El significado de extraer no refiere sólo al proceso técnico de obtener un componente de un cuerpo mayor por algún medio, sino que remite también al proceso social de apropiación privada por parte de grandes corporaciones empresarias de bienes naturales que eran de propiedad común o privada, sea individual o pequeña, servían a la reproducción social de la vida local o constituían parte del hábitat territorial.” (Seoane, Taddei, & Algranati, 2013: 28).

En este contexto y ante la visión corporativa e institucional que ve al territorio como una “entidad inerte, medible, adjudicada en propiedad privada, transferida o intervenida” (Escobar, 2014: 90) surgen, como contracara, estrategias territoriales protagonizadas por población indígena, campesina y nuevos pobladores de áreas rururbanas. Algunas de ellas expresadas de manera comunitaria que resisten, re-existen (Porto Gonçalves, 2002) y condicionan los territorios actuales, donde este se define como proyecto de vida (Mançano Fernández, 2005)

De esta manera no sólo hay un poder centralizado en lo estatal y lo económico, sino también un poder difuso en la sociedad, desigual, pero presente en múltiples escalas. Y como afirma Haesbaert (2013) “el territorio transita, entonces, por varias escalas diferentes, de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba; por lo tanto, hay macro y microterritorios. Esto nos ofrece también la posibilidad de concebir la resistencia, no ya como el “otro” o lo opuesto del poder, sino como un constituyente de las relaciones de poder.” (p. 26). El poder de la clase hegemónica es un macroterritorio mientras que “el poder también se manifiesta como movimiento de resistencia que está involucrado en todo tipo de relación social, tendremos microterritorios y habrá muchas otras formas de reconstruir el poder y el territorio a partir de esta concepción” (p. 25).

Por otro lado, el concepto de re-existencia incorpora las formas en que se construye la vida, pero que no pierde de vista los contextos de conflicto en que se mueve. En esa re-existencia, además, aparece como punto de apoyo el conjunto de comportamientos territoriales necesarios para dar sentido (y sentimiento) al grupo: identidad territorial, materialidad y subjetividad de lo común y saberes situados. Así, estas estrategias territoriales también pueden pensarse como expresiones emancipadoras de alternativas al desarrollo (Gudynas, 2009).

Por ello, se busca dar cuenta de experiencias que, no sólo cuestionan el desarrollo hegemónico del turismo pensado como una herramienta de “progreso”, sino que además, piensan otros modelos de vida, basado en prácticas y valores propios, desde donde el territorio se reivindica como espacio que sustenta dicho proyecto de vida, como espacio de dignidad para las comunidades protagonistas frente al turismo extractivista.


Turismo y territorialización en un escenario desigual: estrategias territoriales de resistencia y re-existencia

El turismo no solo es una actividad económica que involucra diversos sectores, también es una práctica social y cultural, que atraviesa discursos políticos de diversa índole y se despliega a distintas escalas. Tanto como práctica social, así como sector de la producción económica (Hiernaux, 2002), el turismo implica una “funcionalización del territorio” (Sánchez, 1991) en el que se articulan transformaciones materiales y simbólicas, y en este sentido, son varias las transformaciones territoriales que produce, tanto a nivel nacional, regional y local.

En las últimas décadas, el turismo ha sido un motor de relevancia para las reestructuraciones del sistema capitalista mundial debido a su capacidad de movilizar recursos de diversos sectores económicos y contribuir a la lógica de acumulación de capital. Desde esta lógica, el turismo aparece como una “pantalla” de otro tipo de negocios relacionados a flujos de capitales internacionales interesados en el desarrollo inmobiliario (Otero & González, 2012) y se alza como una de las principales vías de acumulación, donde los intereses de las inversiones extranjeras, las elites locales y las inmobiliarias tienen más peso que la de las poblaciones locales induciendo procesos que exacerban las desigualdades socio-espaciales.

Allí, el turismo promueve la mercantilización de los espacios de vida diaria intensificando los conflictos territoriales por el control y uso de los bienes comunes, multiplicando los despojos al potenciar la implantación de enclaves, contribuyendo al proceso de des y re territorialización. El turismo funciona como un medio o herramienta para acompañar y/o proyectar territorializaciones del capital y de colectivos sociales en los cuales el territorio aparece en pugna. Como lo expresa Haesbaert, siempre la reterritorialización de un grupo implica la desterritorialización de otro. Dichos procesos tienen su impacto en la naturaleza, la cultura y las subjetividades

En este sentido se habla de turismo extractivista, donde la racionalidad instrumental propia de la modernidad pone el usufructo de la naturaleza y el espacio al servicio de la ganancia (Galafassi y Riffo, 2018) generando un importante deterioro socio-ambiental. Así se sacrifican grandes áreas poseedoras de importantes recursos naturales y culturales en pos del “desarrollo” (Svampa, 2014) en un contexto en el que se pretende captar rentas monopólicas de las cualidades excepcionales de casi cualquier manifestación cultural o natural posible.

Comprender estas formas de territorialización de la actividad turística permite captar sus modalidades de apropiación del territorio, tanto material y simbólica. “La noción de territorialidad se inscribe en una genealogía de conceptos referidos a las relaciones entre el poder y su dimensión espacial, y que han encontrado en el territorio su aporte teórico fundamental.” (Trivi, 2018). La actividad turística territorializa organizando y utilizando el espacio en su favor. El espacio se convierte en medio de producción y objeto de consumo donde la actividad interviene para asegurar que las diversas instancias de producción de valor permitan la reproducción del capital y la rentabilidad de las inversiones.

Esto conlleva múltiples consecuencias, así como conflictos territoriales, ya que como se expresa en el apartado anterior, si toda relación social ocurre en un territorio y se expresa como territorialidad, existen y se yuxtaponen múltiples territorialidades debido a que la actividad que cada actor puede ejercer sobre un territorio es diferente, generando desiguales formas y capacidades de producir y reproducir dicho territorio (Montañez & Delgado 1998)

En consecuencia, se puede hablar de una territorialidad turística producto del accionar de sus diferentes componentes y articulada a diferentes escalas que entra en disputa o cooperación con otras modalidades de apropiación del espacio. La complejidad del espacio turístico no sólo da cuenta que la actividad es desarrollada por los sectores poderosos dominantes, sino que también permite desarrollar experiencias, actividades y productos desde una lógica local, comunitaria, autogestiva que resiste frente a las formas de territorialización dominantes.

Es desde esta última lógica donde pueden pensarse las estrategias de resistencia y re-existencia, en la construcción de microterritorios que plantean otro tipo de relaciones sociales ya que es una característica del sujeto su afán de agenciarse a un territorio.

Dichas estrategias ya no deben leerse en el marco de movimientos sociales aislados, relacionados con la defensa de un recurso o derechos en particular (agua, tierra, vivienda, propiedad común, etc.) sino que estos movimientos se integraron y transformaron para contemplar al territorio y las diversidades involucradas en él. Esta defensa del territorio desde estrategias de resistencia y re-existencia activa conlleva a la apertura hacia otras formas de vida que implican alternativas al desarrollo (Escobar, 2017).

Las estrategias de resistencia y re-existencia frente al extractivismo se materializan en prácticas cotidianas que tienen un sentido ontológico propio y generan formas de territorialidad que se construyen a partir del habitar, del sentimiento de pertenencia, del arraigo. Porto Gonçalvez (2002) sostiene a las estrategias de re-existencias como las diversas dimensiones de la vida para existir, sostenerse, construir articulaciones con otros considerando los conflictos que subyacen en el contexto. La re-existencia contiene una dimensión temporal, en tanto grupos, colectivos, pueblos que históricamente han sido sometidos, o se han encontrado en una relación desigual, pero que se han visto fortalecidos y/o (re) construidos desde un sentido de identidad.

Este territorio no se ve tanto en términos de “propiedad” (aunque se reconoce la propiedad colectiva y los “comunes”), sino, de apropiación efectiva mediante prácticas culturales, agrícolas, ecológicas, económicas, rituales, etcétera (Escobar, 2014: 90).

Los discursos de estas territorialidades comparten la afirmación de que mediante sus estrategias de resistencia y re-existencia deben ir más allá de los límites institucionales por mundos y prácticas capaces de lograr transformaciones significativas. En este sentido, las comunidades están no solo resistiendo sino re-existiendo en tanto desarrollan:

Formas de re-elaborar la vida auto-conociéndose como sujetos de la historia interpelada en su horizonte de colonialidad como lado oscuro de la modernidad occidental y reafirmando lo propio sin que esto genere extrañeza, revalorando lo que nos pertenece desde una perspectiva crítica frente a todo aquello que ha propiciado la renuncia y el auto-desconocimiento (Albán, 2009, en Silva Ontiveros & Concheiro Bórquez, 2018: 25).

Como se expondrá en los siguientes casos de estudios, muchas agrupaciones sociales y comunidades crean y desarrollan estas estrategias territoriales para inventarse cotidianamente, para consolidar un proyecto común, con-sentido y, de esta manera, confrontar con la realidad establecida por el proyecto hegemónico dominante que ha inferiorizado, silenciado y deteriorado la vida en estos espacios.


La Asamblea Socio ambiental de San Martin de los Andes como protagonista de la resistencia frente al conflicto en el Cerro Chapelco

En el contexto de desigualdad socio territorial asentado sobre el avance y consolidación de la extracción de recursos naturales y control de la tierra, en los últimos años emerge un conflicto en la localidad de San Martín de los Andes. La antesala al conflicto data de décadas anteriores, en un contexto de consolidación de la provincialización del territorio neuquino. El sur de la provincia, donde se localiza este centro turístico, ha sido foco de políticas estatales de impulso a la actividad turística con inversiones en infraestructura y servicios, entre ellas la ampliación del aeropuerto Chapelco, lo que permitió aumentar el arribo de turistas. Con esta obra, se amplió la oferta de alojamiento y se completa la construcción de los medios de elevación y la provisión del equipamiento necesario para consolidar al Cerro en un centro de deportes invernales de trascendencia internacional. En el año 1973, el Estado concesionó el centro de esquí Chapelco a la empresa Sol Jet -propietaria de la línea aérea Austral- que promociona y posiciona a San Martín de los Andes como destino para un nuevo público, los esquiadores. En palabras de Impemba, et al. “los cimientos de un destino de élite habían sido iniciados” (2017:10). Desde esta época, el centro de esquí estuvo atado al negocio inmobiliario a través del loteo “Aldea del Sol”.

En el año 2017 parte de esta localidad se vio movilizada ante la denuncia de organizaciones sociales y ambientalistas de la transferencia de 140 hectáreas de bosque nativo (ubicadas en el origen de arroyos y ríos de la montaña formados a partir del deshielo en la temporada estival) que el Estado provincial realizó a la empresa Nieves de Chapelco, a $8000 (pesos argentinos) la hectárea, para la localización de un mega emprendimiento inmobiliario lindante a las pistas de esquí. Estas tierras están contiguas a las comunidades mapuche Vera y Curruhinca, las cuales reclaman desde hace décadas la posesión de los territorios de los cuales fueron despojados. La transferencia de tierra que intenta realizar el Estado avanza sobre la propiedad de estas comunidades mapuches, así como viola la Ley de Ordenamiento Territorial de Bosques Nativo N° 2780 (aprobada en el año 2011) y pone en riesgo la principal fuente de agua potable que abastece a la ciudad.

La movilización fue conducida y protagonizada por la Asamblea Socio-Ambiental (ASA), un espacio de conformación social heterogénea y policlasista, constituido con el motivo de reflexionar y accionar de manera conjunta sobre los avances de proyectos que se deciden tanto en la localidad como en áreas aledañas, a espaldas de la comunidad. Esta organización refleja un posicionamiento a favor del resguardo del territorio y el ambiente ante proyectos que avanzan sobre la tierra y los recursos naturales. En este sentido, desde hace varios años la ASA realiza actividades de concientización en la comunidad, así como acciones directas, legales y públicas. El hecho mencionado tuvo una importante repercusión mediática a nivel local, regional y nacional, en diarios4, programas de televisión y radios y se instaló como debate central en el centro turístico, en el concejo deliberante de la ciudad y hasta en los organismos públicos provinciales, lo que implicó un posicionamiento del Gobernador de la provincia de Neuquén Dr. Jorge Sapag durante el periodo 2007-2015.

Algunos interrogantes para analizar el conflicto y considerar la estrategia de resistencia de este colectivo requieren de pensar: ¿Frente a que resisten? Resisten a la venta de una parte de tierras del Chapelco que se sitúa en ambientes frágiles de montaña, donde el paisaje es el principal atractivo mercantilizado. Desde la consolidación de grandes emprendimientos de alojamientos turísticos, se concentra un bien natural y público como es el bosque de alta cuenca, para el uso exclusivo de familias y visitantes durante períodos acotados de tiempo. Se instala así una lógica depredatoria amparadas en un discurso de progreso y crecimiento turístico. En síntesis, la ASA resiste al negocio inmobiliario, al no cumplimiento de la Ley de Bosque Nativo, a la privatización del paisaje y finalmente a un turismo extractivista.

Asimismo, ante el interrogante ¿Cuáles son las estrategias de la comunidad para generar resistencia? Se destacan en este conflicto tres acciones de lucha como estrategias de resistencia protagonizadas por la ASA. Una acción de visibilización del conflicto y comunicacional, una acción judicial y una acción de interpelación y negociación con el Estado. En este orden se reconocen, por un lado la ASA denuncia públicamente el hecho y convoca a un Cabildo Abierto en la localidad5, que se llevó a cabo el 26 de agosto de este año en el CPEM 13. La intención fue exponer el conflicto, brindar información y debatir con la comunidad bajo el slogan “es por la vida, por nuestros bienes comunes, por el agua y por el Cerro Chapelco”. Esta actividad significó una instancia de visibilización colectiva, pero también una acción de lucha por tener voz en temas que hacen al desarrollo de la localidad. Referentes de la ASA expresan “tenemos información para compartir con nuestro vecinos y vecinas y queremos debatir y proyectar el futuro. Y porque el silencio y la falta de espacios institucionales previstos en la legislación vigente son la peor política pública”. Como síntesis de la asamblea, se buscó una apertura a la gestión del cerro desde un desarrollo inclusivo, participativo e intercultural.

Por otro lado, la acción judicial se basó en la elaboración de un “amicus curiae”6(amigos del tribunal) se trata de una herramienta de orden legal presentada al Tribunal superior de Justicia solicitando la nulidad del decreto habilita la venta de las 140 hectáreas, anexando más de 16.000 firmas en apoyo a la inconstitucionalidad del caso. La fundamentación se basó en tres aspectos: los malos manejos forestales en el cerro, la falta de información sobre el desarrollo inmobiliario proyectado y la vulneración de los ámbitos de participación ciudadana en la localidad.

En tercer lugar, se reconoce una interpelación al Estado fundada en la necesidad de espacios de consultas, debate y definición, que, si bien en la letra existan, como por ejemplo el Consejo Consultivo del Bosque Nativo, no se ejecutan en la práctica. Asimismo, la Carta Orgánica de la localidad menciona en su capítulo 3 “expresarse libremente, informarse y ser informados por las autoridades municipales de todos los actos de gobierno, peticionar ante las autoridades municipales y asociarse a organizaciones comunitarias y participar a través de ellas”, por tanto este espacio alude a uno de sus derechos como ciudadanos y constituye la Mesa Chapelco, un espacio de participación intersectorial e interinstitucional con el municipio en el cual se debatió el conflicto. Asimismo, en su interpelación al Estado, se suma la audiencia pública en el ámbito provincial, llevada a cabo el 27 de junio en la Legislatura ubicada en la ciudad de Neuquén capital. Según relató un legislador a un medio periodístico local “surge de la preocupación ante la renegociación de la concesión llevada a cabo por el gobierno provincial y aprobado mediante el Decreto 0505/10, que implica entre otras cosas, la venta de tierras, 140 hectáreas a precios irrisorios, de propiedad fiscal en el Cerro Chapelco a la actual concesionaria del centro de esquí, Nieves del Chapelco S.A. y por el constante avasallamiento de los derechos preexistentes del pueblo mapuche”. La misma fue convocada por el bloque Frente Neuquino (FN) y por el Frente de Izquierda y de los trabajadores (FIT) en conexión previa con la ASA. La misma consistió en la presentación de una acción de inconstitucionalidad del decreto 0505/10, así como la denuncia de no cumplimiento con el derecho de consulta previa a las comunidades Curruhuinca y Vera. Desde el oficialismo provincial aludieron que se trataba de una acción en el marco de las elecciones de término medio próximas en ese momento en la provincia. No obstante, la ASA manifestó que “hace tres años participamos en la Asamblea Socio Ambiental de San Martín de los Andes, venimos trabajando con la concesión, el bosque y la cuenca del cerro Chapelco desde hace más de 10 años y al margen de las agendas electorales”. Integrantes de la ASA viajaron a la capital neuquina para participar de la misma, y aunque esta fue abortada se realizó un acto público en el cual se desarrolló, de modo simbólico, la audiencia afuera de la Legislatura denunciando la situación, por parte de bloques opositores e integrantes de la ASA. Las tres acciones reflejan estrategias comunitarias para resistir la venta de tierras, y que a su vez se convierten en formas de territorializar su modo de concebir el desarrollo del territorio a partir de su lucha por la tierra. A su vez, la ASA se fortalece internamente entre los distintos grupos e individuos que la conforman: referentes técnicos de diversos organismos provinciales y nacionales especialistas en temáticas ambientales, comunidades mapuches, organizaciones no gubernamentales, concejales de la localidad, integrantes del Barrio Intercultural de San Martín de los Andes y la Red Jarilla e integrantes del Parque Nacional Lanín. Asimismo, este espacio genera lazos con instituciones que acompañan en pensar la problemática como docentes-investigadores de la Universidad Nacional del Comahue.

Esta experiencia no acontece aislada de otras tensiones y disputas que emergen en el territorio. Por ejemplo, en Villa La Angostura las empresas Cerro Bayo SA y EIDICO SA, que promocionan el megaproyecto urbanístico Cerro Bayo Real Estate, que abarca alrededor de 1100 ha de bosque andino patagónico y representa el 17% del ejido municipal. Este proyecto contiguo al centro de esquí del Cerro Bayo es un espejo al proyecto de barrio privado en el cerro Chapelco.

Sin dudas, este conflicto fue la punta del iceberg para reconocer valores y visiones que se afirman desde esas resistencias expresadas en un sector de la comunidad. Los referentes de la asamblea sostienen que existen diversas formas de entender al desarrollo que entran en tensión, “queremos que se genere trabajo, que haya menos pobreza y mayores oportunidades, pero no a cualquier costo”. Este caso abre el debate sobre qué desarrollo quiere la población de San Martín de los Andes y expone su posicionamiento que se puede asociar a una estrategia de re-existencia en tanto aparece como punto de apoyo el conjunto de comportamientos territoriales necesarios para dar sentido (y sentimiento) al grupo: identidad territorial, materialidad y subjetividad de lo común y saberes situados (Porto Gonçalvez, 2010). Se puede inferir que este grupo social construye una nueva forma de entender el desarrollo, y con ello el desarrollo del turismo, que pone en tela de juicio la reproducción del modelo extractivista y la explotación de los bienes comunes. Como señalan Impemba, et al, “la apropiación del cerro como recurso económico, favorece un posicionamiento además de monopólico, de una economía de enclave a modo de isla que provoca su aislamiento con toda una comunidad residente” (2017:11). Definitivamente, se trata de construir un modo de vida más habitable en el espacio urbano y rural. Finalmente, las intervenciones de la Asamblea Socio ambiental modificaron los márgenes de posibilidad de organización social y presión hacia el Estado. La combinación de actores y la organización de los mismos desde el espacio urbano, dio como resultado la construcción de un microterritorio de resistencia (Haesbeart, 2013).


El caso de Villa Los Coihues: el “Proyecto Coihuense” como forma de re-existencia frente a lógicas hegemónicas establecidas.

Villa Los Coihues, barrio ubicado a 13 kilómetros del centro de la ciudad de San Carlos de Bariloche a orillas del Lago Gutiérrez, representa un ejemplo de otra forma de habitar. Repasando su historia, luego de la conquista y creación de la Colonia Agrícola Nahuel Huapi (1902), el Valle alto del Gutiérrez (actual área de Villa Los Coihues) y el Cerro San Martín quedaron comprendidos en el lote pastoril 96, el cual fue asignado en 1907 al primer médico de Bariloche, el suizo José Vereertbrugghen. Su manejo del área se enrola en el sentido inicial dado a las tierras conquistadas: presencia geopolítica argentina y ampliación de la frontera agrícola. En paralelo, en otros sectores del mismo valle residían las familias originarias también dedicadas a la ganadería.

En 1934 con la creación del Parque Nacional Nahuel Huapi se produce una reorientación hacia la actividad turística. La impronta de las políticas de Parques Nacionales juega un fuerte papel en el territorio y va a significar la territorialización de un nuevo proyecto enfocado en la actividad turística a partir de la creación de villas inspiradas en destinos alpinos europeos. Este giro al turismo impactó en el valle del Gutiérrez, hasta entonces periférico donde la agricultura de los Vereertbrugghen cede lugar al manejo maderero para alimentar la calefacción del creciente poblado de Bariloche. Se instala en el inicio del arroyo Gutiérrez una compuerta y usina para el abastecimiento eléctrico local y se construye la Hostería Los Coihues, en la costa del lago, orientada al incipiente turismo. Se transforman y conviven así diversos usos del suelo.

En 1950 el lote pastoril 96 pasa a ser propiedad de Carlos Manuel Díaz, que en 1969 constituye Los Coihues Sociedad en Comandita con la intención de dar lugar al loteo actual. Este solo contaba con un servicio básico de distribución de agua, sostenido por la misma Sociedad y electricidad servida por la Cooperativa Eléctrica de Bariloche. Estas condiciones determinaron no sólo un lento ritmo de poblamiento, sino un perfil de habitante en sintonía con aquellas condiciones. A los pocos pobladores que habitaban el lugar hasta 1970 comenzaron a sumarse vecinos de la ciudad y migrantes de áreas cercanas por ser lotes accesibles, así como migrantes de grandes ciudades atraídos por las excepcionalidades medioambientales y la búsqueda de un estilo de vida tranquilo, seguro y en contacto con la naturaleza (Merlos, 2019).

Esta condición de distanciamiento del casco céntrico así como su proceso histórico de poblamiento le dan al barrio su condición periurbana y “de borde”, constituyéndose poco a poco con un fuerte sentido de pertenencia barrial que sus vecinos asocian a tres elementos comunes: la valoración de la naturaleza y la tierra; la opción por lo comunitario, lo cooperativo y lo solidario y la intención de buscar formas alternativas a las soluciones de sus problemas y necesidades respecto a las que ofrece el mercado. Estas características se observan en muchas de las iniciativas emprendedoras y de autogestión, así como en las formas en que la mayoría de sus habitantes piensan y proyectan el barrio. (Cesetti & Merlos, 2018)

De esta manera, Villa Los Coihues puede ser considerado como un microterritorio de resistencia a decir de Haesbaert (2013) ya que frente a un proceso de producción y reproducción de la ciudad turística a escala macroespacial, donde la forma de territorialización dominante es mediante el aumento de inversiones inmobiliarias privadas que contribuyen a la mercantilización y a una cada vez mayor fragmentación y segregación urbana, aparecen otras territorialidades a escala microespacial con valores en lo común y colectivo.

Estas estrategias de resistencia fueron creando una configuración espacial material donde los espacios son investidos afectivamente por los grupos involucrados que los crean y los usan, que denominan espacios de pertenencia. En Villa Los Coihues, estos espacios nacen desde la realización de construcciones edilicias comunitarias específicas como la Junta Vecinal, la Radio FM Los Coihues, el Jardín Maternal, la Biblioteca Popular, la colaboración en la ampliación de la escuela pública, el acondicionamiento de las paradas de colectivos, el puente peatonal, el acceso al barrio o la plaza comunitaria, entre otras. En estos espacios de encuentro y desde estas prácticas colaborativas se entraman y afirman los lazos sociales y convoca a los sujetos a continuar su participación, en este proceso continuo se crean lazos afectivos, se articulan fuerzas que operan dinámicamente y configuran valores plasmados en la tarea que el grupo realiza.

Estas formas de re-definir, re-significar y re-elaborar la vida conforma lo que damos en llamar estrategias de re-existencias que van más allá de luchas y movilizaciones determinadas que denuncian y exigen derechos sociales, culturales, políticos o ambientales, sino que ponen en juego cosmovisiones y prácticas para inventarse una forma de vida-otra. Más que denunciar, estas estrategias de re-existencia buscan legitimar formas de vida y modos de habitar.

De esta manera, en Villa Los Coihues podemos identificar estrategias de resistencia como las que se observan frente a la expansión del urbanismo neoliberal que hace años produce la ciudad de Bariloche, la cual orienta procesos de producción del hábitat desde una lógica privada y que ha llevado al barrio a permanecer en una “trinchera”, una isla que resiste frente a, por ejemplo, megaproyectos inmobiliarios como el que se pretende desarrollar en el Cerro San Martin frente a la cual la comunidad viene encabezando una lucha de hace años7.

Y también estrategias de re-existencia, ya que desde sus prácticas cotidianas proponen, a decir de Porto Gonçalves, una re-elaboración de sus formas de vida para existir, sostenerse y construir articulaciones con otros, con los desacuerdos y diferencias que ello conlleva, pero que desde dispositivos acordados democráticamente (como las tomas de decisiones en Asamblea) permiten una organización comunitaria hacia adentro. Las organizaciones comunitarias, las formas autónomas de gestión de asuntos públicos o las experiencias de autogestión productivas son ejemplos de esta re-construcción a escala barrial en pos de un “proyecto coihuense” compartido en su mayoría por quienes habitan el barrio.


Microterritorios de resistencia y de re-existencia a modo de reflexiones finales

Como expresa Svampa (2014), las problemáticas asociadas al avance extractivo en las regiones cordilleranas dejan al descubierto un avance sobre el bosque nativo con el desmonte para urbanizaciones y nuevos proyectos turísticos y residenciales. Los espacios de acumulación se activan y potencian en esta área por el accionar de la especulación inmobiliaria y la naturaleza de la renta del suelo.

Estas transformaciones territoriales en beneficio del capital a las que el turismo contribuye deben ser consideradas en clave extractivista a pesar de que dicha vinculación turismo - extractivismo han sido poco exploradas (Torres, Pastor, Grosso, & Scoones, 2018). Frente a esta lógica, las experiencias indagadas reflejan la construcción de otras territorialidades que surgen del propio proceso desterritorializador del turismo extractivista. En este punto es donde pueden pensarse las estrategias de resistencia y re-existencia y la construcción de microterritorios que plantean otras formas de vivir el territorio, así como de concebir el desarrollo.

Los lazos sociales que se tejen tanto en Villa Los Coihues como en la Asamblea Socio ambiental demuestran la defensa por el territorio desde un hábitat comunitario. Expresan en su cotidianeidad y reivindicación una convivencia con el entorno devenida de otra “forma de apropiación” del espacio. Las re-existencias colectivas y comunitarias fueron capaces de plantear desafíos a los gobiernos, de escala local y/o provincial, y resistir la implantación de proyectos turísticos de extracción masiva de bienes naturales, de acumulación de capital privado y del mal llamado “desarrollo” (Svampa, 2014).

El “proyecto coihuense” propone espacios de re-existencia altamente vivenciales y significativos para quienes los crean, lo transitan y lo sostienen; y es en estos espacios donde la identidad barrial se construye cotidianamente. Las organizaciones comunitarias, las formas autónomas de gestión de asuntos públicos o las experiencias de autogestión productivas se alimentan de las trayectorias individuales y de las construcciones colectivas. Su forma de territorializar desafía los poderes hegemónicos, influyendo en el territorio en el cual ejercen su poder a través de sus prácticas cotidianas configurando lo que Haesbaert (2013) denomina microterritorios de resistencia.

El turismo como una de las principales actividades de la Norpatagonia Andina conlleva formas de territorialización dominante que transforma y reorganiza los territorios. Una de estas transformaciones territoriales es la creación de espacios consumibles y de consumo con el fin de acoger la demanda de capital privado para su continua reproducción. Como se expuso anteriormente, se expresa una apropiación selectiva de la tierra, en la que se observa la idea de un territorio “vaciable”. El turismo extractivista ha contribuido al despojo tanto de grupos sociales excluidos como de otros usos del suelo, visibilizando su capacidad de des- re-territorialización mediante un proceso de destrucción/ producción donde la actividad conquista territorios, amplía su mercancía y promueven un consumo no local. Ante la lógica capitalista centrada en una apropiación selectiva de la tierra aparece la lógica territorial comunitaria que se expresa en estrategias de resistencia y re-existencia. Pero dichas estrategias aparecen porque también son parte de los procesos de desterritorialización, convirtiéndose en la consecuencia de un despojo, conflicto y/o tensión territorial; y de re territorialización, dado que crean y alimentan una nueva lógica. En este sentido, las tensiones y conflictos funcionan como motor y génesis de estas experiencias, en palabras de Suley Rolnyk (2019) el malestar que nos habita, su naturaleza micropolítica, permite poder imaginar estrategias colectivas de fuga para la generación de otros mundos.

Los territorios estudiados no están distantes de las relaciones de poder, dado que los mismos no son delineados estrictamente por actores hegemónicos, sino por otros actores que tienen en pugna a ese territorio. En palabras de Haesbaert “toda relación social implican siempre simultáneamente una destrucción y una reconstrucción territorial.” (Haesbaert, 2013:13), y tal cual expresan los casos, la pérdida de control territorial genera la apertura de lo nuevo. Las estrategias de resistencia y re-existencia también demuestran expresiones de poder, aún sin desconocer las desigualdades a las que se enfrentan, en las cuales están implicadas las prácticas espaciales y temporales cotidianas.

Dar cuenta de prácticas de resistencia y re existencia en las experiencias mencionadas, implica poner en tensión categorías como desarrollo, territorio, conservación. También, indagar experiencias en los espacios rurales y urbanos en los que el turismo adquiere centralidad vinculado al negocio inmobiliario, la conservación de la naturaleza y el acceso y uso de la tierra y las alternativas al modelo turístico dominante

Dado que dichas estrategias ya no deben leerse en el marco de movimientos sociales aislados, relacionados con la defensa de un recurso o derechos en particular, sino que estos movimientos se integraron a la conflictividad territorial. Y que transcurriendo un momento bisagra del mundo, a raíz de las consecuencias que traerá aparejado el COVID 19. Queda abierto el escenario si se trata de acciones focalizadas, sí pueden resultar ensayos de expresiones emancipatorias de transiciones a un post-desarrollo (Escobar, 2014) o colaborar a crear un matriz en ese sentido, ya que se puede inferir que representan prácticas que expresan otros modos de construir el territorio.

Finalmente, el contexto actual en la región andina interpela un abordaje de la multiplicidad de estrategias que despliegan grupos sociales al compás de un ascenso en las desigualdades sociales y económicas. El artículo abona a indagar en las estrategias de resistencia y re-existencia de los grupos sociales que atraviesan distintas situaciones de conflicto frente a la valorización inmobiliaria asociada al turismo en dos estudios de caso. En síntesis, se expresan diversas formas de resistencia y re-existencia que desarrollan poblaciones frente a transformaciones territoriales por expansión del capital orientado a actividades turísticas. Por último, el aporte aproxima a una pregunta de alcance más amplio ¿Cómo se construyen y sostienen las territorialidades, desde una lógica extractivista y desde una lógica comunitaria, en espacios donde se manifiesta el turismo, y cómo los sujetos se articulan en esa trama?


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1IPEHCS CONICET UNCO. Dirección: Buenos Aires 1400.Neuquén, Argentina. E-mail: dany_bolivar@hotmail.com

22E-mail: merlosmelisa@gmail.com


3 Extraído de la tesis “Territorio en disputa: turismo y forestación en las comunidades Mapuche Puel y Catalán en la Provincia de Neuquén”.

5 En este encuentro participaron más de 300 personas, y se expresaron los siguientes puntos reivindicatorios hacia el Estado expresan: 1) Puesta en marcha del Consejo Consultivo Local de Bosque Nativo, 2) Real y efectivo estudio socioambiental de base a nivel de toda la cuenca, 3) moratoria de todo proyecto de infraestructura en el Cerro Chapelco, 4) espacios interinstitucionales, intersectoriales e interculturales para reflexionar, y definir qué tipo de gestión del Cerro Chapelco quiere la comunidad de San Martín de los Andes.

6Consiste en presentaciones que pueden realizar terceros ajenos a una disputa judicial, con un justificado interés en la resolución final del mismo, a fin de expresar opiniones fundadas en la materia. Esta figura jurídica es un provechoso instrumento destinado a permitir la participación ciudadana en la administración de justicia y colaborar con el Tribunal en la resolución del proceso (extraído de material suministrado de la ASA).


7 El cerro San Martín separa Los Coihues de Villa Catedral y el megaproyecto inmobiliario prevé el emplazamiento de numerosos módulos de departamentos de hasta cinco pisos, algunos sobre la cumbre del cerro, con una superficie total construida de 580 mil metros cuadrados.

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