EL TURISMO RURAL EN LA PROVINCIA DE LA PAMPA

borrarBoletín geográfico. Año XLII. N°42(1) - 2020, pp. 59 -79

Departamento Geografía.Universidad Nacional

delComahue.Neuquén

ISSN 0326-1735 ; e-ISSN 2313-903X

http://revele.uncoma.edu.ar/htdoc/revele/index.php/geografia

 

 

 

REPERCUSIONES DEL TERRORISMO SOBRE LOS FLUJOS TURÍSTICOS EN LA REGIÓN MEDITERRÁNEA

Pedro Aroca-Sánchez [1]

Oliver Gutiérrez-Hernández [2]

 

(Manuscrito recibido el 04 de abril de 2020, en versión final 20 de junio de 2020)

 

 

Para citar este documento

Aroca-Sánchez, P. & Gutierrez-Hernandez., O. (2020). Repercusiones del terrorismo sobre los flujos turísticos en la región mediterránea. Boletín geográfico, 42(1), 59-79.

 

 

Resumen

 

El Mediterráneo es una de las regiones turísticas más importantes del mundo. En este trabajo, estudiamos la influencia de la actividad terrorista sobre los flujos de visitantes en la región Mediterránea. Para ello, analizamos conjuntamente la distribución geográfica y la evolución temporal de las llegadas y salidas de visitantes, así como distribución geográfica y la evolución temporal de la actividad terrorista en los países bañados por el Mar Mediterráneo durante el periodo 1997-2017. Los resultados muestran que la actividad terrorista influye sobre la redistribución de los flujos turísticos en el Mediterráneo. Concluimos que la seguridad se afianza como un factor esencial en la competitividad de los destinos turísticos.

 

                                        Palabras clave:  Globalización, Turismo seguro, Viajes.

 

IMPACTS OF TERRORISM ON THE TOURIST FLOWS IN THE MEDITERRANEAN REGION

Abstract

 

The Mediterranean region is one of the most important tourist regions in the world. In this paper, we studied the effect of the terrorist activity on the tourist flows in the Mediterranean region during the period 1997-2017. First, we analysed the geographical distribution and the temporal evolution of passenger arrivals and departures. Second, we analysed the geographical distribution and the temporal evolution of terrorist activity. Our results show that terrorist activity influences the redistribution of tourist flows in the Mediterranean region. We concluded that security is a key factor in the competitiveness of tourist destinations.

 

                            Keywords:   Globalization, Security tourism, Travels.

 

 

Introducción

 

La dimensión global del turismo.

La globalización podría definirse como un proceso de integración entre las personas, las empresas y los gobiernos de diferentes territorios impulsado por el comercio internacional y asistido por las tecnologías de la información y las comunicaciones (Iyall Smith, 2018). Se trata de un proceso económico, tecnológico, social y cultural a escala planetaria que consiste en la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo que unen sus mercados, sociedades y culturas, a través de una serie de transformaciones sociales, económicas y políticas que les dan un carácter global (Martin, Metzger & Pierre, 2006).

La globalización es la consecuencia de un proceso que se inicia varios siglos atrás. Tiene sus antecedentes en la mundialización (Liguori, 2015). Este término ―mundialización― se refiere al proceso histórico que permitió pasar de un mundo de sociedades particulares (siglo XV hasta mediados del XX), a otro caracterizado por una sociedad internacional, de dimensiones planetarias y creciente interdependencia (Ortiz, 2006). La mundialización devino del encuentro y confrontación entre regiones y sociedades desconocidas donde se toma consciencia de la realidad mundial, al tiempo que se produjeron revoluciones culturales, científicas y tecnológicas (Maciocco & Tagliagambe, 2009). En este sentido, la globalización no representaría una ruptura con la mundialización, sino que se ha considerado como una aceleración del curso de la historia de la mundialización, un curso propulsado por la revolución tecnológica, con un carácter multidimensional y casi totalmente ajeno a las fronteras nacionales (Sassen, 2003).

Actualmente, uno de los sectores más integrados por los efectos de la globalización es el turístico (Bianchi, 2006), como consecuencia de una creciente demanda de servicios de alojamiento alrededor del mundo, circunstancia que abre nuevas oportunidades de diversificación y expansión, permitiendo a las empresas turísticas acceder a nuevos mercados geográficos gracias a la existencia de menores costes de trasporte, barreras comerciales decrecientes y mayores facilidades de comunicación (Pedreño & Ramón, 2009).

El turismo es una categoría importante del comercio internacional de servicios y representa el 7% de las exportaciones mundiales de bienes y servicios, tras subir un punto porcentual desde el 6%, en 2015 (Organización Mundial del Turismo, 2017). Como categoría mundial de exportación, el turismo ocupa el tercer puesto, tan solo por detrás de productos químicos y de combustibles, y por delante de automoción y de alimentación (OMT, 2017). Durante las seis últimas décadas, el turismo ha experimentado una continua expansión y diversificación, creciendo con mayor rapidez que el comercio mundial y atribuyéndose más de 11% del PIB en la Unión Europea (Anastasiadou, 2009). A los destinos favoritos tradicionales de Europa y América del Norte se han ido sumando muchos más, como el sudeste asiático, el cual se encuentra actualmente en auge (Tantow, 2011).

 No cabe duda de que la expansión del turismo se ha producido en un contexto de globalización propulsado por una la mejora y popularización de los medios de transporte y la conectividad (Khanna, 2016), por la difusión del ocio entre las clases trabajadoras de distintas regiones del mundo, pero también por un incremento de los niveles de seguridad, en los destinos turísticos, y, consecuentemente, de los niveles de confianza entre operadores, viajeros y turistas (Liu & Pratt, 2017). Pero esta confianza puede quebrarse cuando se tornan inestables los niveles de seguridad en una región, y en especial, cuando irrumpe la actividad terrorista que ha demostrado un impacto sobre el turismo (Araña & León, 2008).   

 

Impactos del terrorismo en un mundo globalizado.

El terrorismo es una actividad que se inserta en una estrategia violenta que tiene como objetivo provocar reacciones públicas y políticas para desencadenar un cambio político, religioso o ideológico (Vertigans, 2015).

Se trata de un problema de escala global representado por una sucesión de actos violentos que, de modo indiscriminado, pretenden fomentar la confusión, el terror y alarma social (Sordo Estrella, 2016). El terrorismo internacional es, en primer lugar, el que se practica con la deliberada intención de afectar la estructura y distribución del poder en regiones enteras del planeta o, incluso, a escala misma de la sociedad mundial. En segundo lugar, aquel cuyos actores individuales y colectivos han extendido sus actividades por un significativo número de países o áreas geopolíticas, en consonancia con el alcance de sus propósitos declarados (Reinares, 2005).

El origen de la actividad terrorista puede estar relacionado con factores económicos, políticos e institucionales y demográficos (Krieger & Meierrieks, 2011). En cualquier caso, la violencia terrorista comunica un claro mensaje ideológico: sus fines van más allá de dañar los recursos materiales de un enemigo (Crenshaw, 1981). En realidad, las víctimas u objetos de ataques terroristas tienen poco valor intrínseco para el grupo terrorista, pero representan una audiencia humana mayor cuya reacción buscan los terroristas. Generalmente, hablamos del terrorismo en un contexto de resistencia violenta frente al Estado, pero también puede estar al servicio de los intereses de un Estado (Jackson, 2008).

Si nos enfocamos en el terrorismo dirigido contra los gobiernos para fines de cambio político, estamos considerando el uso premeditado o la amenaza de violencia simbólica de bajo nivel por parte de organizaciones conspirativas. Los principales objetivos de la persuasión son el enemigo y la población que los terroristas esperan representar o controlar. Quienes instigan o ejecutan el terrorismo pretenden así condicionar las actitudes y los comportamientos de gobernantes o gobernados (Reinares, 2005). El terrorismo continúa siendo una de las mayores preocupaciones en la sociedad actual y en todo el mundo (George, 2003). Los males causados por esta actividad tienen un efecto directo en la economía de nuestro planeta y en su bienestar social. Debido, entre otros factores, a fenómenos como la globalización, el miedo se asienta cada vez más en la sociedad, haciendo que ésta sea, por tanto, más vulnerable (Corrales, 2016).

El terrorismo por sí no suele ser un reflejo del descontento masivo o de las partes de la sociedad, más concretamente, representa la desafección de una minoría de la población, que actúa en nombre de una mayoría (Crenshaw, 1981). Este grupo suele utilizar el miedo como canal principal para propagar su inconformismo social y político (Altheide, 2006). Una de las principales pretensiones del terrorismo es producir un efecto sobre todas las esferas de la sociedad, principalmente inoculando terror (Sönmez, 1998). Funciona como una guerra psicológica, tanto racional ―por la probabilidad que se le asigna a la existencia del evento en concreto― como irracional ―al sobreestimar las posibilidades de llegar a ser víctima― que tiene por objetivo la extensión del miedo (Cohen, 2015a).

Otro de los efectos más comunes que produce el terrorismo es la creencia o imagen mental errónea que los ciudadanos se hacen sobre otras sociedades, particularmente de aquella de la que procede el terrorista, o aquellas con las que está relacionado, configurando creencias negativas y actitudes hostiles hacia terceras sociedades (Almeida García & Jiménez Serrano, 2018). Se forja, asimismo, un ciclo de autogeneración de desconfianza que contribuye a mantener inconscientes niveles de miedo no justificados (Cohen, 2015b). Los hechos que impactan a las colectividades son recordados y retroalimentados de manera colectiva, por lo que se produce una predisposición al rechazo de lo ajeno, que, además, viene amplificada por la actuación de la memoria colectiva (Pennebaker & Basanick, 1998). Así, cada vez son más frecuentes los casos de xenofobia y etnocentrismo, justificados por el daño propio, que unas sociedades manifiestan sobre otras (Awan, 2014).

Los medios de comunicación juegan un importante rol en la difusión de la actividad terrorista, en tanto que agentes que a su vez pueden intervenir sobre la opinión pública (Alexander & Finger, 1979; Weimann, 2008). Como apunta Cohen (2015), nos referimos a las diversas ideologías políticas que condicionan la forma en que esa nueva información es procesada y evaluada. Al respecto, es de interés observar el impacto que representaron los atentados del 11S en Estados Unidos y los atentados del 11M en Madrid, donde la sola gestión política fue elemento configurador esencial en la posterior opinión pública de ambos países (Waldmann, 2007). Los medios de comunicación suelen crear una exhaustiva cobertura del fenómeno terrorista, dotando de mayor importancia si cabe a los hechos e influyendo directamente sobre la opinión de los espectadores (Wilkinson, 1997).

Aparte de provocar un malestar social, el terrorismo afecta directamente a diversos sectores económicos del mundo (Abadie & Gardeazabal, 2008). A nivel global, se estima que el terrorismo ha tenido un impacto del 10 % sobre el PIB mundial, aunque puede ser una estimación conservadora, pues los efectos indirectos del terrorismo solo se calculan para los países que sufren mayores niveles de conflicto (Gago, 2018). De esta forma, entre los países más afectados nos encontramos los siguientes países: Irak, que es el país más castigado por el terrorismo económicamente, que acumula 3.356 atentados en el período 2004 -  2016, con unas pérdidas de un 24 % de su PIB;  seguido de Afganistán con un 13 % cuyos costes por fallecidos rondan los 2.500 millones de dólares; Siria, con una pérdida del 6 % de su PIB pasando del puesto número 121 en 2003 al 3 en 2017 gracias al auge del Estado Islámico; y, por último, Libia que al igual que Siria, el terrorismo posee un efecto en el 6 % de su PIB ocasionado principalmente por el suceso de la Primavera Árabe.

En lo que concierne al turismo, considerando los terribles efectos desencadenantes de la actividad terrorista, cabe mencionar que tanto el terrorismo como las amenazas a la seguridad de los estados, tienen impactos directos sobre la actividad turística (Liu & Pratt, 2017). Por lo general, los ataques causan un desconcierto en la sensación de seguridad de los turistas y un cambio en el perfil de la imagen de los destinos (Apostolopoulos, 2001). Además, está demostrado que mientras algunos destinos experimentan un fuerte impacto negativo en su imagen y atractivo, otros pueden aprovecharse y actualizarse para convertirse en un foco de atracción nuevo para los turistas como alternativa a los destinos afectados (Araña & León, 2008).

 

Aportaciones de la geografía del turismo al estudio de los flujos turísticos.

El interés de los geógrafos por los viajes viene de antiguo. El viaje como experiencia forma parte consustancial de la geografía moderna (Paneque & Ojeda-Rivera, 2013). De hecho, entre los antecedentes de esta temática de investigación, encontramos los trabajos de Johann Georg Kohl (Kohl, 1841), considerado uno de los precursores de la geografía del turismo, precisamente porque en sus investigaciones se preocupó por la fuerza transformadora que percibía en el desplazamiento de personas hacia distintos lugares; porque, en efecto, el turismo es un fenómeno geográfico, que involucra lugares, personas, actividades y movimientos que interrelacionan conjuntamente (McKercher & Lew, 2004). 

Todos estos componentes se materializan en el espacio geográfico, definido por Santos (2000) como el conjunto indisoluble, solidario y también contradictorio, de sistemas de objetos y sistemas de acciones no considerados aisladamente, sino como el contexto único en el que se realiza la historia. Así, la geografía del turismo, como parte de la geografía humana, estudia uno de estos subconjuntos, esto es, el formado por las actividades turísticas y sus múltiples vinculaciones con el territorio que se materializan en el espacio geográfico (Pinassi & Ercolani, 2014).

A diferencia de otros enfoques, la geografía del turismo consigue la integración de los múltiples elementos e interacciones que intervienen en el espacio geográfico a través de la comprensión y representación de las expresiones espaciales subyacentes (Vera, López Palomeque, Marchena & Antón, 1997). La dimensión espacial permite el abordaje de los patrones de distribución espacial de la oferta, los patrones de distribución espacial de la demanda y los movimientos y los flujos turísticos (Pearce, 1991).

La demanda turística es una de las cuestiones que tradicionalmente ha generado mayor interés dentro de los estudios del turismo, los cuales han analizado principalmente variables como: el perfil de los visitantes, el gasto turístico, las pernoctaciones, el consumo de servicios, las motivaciones, etc. (Callizo, 1991). Desde la geografía, el interés por la demanda turística se ha centrado especialmente en el estudio del número y el perfil de los turistas, los atractivos y servicios que demandan, la identificación de los flujos turísticos y sus impactos asociados.

Generalmente, se asocia la demanda turística al concepto de visitante. De acuerdo con la OMT, visitante es “aquella persona que viaja a un lugar distinto a su entorno habitual, por un período no superior a doce meses, y cuyo motivo principal de la visita no es el de ejercer una actividad que se remunere en el lugar visitado”. Se distingue entre visitantes nacionales, cuando viajan dentro de su propio país de residencia; e, internacionales, cuando viajan a un país distinto de aquel en el que tienen su residencia habitual. Estos a su vez, pueden clasificarse en turistas, cuando pernoctan como mínimo una noche en un alojamiento del lugar visitado; y, excursionistas, cuando no pernoctan. En este punto, los flujos turísticos vendrían definidos por los movimientos de turistas que se desplazan de unos lugares hacia otros en virtud de un sistema que enlaza regiones emisoras donde se genera la demanda turística y regiones receptoras donde se genera una oferta turística, esto es, la provisión directa a los visitantes de los bienes y servicios que constituyen el gasto turístico (Barrado & Calabuig, 2001).

En este esquema, no cabe duda de que el pilar básico son los turistas, que son definidos por la OMT como aquellos visitantes que se desplazan pernoctan una noche o más fuera de su lugar de residencia y constituyen motor de la demanda. Así, la elección de un destino turístico por parte de un visitante responde a un conjunto de necesidades, circunstancias, percepciones y motivaciones, aspectos entre los que opera la propia percepción del riesgo y la seguridad como factor esencial en la elección de destinos turísticos (George, 2003; Hasan, Ismail, & Islam, 2017; Joo, Cho, & Woosnam, 2019; Kim, Choi, & Leopkey, 2019).

Los flujos turísticos constituyen un fenómeno que manifiesta una estructura espaciotemporal muy característica (Williams & Zelinsky, 1970). Por un lado, la dimensión temporal encierra una de los vectores fundamentales que condicionan lo flujos turísticos, la estacionalidad, esto es, la relación de dependencia del turismo con respecto a una estación del año, circunstancia que produce una elasticidad en las relaciones que se establecen entre la oferta y la demanda, que se estira o contrae en el tiempo (Calabuig i Tomas & Ministral i Masgrau, 1994). Por otro lado, encontramos la dimensión espacial, que interrelaciona región emisora y región receptora, no como un simple marco de referencia, sino como un complejo entorno ambiental, territorial, demográfico, social, cultural, económico y geopolítico caracteriza por una extraordinaria sensibilidad ―propensión a los cambios en función de las circunstancias del entorno ― tanto en la demanda como en la oferta turística. Uno de los efectos que introduce una mayor distorsión en la actividad turística es la actividad terrorista (Almeida García & Jiménez Serrano, 2018).

 

Cada año, el Mediterráneo concentra el mayor número de turistas del mundo (Tugcu, 2014). Hacia él convergen una multitud de flujos emisores, especialmente europeos, pero también norteamericanos y, en menor medida, asiáticos. La distribución de este turismo en el Mediterráneo está profundamente desequilibrada, ya que la mayor parte de los turistas visitan la orilla norte, y en especial su parte occidental (España, Francia, Italia). Esto se explica por la cercanía inicial a los grandes flujos turísticos y por el gran desarrollo de la infraestructura de alojamiento y la creación de grandes empresas turísticas coordinadas con los tours operadores (Almeida García, 2008).

La cantidad de turistas que visitaron alguna zona del territorio mediterráneo en 2017 supera los 672 millones, con un 51,0 % de la cuota turística global, y con un 8,0 % de inflación respecto a 2016. El incremento en llegadas se vio acompañado de una subida en ingresos, que también crecieron un 8,0 %, más concretamente 519.000 millones de dólares en 2017, con un 39,0 % de la cuota global (OMT, 2018). Concluyendo, el Mediterráneo es la región turística más visitada del mundo y, por tanto, una de las regiones más integradas y vulnerables ante los riesgos e incertidumbres que plantea el mundo actual (Giddens, 1990).

El objetivo general de este trabajo es el estudio de los efectos de la actividad terrorista en los flujos turísticos del Mediterráneo. Para cumplir el objetivo general, adoptamos una aproximación basada en fuentes estadísticas e indicadores cuantitativos sobre flujos turísticos y actividad terrorista. De este modo, se presentan los siguientes objetivos específicos:

  1. Analizar la evolución de las estadísticas llegadas y salidas de visitantes en los principales países del Mediterráneo, bajo la siguiente hipótesis de investigación: las dinámicas se producen de acuerdo un contexto global matizado por la existencia de profundas diferencias regionales.   
  2. Analizar la evolución de actividad terrorista en los principales países del Mediterráneo, bajo la siguiente hipótesis de investigación: afecta especialmente a la fachada africana y asiática del Mediterráneo. 
  3. Relacionar el efecto de la actividad terrorista sobre las estadísticas relacionadas con los flujos turísticos, bajo la siguiente hipótesis de investigación: se produce una redistribución de los flujos turísticos en el interior de la región Mediterránea.

 

Metodología

 

Área de estudio.

En este trabajo, los países que integran la fachada marítima de la cuenca Mediterránea constituyen el área de estudio (Figura 1).

 

Figura 1. Los países de la Cuenca Mediterránea. Fuente: Elaboración propia. A partir de los datos de Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (2020).

 

En total, trabajamos con los datos de veintidos países repartidos en tres continentes, un espacio que suma una superficie de 8.378.060 km2 (sin considerar el Mar Mediterráneo) y una población total de 469.976.232 habitantes (Knoema, 2019). Estos países conforman, además, diversas regiones internas. El Arco Mediterráneo formado por los países de la fachada europea, desde Chipre y Grecia, pasando los países balcánicos, Italia, Francia y España. Hacia el sur, en el continente africano, encontramos dos grandes regiones: El Magreb, integrado por Marruecos, Argelia y Túnez; y, el Máshreq, formado por Libia y Egipto. Finalmente, en el continente asiático, diferenciamos claramente los países de Oriente Próximo y, Turquía, que podría considerarse una gran región en sí misma, un país situado entre dos continentes, testigo de numerosos avatares geográficos, históricos y culturales.

 

Fuentes de información y análisis de datos.

En este trabajo, los datos sobre flujos turísticos proceden de la Organización Mundial de Turismo (OMT) y para su extracción también empleamos el servidor de Knoema, una aplicación que funciona como una fuente integral de datos globales que incluye más de 2.800 millones de series de tiempo publicadas por más de 1.200 fuentes.

Por medio del software Microsoft Excel 2019, procesamos en hojas de cálculo datos sobre llegadas y salidas de viajeros, así como otras estadísticas auxiliares para contrastar la existencia de posibles incongruencias. Así, trabajamos con una serie temporal con frecuencia anual y un periodo interanual que comprende desde el año 1997 hasta el año 2017, de acuerdo con la máxima disponibilidad de datos posibles en las fuentes consultadas y para todos los países incluidos en el área de estudio.

En el caso de los datos relacionados con la actividad terrorista, trabajamos con la base de datos más completa de las existentes, se trata de la Global Terrorism Database (GTD) que desarrolla la Universidad de Maryland. Se trata de una base de datos de código abierto que incluye información sobre eventos terroristas en todo el mundo desde 1970 hasta 2017. A diferencia de muchas otras bases de datos de eventos, el GTD incluye datos sistemáticos sobre incidentes de terrorismo tanto nacionales como transnacionales e internacionales que se han producido durante este período y que ahora incluye más de 180.000 casos. Para cada incidente de GTD, hay información disponible sobre la fecha y la ubicación del incidente, las armas utilizadas y la naturaleza del objetivo, el número de víctimas y, cuando sea identificable, el grupo o individuo responsable. La información estadística contenida en la Base de datos mundial sobre terrorismo se basa en informes de una variedad de fuentes de medios abiertos. De acuerdo con los administradores de esta base de datos, la información no se agrega al GTD a menos que y hasta que los gestores de la GTD hayan determinado que las fuentes son creíbles. Por todo ello, consideramos esta como una fuente de información contrastada.

El conjunto de datos estadísticos fue integrado en distintas hojas de cálculo interrelacionadas con tablas dinámicas a través del software Microsoft Excel 2019 considerando la misma serie temporal 1997-2017. Con este software editamos, procesamos y creamos los gráficos para representar los datos analizados. Conjuntamente, empleamos el software QGIS Desktop versión 3.6 (Noosa) para representar parte de la información georreferenciada en forma de mapas.

 

 

Resultados y discusión

 

Distribución y evolución de los flujos turísticos.

La distribución de las llegadas de visitantes durante las últimas dos décadas mostró un reparto muy desigual, como se muestra en el promedio anual de las llegadas (Figura 2).

 

Figura 2. Distribución del promedio anual de llegadas de visitantes por país entre 1997 y 2017. Fuente: Elaboración propia. A partir de los datos de la Organización Mundial de Turismo (OMT).

 

Más allá de los promedios, la evolución de las llegadas de visitantes en los países bañados por el mar Mediterráneo, también evidenció diferentes dinámicas y tendencias (Figura 3). Así, el 79,9 % de las llegadas a países del Mediterráneo se produjeron en el continente europeo, principalmente Francia, España e Italia; en los países asiáticos la cifra rondó el 11,4 %, países entre los cuales destacó Turquía; y, por su parte, en el continente africano apenas alcanzaron el 8,6 % de las llegadas, concentradas en su mayor parte entre Egipto y Marruecos.

A nivel general, encontramos una tendencia lineal ascendente, mucho más profunda en el tiempo y acentuada en la pendiente en los países europeos, donde apenas encontramos un breve periodo de decrecimiento que se corresponde con los efectos de la Gran Recesión, que fueron mucho más pronunciados en países como España. Por el contrario, este periodo de recesión tuvo su reverso en la evolución de las llegadas en los países africanos y asiáticos de la cuenca mediterránea, en los que durante el mismo periodo encontramos una evolución positiva. Sin embargo, en los últimos años, descubrimos la existencia de profundas depresiones en los años 2011, 2012 y 2016.

Por su parte, en el mismo periodo 1997-2017, la distribución de las salidas de visitantes durante las últimas dos décadas también evidenció un reparto desigual (Figura 4), representando casi los mismos patrones de distribución.

 

 

 

Figura 3. Evolución de las llegadas de visitantes por regiones (Europa mediterránea línea verde, Asia Mediterránea línea amarilla, África mediterránea línea naranja). En el recuadro superior se presenta detalle de las llegadas de Asia y África Mediterráneas. Elaboración propia a partir de los datos de la Organización Mundial de Turismo (OMT).

 

La mayor parte de las salidas se produjeron en países europeos, en torno a un 74,8 % y, en este capítulo, encabezadas por Italia y Francia. Turquía encabezó nuevamente las salidas entre los países asiáticos bañados por el Mediterráneo, países que en conjunto computaron el 14,9 % de las salidas en el área de estudio. Finalmente, en los países africanos de la cuenca mediterránea se produjeron el 10,2 % de las salidas de viajeros, destacando entre todos ellos el caso de Egipto.

Figura 4. Distribución del promedio anual de las salidas de visitantes entre 1997 y 2017. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la Organización Mundial de Turismo (OMT).

 

Con respecto a la evolución de las salidas de visitantes en los países del Mediterráneo, también se evidenciaron diferentes dinámicas y tendencias (Figura 5). En los países europeos, las llegadas siempre experimentaron un crecimiento, excepto en el periodo de recesión económica, con una caída más pronunciada que en el caso de las llegadas. Por el contrario, y considerados conjuntamente, no podríamos hablar de crecimiento en los países asiáticos y africanos de la cuenca mediterránea. En los países asiáticos del Mediterráneo, encontramos un periodo sostenido de crecimiento que, con pequeñas depresiones previas, se interrumpe bruscamente en 2010, y le sucede un nuevo periodo de crecimiento. Sin embargo, hemos de interpretar este crecimiento por la creciente importancia del aeropuerto de Estambul, que aglutina la mayor parte de las salidas de la región. Por su parte, en los países norteafricanos encontramos un estancamiento general de las salidas, en buena medida causado por dos bruscas depresiones localizadas en los años 2006 y 2014.   

 

 

Impacto de los ataques terroristas en los flujos turísticos.

De acuerdo con los datos recabados en la Global Terrorism Database (GTD), durante las últimas dos décadas se produjeron un total de 12.063 ataques terroristas en los países de la cuenca mediterránea (Figura 6). El 46,2 % de los atentados se produjeron en los países africanos, el 38,5 % en países asiáticos y el 15,2 % en los países europeos de la fachada mediterránea. Los ataques terroristas cuantificados sólo incluyen atentados consumados de los siguientes tipos: asesinatos, ataques suicidas, asaltos armados y secuestros.

 

Figura 5. Evolución de las salidas de viajeros por regiones. (Europa mediterránea línea verde, Asia Mediterránea línea amarilla, África mediterránea línea naranja).  Elaboración propia a partir de los datos de la Organización Mundial de Turismo (OMT).

 

Cuando se desglosa la tipología de los atentados y se especifica alguno de los tipos que generan una especial alarma e inquietud en la población, caso de los ataques suicidas (Figura 7), los atentados se concentran casi en su totalidad en los países asiáticos y africanos de la cuenca mediterránea. La distribución espacial del fenómeno parece tener un efecto directo sobre la distribución de los flujos turísticos, en tanto que los países donde más atentados terroristas se producen son aquellos en los que se están produciendo tanto un estancamiento como un decremento de los flujos turísticos canalizados por las llegadas y salidas de viajeros.

Figura 6. Distribución del total de atentados terroristas entre 1997 y 2917. A partir de los datos de la Global Terrorism Database (GTD).

 

Figura 7. Número de atentados (ataques suicidas) por país. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la Global Terrorism Database (GTD).

En la segunda década del siglo XXI, se produce un brusco repunte de los ataques terroristas en los países de asiáticos de la cuenca mediterránea, así como en los países norteafricanos, no así en los países europeos (Figura 8). Este incremento coincide aproximadamente con la denominada Primavera Árabe (Bayat, 2013), aunque en los países asiáticos se adelanta un año (2010) se extiende hasta dos años más (2016), en relación con la inestabilización de Próximo Oriente que conduce a la Guerra de Siria (Prado Pérez, 2015). En general, observamos que el aumento de los ataques terroristas se relaciona inversamente con un descenso de los flujos turísticos en las regiones más afectadas por el terrorismo, al tiempo que se produce un aumento de los flujos turísticos hacia los países europeos de la cuenca mediterránea, que son los menos afectados por la actividad terrorista. Este repunte de los ataques terroristas remite 2015-2016 y se relaciona con una recuperación de la llegada de visitantes.

 

 

Figura 8. Evolución temporal del número de ataques terroristas (1997-2017). (Europa mediterránea línea verde, Asia Mediterránea línea amarilla, África mediterránea línea naranja). Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la Global Terrorism Database (GTD).

 

Para ilustrar distintos grados de los efectos del terrorismo sobre los flujos turísticos contrastamos dos casos, Egipto y Turquía, países donde en los últimos años se ha producido un claro repunte de los ataques terroristas (Figura 9). Egipto es un país donde las llegadas de visitantes tienen una clara relación con el número de turistas. El impacto de los ataques terroristas se viene produciendo desde el año 2010 con un manifiesto repunte en el año 2015. Este impacto también se produjo en Turquía, aunque en mucha menor medida, pues su efecto quedó amortiguado por el rol que desempeña el aeropuerto de Estambul a la hora de movilizar viajeros en uno de los principales hubs del mundo. 

 

Figura 9. Número de atentados terroristas y llegada de visitantes desde Egipto (izquierda) y Turquía (derecha) entre 1997 y 2017. Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Organización Mundial de Turismo (OMT) y Global Terrorism Database (GTD). 

 

La actividad terrorista ha provocado efectos directos e indirectos en la actividad turística de los países mediterráneos (Liu & Pratt, 2017). De acuerdo con Silva Sánchez (2017), uno de los países cuyo sector turístico ha sido más perjudicado por el terrorismo es Turquía, donde en 2016 los ingresos provenientes del turismo descendieron un 22,0 %. El norte de África ha sufrido un descenso del 16,0 %, especialmente en países como Túnez y Egipto, debido a los atentados de 2015, motivo por el que muchos operadores de viajes han dejado de ofrecerlo como destino. Mucho más grave es el caso de Egipto que desde los ataques de 1997 en Luxor el terrorismo se ha vuelto una lacra habiendo supuesto una de las industrias más importantes del país, con un 12.0 % del PIB. Por su parte, en Europa, el terrorismo ha dejado sentir su efecto en el sector turístico, principalmente por los atentados sufridos en París y en Niza, donde los ingresos por turismo han descendido casi un 8,0 % (Silva Sánchez, 2017).

Por último, de acuerdo con los datos analizados en este trabajo, entre los años 2015 y 2016, la actividad terrorista provocó un descenso de las llegadas de visitantes de un -42,5 % en Egipto y de un -23,5 en Turquía. Por el contrario, en el mismo periodo encontramos un incremento de un +19,9 % en Chipre, un +14,7 % en Bosnia-Herzegovina, un +12,1 % en Eslovenia y un +10,5 % en España, resultados similares a los encontrados en por Almeida García y Jiménez Serrano (2018).

 

Conclusiones

 

En el presente trabajo hemos realizado un estudio de los flujos turísticos y la actividad terrorista en los países de la cuenca mediterránea con el fin de analizar los efectos del terrorismo en la distribución y evolución de los flujos turísticos. A través de una aproximación eminentemente estadística, podemos emitir las siguientes conclusiones:

  • En primer lugar, estudiamos la distribución y evolución de las estadísticas sobre llegadas y salidas de viajeros en los países del Mediterráneo, y encontramos una tendencia de crecimiento global, junto con un reparto desigual de los flujos turísticos a nivel regional, con dinámicas y tendencias que difieren: en los países europeos el crecimiento se ha acentuado en los últimos años, frente a los países asiáticos y mediterráneos, donde se ha producido incluso un decrecimiento con profundas depresiones interanuales.    
  • En segundo lugar, analizamos la distribución y evolución de la actividad terrorista en los principales países del Mediterráneo, y demostramos la existencia de una fuerte concentración de la actividad terrorista en los países norteafricanos y de Oriente Próximo, con un remarcable repunte de la actividad terrorista en los últimos años del siglo XXI.
  • En tercer lugar, estudiamos los posibles vínculos entre las distribución y evolución de la actividad terrorista y los flujos turísticos en los países mediterráneos, y encontramos un efecto inhibidor de la actividad terrorista sobre los flujos turísticos en aquellos países donde tiene una mayor incidencia el terrorismo, un efecto de especial magnitud en los países con un fuerte peso del sector turístico, caso de Egipto y Turquía; y, por el contrario, encontramos un repunte de los flujos turísticos en los países mediterráneos del continente europeo. 

 

Concluimos que la actividad terrorista influye sobre la distribución de los flujos turísticos que, en los países mediterráneos, implica, además, una redistribución de los mismos, generalmente desde países más afectados por el terrorismo hacia países menos afectados por este; una redistribución en la que han ganado viajeros los países europeos, pero también algunos países vecinos o próximos a contextos regionales caracterizados por una mayor inseguridad. Futuros trabajos deberían considerar la redistribución de flujos turísticos como consecuencia de la actividad terrorista en un contexto global, más allá de los límites de las regiones turísticas, así como profundizar directamente en el estudio en la toma de decisiones de los turistas a través de encuestas y sondeos de opinión. Se afianza pues la seguridad como factor esencial en competitividad de los destinos turísticos.   

 

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[1] Facultad de Turismo. Universidad de Málaga. Campus de Teatinos s/n. E-mail: pedroaroca10@hotmail.com

[2] Departamento de Geografía. Universidad de Málaga. Campus de Teatinos s/n. Autor para correspondencia E-mail: olivergh@uma.es.

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