Chaves, Mariana; Fuentes, Sebastián y Vecino, Luisa. <em>Experiencias juveniles de la desigualdad.

RESEÑA

Chaves, Mariana; Fuentes, Sebastián y Vecino, Luisa. Experiencias juveniles de la desigualdad. Fronteras y merecimientos en sectores populares, medios altos y altos. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Grupo Editor Universitario. CLACSO, 2016, 90 pp.

 

Mariana Alejandra González
marianaa.gonzalez@yahoo.com

Instituto de Investigaciones Gino Germani
Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires. Argentina

Recibido: 26|04|2018
Aceptado:
03|05|2018

 

En este libro los autores1 se proponen dar cuenta de algunos hallazgos de su trabajo de investigación: un estudio multidimensional de la desigualdad juvenil, siguiendo un enfoque relacional, realizado en Ciudad y Provincia de Buenos Aires, desde el año 2010 en adelante. Se trató de un trabajo cualitativo desde una perspectiva socio-antropológica.

El libro se estructura en una introducción, tres capítulos y conclusiones. En la primera sección desarrolla la presentación del tema en general, así como también de las principales herramientas conceptuales con las que trabajarán más adelante y de las cuestiones metodológicas.

El primer capítulo, Merecer la escuela. Fronteras en una escuela secundaria de sectores populares, refiere al modo en que se construye ser joven estudiante en un barrio del Conurbano Bonaerense. Se desarrolla la idea de un límite, una frontera simbólica entre aquellos que ingresan y permanecen en la escuela y quienes no. La misma tiene diversas perspectivas según los jóvenes y los docentes. En el primer caso, los estudiantes dan cuenta de algunos factores que inciden en el tránsito escolar, tales como son los criterios cuantitativos (horas de estudio y rendimiento académico), o que pueda cumplir con el comportamiento estandarizado para la institución. Los jóvenes quieren distanciarse (distancia simbólica) de las demarcaciones de juventud perdida que aluden a chicos peligrosos, que no estudian ni trabajan, sino que constituyen un potencial riesgo. Los alumnos de la escuela, en cambio, consideran que el tránsito escolar provee el título, así como también un capital cultural que los hace diferentes, por lo cual la escuela se ubicaría en una institución que distribuye dicho bien, de manera legítima.

Desde la óptica de los docentes, la frontera se establece entre los que merecen y no merecen la escuela. Es decir, la dinámica institucional transcurre a partir de normas escolares que deben ser respetadas. En la medida en que los jóvenes las transgreden, de manera compleja, profunda, con prácticas individuales, que exceden el abordaje escolar, serán excluidos. De modo automático, se los considera como la otredad, los que al no adaptarse a las normas mínimas o incorporar sus valores, no pueden ser incluidos. Los autores consideran que estas prácticas en un contexto actual de obligatoriedad escolar para el nivel medio, reproduce una gramática moral (siguiendo a François Dubet), en la cual los excluidos son culpables de no poder sostenerse en dicha carrera. Ubican la lógica del mérito y del esfuerzo, puesto que los jóvenes deben abonar prácticas juveniles, adaptarse a normas institucionales y aceptar la tutela adulta; ellos son los responsables por su éxito o fracaso.

El segundo capítulo da cuenta de la frontera simbólica que se construye en torno al esfuerzo. Surgen desde allí determinadas categorías moralizantes (buenos y malos, trabajadores y vagos, nosotros y los otros) que comandan las interacciones. Presentan tres retóricas del esfuerzo: como progreso y movilidad social, como desgaste físico y como sacrificios familiares. A su vez, destacan la vinculación con la lógica del merecimiento, quién merece un castigo y quién una oportunidad. Pareciera ser que se premia el éxito y también intentarlo, esforzarse por ello. El castigo deviene en situaciones de subordinación cuando no hay acatamiento a las normas esperadas por quien ocupa una posición de jerarquía.

El tercer capítulo destaca las fronteras sociales y simbólicas de grupos de sectores sociales medios y medios altos, que consolidan los límites de una comunidad, en la que se comparte un mismo origen, valores, modos de ser. Analiza, para tal fin, espacios de socialización y sociabilidad de estos jóvenes. En primer lugar, en la práctica de rugby amateur se condensan sentidos en torno a valores de caballerosidad, responsabilidad y la pertenencia a determinado círculo donde hacerse los “amigos de toda la vida”; en oposición al futbol -como deporte popular-, grupos sociales que deben trabajar y heterogeneidad de chicos que lo practican. Se construye la distancia entre “nosotros” y “ellos”.

Otro ámbito es la universidad. Aquellas de tipo privada son las más elegidas por estos grupos sociales, por varios motivos tales como mantener el círculo homogéneo de contactos, asistir a instituciones que presentan condiciones edilicias más favorables, orden o cercanía con sus viviendas. La Universidad de Buenos Aires (UBA) no deja de ser una opción, muchas veces es elegida por el prestigio de algunas carreras, así como habilita a experiencias más autónomas (elección de horarios, comisiones, viajar a la capital) que son consistentes con las expectativas juveniles. Esta elección no amenaza las fronteras sociales, dado que los amigos cercanos siempre serán los de su lugar de origen y los del club, y no aquellos, de grupos heterogéneos, que puedan hacerse en la universidad.

En tercer lugar, las prácticas de acción social religiosas consisten en actividades y jornadas que realizan los jóvenes con públicos de villas. Allí se evidencian las desigualdades sociales, que por momentos resultan angustiantes. Surge un compromiso y responsabilidad por, entonces, educar, conducir al otro, siendo que portan valores de superioridad. Son motivados por la lógica de la compasión (es víctima de su lugar de nacimiento, de su suerte) y del mérito, porque se espera que el ayudado luego progrese.

La lectura de este libro permite comprender las fronteras sociales que se establecen entre diversos grupos por medio de lógicas de merecimiento, de esfuerzo, de compasión. Todas contribuyen a delimitar la otredad y justificar las propias posiciones. “La desigualdad juvenil se sostiene por las acciones y representaciones de los actores que participan en esa interacción compartiendo lógicas de merecimiento, aunque las apliquen de maneras distintas, según la situación y algunas conveniencias” (p.77).

Este libro permite comprender las experiencias juveniles actuales, desde distintas posiciones sociales, y algunos de los sentidos que circulan en sus procesos de subjetivación. Los autores se basan en un trabajo de campo, lo que habilita a la construcción de categorías analíticas en el marco de aquello que sucede en la arena de lo cotidiano; así como también se favorece una lectura gráfica de las propuestas analíticas.

Nota

1. Sin adherir a ningún enfoque de género masculino-hegemónico, pero con el fin de facilitar la lectura, consignaré las terminaciones en masculino.

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