Páginas de Filosofía, Año XX, Nº 23 (enero-diciembre 2019), 83-91
Departamento de Filosofía, Universidad Nacional del Comahue
ISSN: 0327-5108; e-ISSN: 1853-7960
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DOSSIER/ DOSSIER
PRESENTACIÓN

HANS KELLNER Y LAS FUENTES LINGÜÍSTICAS DEL CONOCIMIENTO HISTÓRICO: ESBOZO DE UNA RETÓRICA DE LA HISTORIA

HANS KELLNER AND THE LINGUISTIC SOURCES OF HISTORICAL KNOWLEDGE: OUTLINE OF A RHETORICS OF HISTORY

Nicolás Lavagnino Universidad de Buenos Aires
CONICET
nicolaslavagnino@gmail.com

Resumen

Este dossier contiene cuatro artículos que son el resultado de una labor colectiva y continuada de un equipo de nvestigadores y filósofos argentinos en torno a la obra de Hans Kellner. Desde sus primeros artículos sobre White, el narrativismo y su aplicación a la historiografía, los aportes de Kellner destacaron por una sutileza y un horizonte teórico al proponer una lectura oblicua, tensiva de los problemas, los autores y los textos objeto de su interpretación. Entendemos que el conjunto de sus contribuciones, que recorremos en el presente dossier, constituye un aporte fundamental a un esbozo de una teoría retórica -en sentido estricto- de la historia.

Palabras clave: Hans Kellner; Narrativismo; Lectura tensiva; Retórica de la historia.

Abstract

This dossier contains four articles that are the outcome of a collective and continuous work of argentinian team of researchers and philosophers on the work of Hans Kellner. From his first articles on White, narrativism and its application to historiography, Kellner's contributions stood out for a subtlety and a broad theoretical horizon thanks to his proposal of an oblique, tense reading of the problems, authors and texts object of his interpretation. We understand that this set of contributions, which we scrutinize in this dossier, constitutes a fundamental contribution to an outline of a rhetorical theory - strictly speaking - of history.

Key Words: Hans Kellner; Narrativism; Tensive reading; Rhetorics of history

Introducción

Los artículos que aparecen a continuación son el resultado de una labor colectiva y continuada de un equipo de investigadores y filósofos argentinos a partir de la visita de Hans Kellner, uno de los más importantes filósofos de la historia de las últimas décadas, a la Argentina en 2015, y el concomitante trabajo de traducción y presentación de su obra -en particular su libro Language and Historical Representation (1989), de próxima aparición en versión castellana- al público hispanohablante.

Ciertamente esta visita y el análisis crítico de su obra se han venido dando en el marco del horizonte teórico abierto por la Nueva Filosofía de la Historia, en particular, a partir de la publicación de Metahistoria de Hayden White en 1973. Ese horizonte, habitualmente denominado “narrativista”, supuso una reconsideración radical de los modos de concebir el conocimiento histórico, prestando atención no solamente a las reglas disciplinares concernientes al tratamiento de la evidencia y los testimonios, sino a las formas que asume la presentación y consignación verbal y discursiva de la misma, esto es, su constelación en forma textual, más específicamente narrativa. Ha sido también habitual reseñar este giro hacia la narrativa como una preocupación concerniente a la “poética de la historia”. Es en ese contexto en el que se inserta la obra de Kellner, a modo de continuación y profundización del horizonte abierto por White.

Poética de la historia. En efecto, tal fue la denominación del capítulo introductorio del volumen whiteano. Y sin embargo los alcances estrictamente teóricos de esa identificación de narrativa con la poiesis como creación o producción se perdieron pronto de vista. En la marejada de las discusiones teóricas que siguieron a la obra whiteana, y en el revuelo suscitado por las diatribas entre sus defensores y sus detractores, se cimentó una ecuación difícil de desestabilizar. La de que prestar atención a los recursos compositivos empleados en la configuración del discurso historiográfico equivalía a enfocar en su “poética” y que esto, a su vez, se relacionaba con los aspectos estilísticos o estéticos, considerados mayormente ornamentales o derivativos en anteriores concepciones sobre la operación historiográfica.

El problema de esta supuesta igualación entre historia y mera literatura (sea lo que fuera que el mera designara aquí, y sea lo que fuera que se entendiera por literatura en el curso del argumento) es que condujo a una enredada profusión de temas y consideraciones de tinte general sobre la poética y la estética, sobre la narrativa y las consecuencias -legitimadoras, totalizadoras, humanistas, estetizantes, subjetivas o escépticas entre otras posibles atribuciones- de la narrativa, sobre la realidad y el realismo como estilo, sobre la literatura y la narrativa como forma cognitiva, en vez de focalizar en los presupuestos teóricos que la informaban en tanto equivalencia.

Este racimo de cuestiones, por regla general, supuso discutir las equívocas relaciones del narrativismo con cuestiones tales como la modernidad y la posmodernidad, el escepticismo y el relativismo epistémico o moral, así como también sopesar los “cargos” levantados contra el whiteanismo como una forma más del determinismo lingüístico de corte estructuralista, o como un irresponsable nihilismo cognitivo en una era aparentemente siempre propensa al negacionismo y la prestidigitación del pasado.

La filosofía de la historia narrativista, entonces, en sus diversas formas (ya no sólo atendiendo a White, sino también a los argumentos de autores como Carr, Mink, Ankersmit, a su manera también Ricoeur), y los críticos que con mejores o peores argumentos han intentado contrarrestar su influencia, han prestado quizás demasiada atención a lo implicado en la mención del gradiente narrativo o poético en el discurso historiográfico, pero no tanto al montante retórico implicado en el giro mismo dado por White y quienes lo siguieron. Recuperaciones posteriores, equilibradas y constructivas (como las de Doran, Pihlainen o Kuukkanen) han continuado pasando por alto el punto.

En este sentido otra denominación habitual de la posición inaugurada por White es la de giro tropológico, particularmente visible a partir de la publicación de Tropics of Discourse en 1982. Una posterior, figuralismo (aunque la mención de la figuralidad ya está presente en los '70, por ejemplo en la lectura de Fredric Jameson de Metahistoria), ha cobrado fuerza a partir de Figural Realism (1999).

No obstante, esta capacidad proliferante del discurso de y sobre el narrativismo, proliferación que tiene en sí misma un carácter tropológico, suele quedar reducida en el análisis, por un lado, a la mención de la relación de White con los cuatro tropos maestros de la retórica clásica (metáfora, metonimia, sinécdoque e ironía), resucitados en el ambiente académico angloamericano de la inmediata posguerra por las figuras nodales de los teóricos literarios Kenneth Burke y Northrop Frye. Y, por el otro, al exorcismo practicado por el mismo White con las nociones de figura e interpretación figural con las que en el mismo período el ya casi olvidado filólogo y crítico literario Ernst Auerbach había mantenido una tensa y solitaria pugna en torno a la tópica con el renombrado y triunfante (en la medida en que hay triunfo alguno en estas cuestiones) Ernst Curtius.

Así las cosas la mayor parte de las indagaciones posteriores sobre esta temática se han limitado, notablemente, a discutir qué tanto y qué tan bien se apropió el whiteanismo de la tétrada tropológica, en qué medida intentó o evitó conferirle un aire estructuralista -para el que convenía, antes que la tétrada tropológica, remitir al dualismo jakobsoniano de metáfora y metonimia- o qué tanto podían aplicarse las estipulaciones whiteanas sobre la figura y la figuralidad como promesa de cumplimiento a la epistemología de la historia. En todo esto un curioso aire literalista - opuesto al figuralismo genealógico de White- culminó por impregnar la atmósfera: casi todo lo que se dijo sobre estos temas se limitó a consignar y repetir -para endosar o criticar- lo dicho por White. Ni genealogía - mostrando las posibles formas alternativas de construir el horizonte teórico- ni apropiación figural -mostrando las posibles formas alternativas de afiliarse a él y habitarlo-. Nada de eso. El giro narrativo, tropológico y figural quedó prácticamente reducido a lo que White dijo, o a lo que dijo que había hecho, y a las diversas actitudes que podían tenerse de cara a ello.

En este contexto es que introducimos a los lectores hispanohablantes la figura de Hans Kellner. Formado junto a White en la década del '60, Kellner configuró rápidamente una agenda temática propia que adquirió relevancia dentro del panorama de la NFH. Por cierto, el problema para nuestro medio consistía, y consistió hasta hace poco, en la relativa inexistencia de traducciones al español de este autor. En este punto podemos decir que, a treinta años de su publicación original en inglés, próximamente verá la luz la traducción española de su ya clásico Language and Historical Representation de 1989. Y junto con eso proponemos este dossier temático como una forma de proveer un contexto de discusión a su perspectiva y su obra, tomando como disparador no solo el libro en cuestión, sino el conjunto de sus contribuciones que, en el contexto de la filosofía de la historia, resultan ser aportes fundamentales a un posible esbozo para una teoría retórica -en sentido estricto- de la historia. Aportes que han venido siendo eslabonados de manera consistente desde finales de los '70 y hasta mediados de la presente década.

Como mencioné al principio, los autores que participan en el presente dossier trabajaron no sólo con la obra édita del autor, sino tambíen aprovechando la visita que realizó al país en marzo de 2015, con el propósito de presentar una conferencia titulada “Narrativity anddialectics revisited”. El conjunto de las contribuciones que aquí presentamos se hace eco, entonces, del extenso abanico de cuestiones filosóficas y teóricas que preocupan al autor.

Entendemos que el lugar de Hans Kellner dentro de la NFH es indudable en su centralidad. Desde sus primeros artículos sobre White, el narrativismo y su posible aplicación a la historiografía contemporánea (publicados en 1979, 1980 y 1981), incluyendo su participación en el legendario issue de History & Theory dedicado a la crítica de Metahistoria de Hayden White (1980), sus aportes destacaron por una sutileza y un horizonte teórico que rebasó rápidamente su propio punto de partida, en la dirección siempre de proponer una lectura oblicua, tensiva de los problemas, los autores y los textos objeto de su interpretación1. La publicación de su libro Language and Historical Representation (1989) y luego, junto a F.R. Ankersmit, de A New Philosophy of History en 1995, marcó el inicio de una nueva etapa signada por el tratamiento de temas tan diversos como el figuralismo whiteano, lo sublime histórico, el problema de la distancia histórica, el textualismo y la aproximación retórica al discurso y el pensamiento histórico contemporáneo. Y sin embargo la obra misma de Kellner luce de difícil apropiación. Aproximarse a ella requiere el entendimiento del horizonte abierto por la NFH, sus problemas, sus alcances y sus tensiones internas.

En este contexto, entonces, no es raro que la obra de Kellner parezca, a la vez, una derivación tortuosa forjada a la sombra de la obra de Hayden White, tanto como una elaborada constelación de preocupaciones a la espera de ulteriores apropiaciones e interlocuciones. El objeto de esta contribución, entonces, consiste en ir más allá de la consideración de Kellner como el enésimo avatar del whiteanismo en la filosofía de la historia y, a la vez, en la exhibición del valor positivo de la propuesta kellneriana, la cual está muy lejos de responder a la figura de una potencia teórica que nunca será puesta en acto.

El punto de partida aquí es el siguiente: las contribuciones de Kellner, ya desde sus primeros artículos, se ejercen siempre en el modo de la lectura “torcida”, tensiva (crooked reading). El subtítulo de su libro de 1989 (“Getting the story crooked”) no puede ser más explícito: se trata de “captar la historia” en un sentido “crooked”, a contrapelo (en este mismo número Tozzi adopta la idea del “cambio de foco”: crooked como lo desenfocado o el producto de un cambio de perspectiva, lo cual permite llamar la atención sobre el dispositivo mismo).

La orientación gráfica del subtítulo en la tapa del libro es un ejemplo de esa misma intención de ir a contracorriente: “Getting the Story” se consigna en una grafía en cursiva, orientada a la derecha. Debajo mismo, en la siguiente línea dentro del espacio de la tapa, está “Crooked”, igualmente en cursiva, pero en una grafía orientada a la izquierda. No puede haber declaración más clara, en ese sentido, de la consignación gráfica o verbal de una lectura de la historia a contrapelo, lo que implica aprehender el sentido de una comunicación por medio de un acto de apropiación oblicuo. El paradigma de lectura de Kellner, entonces, es el de una lectura que pone en tensión, que tensa el texto para mostrar de qué está hecho, cómo está construido, las tensiones y marcas que lo habitan, exhibiendo las operaciones que le dan consistencia, eficacia y rendimiento como acto comunicativo, y las consecuencias de ese obrar comunicacional. En este punto, la obra de Kellner es una sutil mirada del acto historiográfico, de sus procedimientos, sus complejidades, sus consecuencias.

Pero, y aquí hay un matiz fundamental, el modo en que se ejerce esta lectura no es el de una “denuncia” de un artefacto narrativo que, en su artificiosidad, comprometería a todo un marco disciplinar en una legitimación vulgar de un estado de cosas o de una ideología en particular. A diferencia de White en, por ejemplo, su clásico “The burden of history” (1966) -por no mencionar el más reciente Practical Past (2014)-, no hay en Kellner una crítica disciplinar generalista que se introduce en lo que el medio académico angloamericano denomina cultural politics. En vez de hacer crítica cultural de la modernidad, o alabar la posmodernidad -sea lo que fuera que estos términos designen-, o hacer crítica disciplinar (en este caso historiográfica), la lectura de Kellner siempre es situada, una crooked reading de un acto comunicativo en particular, en la que se muestra sus operaciones y sus resultados. Esto no vuelve menos “crítico” el acto de lectura, pero en todo caso le permite responder a otras preguntas, plantearse otros problemas.

Entiendo que a la manera de dos de sus más grandes influencias, Northrop Frye y Erich Auerbach, Kellner está siempre interrogándose por los modos en que se disponen las formas verbales. Si hay una crítica allí, será una crítica a partir de la forma en que los modos de disponer el lenguaje plasman o eliden sentidos en contextos particulares. Con más claridad que White mismo, Kellner especifica la intención que anima su lectura: no se trata de un juego escéptico o textualista (términos de dudosa utilidad en estas discusiones, si es que la tienen en alguna) sino de una aproximación que, concediendo “el respeto más profundo por la realidad” histórica, se permite indagar en los modos en que ese respeto se modula en el discurso, no siendo esos modos otra cosa que configuraciones tropológicas y retóricas en general.

En todo caso, la forma de plantear esta diferencia respecto de su maestro White es ésta: es posible encontrar en Kellner el mismo argumento ya presente en White en torno al carácter construido y disposicional (en el sentido de estar “dispuesto”, compuesto y configurado) del discurso historiográfico. Pero atendiendo al mismo problema, Kellner construye una idea mucho más amplia y, en mi opinión, interesante. Al preguntarse por lo que está en juego en una aproximación tal a la historiografía, Kellner se concentra constructivamente, como Frye y como Auerbach, en el problema de la composición verbal de un discurso cognitivamente responsable como el historiográfico. Y esto implica ahondar tensivamente en lo implicado en la situación retórica como proceso, como horizonte práctico en el que se inserta la acción, y no como producto acabado, “texto”. Horizonte y situación que se desenvuelven en tanto acto comunicativo de carácter argumental.

Es en ese sentido que las contribuciones a este dossier se proponen apropiarse críticamente de esta peculiar perspectiva teórica kellneriana centrada en la lectura tensiva de la situación retórica historiográfica, enfocando a la vez sus complejidades y tensiones internas, sus dificultades y promesas. Omar Murad profundiza de manera precisa en la lectura que hace Kellner del problema de la tropología como poder proliferante, su capacidad inflacionaria y pregnante, su maleabilidad e inestabilidad. El punto crucial aquí es la aproximación kellneriana a una pregunta que le fuera formulada en su momento a White: ¿conduce la tropología a una suerte de “lógica del sentido” determinista? ¿cuál sería el status ontológico o la fundamentación de los tropos? La respuesta de Kellner consiste no en contestar ansiosamente al interrogante, sino en aclarar lo implicado en la pregunta: en el contraste antojadizo entre “logicismo” como única alternativa a un “irracionalismo estetizante” lo que anida es la incomprensión del funcionamiento retórico de la praxis verbal. La salida a este falso impasse solo puede darse, entonces, esbozando un programa efectivo de escrutinio de la retórica de la historia.

Por su parte Verónica Tozzi se propone apropiarse de la aproximación kellneriana, tropologizándola, volviendo sobre ella, ejerciendo una crooked reading del maestro de la lectura tensiva. Esto implica ponerlo en perspectiva y mostrar la sutileza con la que descarta las propuestas más habituales respecto de la tropología: su trascendentalización, su inflación metodológica, su caracterización como una suerte de idealismo lingüístico. Por contra, la lectura de la autora se concentra en afirmar que al prestar atención a las estrategias implicadas en la situación retórica desde la que se construye cada constelación discursiva historiográfica, Kellner ofrece una perspectiva programática, positiva, deflacionaria, para la apropiación de este paradigma.

En este sentido, afirma Tozzi, en Kellner se vuelven evidentes las implicancias productivas y generativas -antes que paralizantes, escépticas o “relativistas”- del giro tropológico y narrativo en la filosofía de la historia. De este modo es que la autora lee la propia práctica de Kellner como lector de la historiografía moderna y contemporánea. Al percibir el modo en que los historiadores proceden configurando y disponiendo estratégicamente los recursos figurativos disponibles en el lenguaje nos damos a nosotros mismos una clave para entender porqué la historiografía nos importa tanto como aproximación al pasado en común.

A su turno Gabriela Dranovsky enfoca un problema rara vez tratado en la exégetica habitual sobre el figuralismo: las consecuencias de las opciones teóricas tomadas por White en su apropiación de Auerbach llevan a su vez a Kellner a proponer una figura, la del hopeful monster que, a su vez, puede permitir la reintroducción en la filosofía de la historia de la tan criticada figura de un pasado que aguarda aún ser narrado, o como si contuviera en ciernes una narratividad que espera desplegarse. Cierto es que se trata de un riesgo teórico, antes que práctico, pero la lectura de Dranovsky recupera muchas de las figuras que encontramos antes en la discusión en torno a la tropología -su inflación e inestabilidad-, enfatizando a su vez la dinámica figural de apropiaciones del concepto mismo de figura, en el tránsito que va de Auerbach a White, y de allí a Kellner. En este sentido, el análisis de la cuestión judía servirá a la autora como un horizonte de aplicación de esta dinámica en la que emergen muchas de las tensiones que atraviesan la cuestión figural.

No ahondaré en mi propio trabajo, más que para mencionar que pretendo indagar en el uso reiterado, por parte de Kellner, de tres figuras discursivas. Primero la idea misma de alegoría como voz doble o sutura que esconde una tensión que desbasta el sentido con cada acto de apropiación. Luego me centraré en la figura del acto comunicativo historiográfico visto como un naufragio, en el sentido de la metáfora hidráulica de una fuente y un sedimento antecedente a la vista de quien “navega” el lenguaje, que no es otro que un futuro náufrago. Finalmente me adentro en la propuesta programática, apenas esbozada por Kellner, de lo implicado en el análisis formal de las prácticas lingüísticas como actos comunicativos en el marco de una situación retórica. Sostengo que en la propuesta kellneriana, antes que en la de White -de la que es menos un complemento derivativo que una extensión y profundización en ciernes-, anida la posibilidad de establecer una consideración retórica de la historia que se toma en serio no solo su carácter argumental y cognitivo en el marco de una disputabilidad de sentidos, sino su propio estatuto retórico.

En última instancia estas indagaciones, atentas e informadas de la contribución específica de Kellner en el contexto de la NFH, refuerzan en su modo de apropiación la estela tensiva y oblicua de las readings kellnerianas. Al término de las mismas no arribamos a una consoladora instancia de conciliación teórica, una plenitud de significado ante la cual nada puede hacerse.

Por contra, lo que podemos apreciar es la tribulación de un pensamiento que ha trabajado de manera consistente durante décadas en torno a una dimensión ineliminable del conocimiento histórico: sus fuentes lingüísticas. Tribulación de un pensamiento que ha trabajado, incansablemente, como consignación a contrapelo de la urgente y sentida necesidad de esbozar, de una buena vez, la posibilidad de una retórica de la historia.

1Ciertamente el término tensivo ha caído en desuso en el habla ordinaria del español contemporáneo. Según la definición tradicional se trata de la disposición de un objeto o de un procedimiento (por ejemplo un fármaco) a provocar tensión. Recientemente se ha visto reintroducido en el contexto de la semiótica y gramática tensiva, aunque con un sentido ligeramente distinto (cfr. Zilberberg C., Semiótica tensiva, Lima, Univ. de Lima, 2006). En todo caso los diversos usos del mismo recogen las siguientes orientaciones: un modelo tensivo de la comunicación 1- hace énfasis en los pliegues y duplicidades de los actos comunicativos; 2- llama la atención sobre las brechas de información y suturas que constituyen a esos mismos actos, evitando el reduccionismo de considerar a la comunicación meramente como la transmisión de un contenido proposicional; 3- considera la comunicación en un marco intersubjetivo en el que las recuperaciones y concretizaciones de sentido en la recepción activa ponen en tensión la idea de una fijación de sentido en el punto de emisión comunicativa (cfr. Harris R. y Wolf G., Integrational Linguistics, Oxford, Pergamon, 1998). Sucintamente, en términos de esta presentación, así como también en lo relativo a mi propia contribución a este dossier, la primera orientación la encontraremos en el tratamiento que hace Kellner de la alegoría (como paradigma de la irreductibilidad de la significación a lo expresado); la segunda en el problema retórico y tropológico del discurso histórico; y la última en la idea kellneriana de crooked readings. Por distintos motivos que se aclararán en esta presentación y en mi artículo encuentro riesgosa la traducción de crooked como “desvíado” o “distorsionado”. En lo que sigue crooked y sus derivados son leídos en el marco de la apropiación de este paradigma tensivo de la comunicación.

Páginas de Filosofía, Año XX, No 29 (enero-diciembre 2019), 83-91

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