Algunas notas sobre identificación política y discurso populista. Un análisis de cartas a Perón desde el sudeste cordobés

ARTÍCULO

Algunas notas sobre identificación política y discurso populista. Un análisis de cartas a Perón desde el sudeste cordobés

Some notes on political identification and populist discourse. An analysis of letters to Perón from South-East Córdoba

 

Juan Manuel Reynares
juanmreynares@gmail.com
CONICET; Universidad Nacional de Villa María, Córdoba. Argentina

Recibido: 26|12|17
Aceptado: 23|04|18

 


Resumen
En este texto nos interesa indagar sobre los modos en que distintos remitentes de cartas dirigidas a Perón desde la región pampeana de la provincia argentina de Córdoba -en el marco de un llamado realizado por el presidente a enviar sugerencias para ser incluidas en el Segundo Plan Quinquenal- resignificaban su propia experiencia laboral, social o política, sus demandas al Estado o sus vínculos con otros actores locales, a partir de la gramática política que ponía a disposición el discurso peronista. Así, este artículo explora, desde la perspectiva de la Teoría Política del Discurso, un campo posible de efectos identitarios del peronismo en casos singulares, para contribuir en un campo de discusión sobre su interpretación como un proceso populista. De manera más específica, pretendemos profundizar aquí en algunos desplazamientos semánticos con que los actores rurales de aquella zona interpretaron su propia ubicación dentro del esquema productivo agropecuario y con los que dieron sentido a la intervención del Estado bajo el gobierno de Perón. Haciendo uso de algunas categorías propuestas recientemente en la discusión sobre la especificidad del populismo, conjeturamos que la articulación populista del peronismo habilitó a identificaciones políticas que se sostenían sobre la tensión entre la enunciación de la demanda como partes singulares del proceso productivo agropecuario, por un lado, y su inserción en un escenario político hegemonizado por la figura del trabajador que merece los frutos del esfuerzo de su trabajo, por el otro.

Palabras clave: Peronismo; Identificación Política; Populismo; Cartas.

Abstract
This article aims to investigate on how different senders of letters addressed to Perón from the farming region of the Argentinean province of Córdoba -during a call made by the President to include suggestions in the second “Plan Quinquenal”- gave meaning to their own experience in the territory, their demands to the State, or their relations with other local actors, using the political grammar available in the Peronist discourse. Grounded on a Political Theory of Discourse perspective, this paper looks into a field of possible identity effects that the Peronism implied in particular cases and intervenes in the debates that characterise it as a paradigmatic case of populism. On more specific terms, we will analyse how the farm producers who sent the letters communicated with the national State, interpreting their own position within the rural productive framework and giving meaning to State intervention under Perón’s administration. Drawing on some recently contested notions of populism, we hypothesize that the Peronist populist articulation enabled political identifications in those farmers, that moved from specific demands as parts of the rural productive process, to claims that described them as hardworking workers who deserved the benefits that the Peronist national government assured to labourers.

Key words: Peronism; Political Identification; Populism; Letters.


 

1. INTRODUCCIÓN

Este artículo pretende contribuir con el debate sobre la caracterización del peronismo como un caso paradigmático de populismo. Lo hace sin entrar en discusión explícita con la literatura canónica que lo ha definido por las políticas desplegadas, el estilo de comunicación y conducción de su dirigencia, la composición social de su electorado o el imaginario político de su líder. Sin desconocer estos aspectos, caracterizamos al populismo como un modo específico de articulación política -de forma de representación o discurso- donde se preserva, y en algunos casos se exacerba, la tensión entre lo particular de cada uno de las posiciones involucradas y la representación totalizante que realiza un significante hegemónico para la comunidad política. Aquí, tanto la pregunta como la respuesta sobre el peronismo resultan de un esfuerzo epistémico y metodológico en la interpretación de ese fenómeno, prestando atención sobre un corpus y marcos espaciales relativamente menos explorados. Nuestro análisis se centrará en la dinámica desplegada entre, por un lado, la narrativa oficial peronista y, por el otro, las diversas interpretaciones sobre (e interpelaciones hacia) esa narrativa desde lugares no protagónicos del espacio público. Para ello, escrutaremos cartas enviadas a Perón en diciembre de 1951, en el marco de una convocatoria realizada por el presidente a enviar peticiones que completen el Segundo Plan Quinquenal. Allí, indagaremos sobre los modos en que estos remitentes, dentro de un contexto geográfico similar, la zona pampeana de la Provincia de Córdoba, resignificaban su propia experiencia en el territorio, sus demandas al Estado y sus vínculos con otros actores locales utilizando, y desplazando al mismo tiempo, los términos políticos disponibles en el discurso peronista.

En las cartas analizadas nos interesa rastrear el modo en que, al interpretar los remitentes sus situaciones particulares, se plasmaba una identificación parcial con el discurso peronista, retomando sus principales significantes, pero oponiéndose en parte para introducir una demanda. Conjeturamos que esa identificación y desidentificación simultánea de los remitentes emergían sobre una tensión que la articulación populista mantenía, y en ocasiones exacerbaba, entre, por un lado, la enunciación de la demanda como parte singular (del proceso productivo agropecuario, en este caso) y, por el otro, su inserción en un escenario político hegemonizado (en el peronismo, por la figura del trabajador que merece los frutos del esfuerzo de su trabajo). Aquí abrevamos en algunas categorías propuestas recientemente por S. Barros (2013; 2017), al interior de un horizonte teórico político-discursivo que ha discutido largamente sobre la especificidad del populismo en la política contemporánea (Laclau, 2005; Panizza, 2009). Habitando esa tensión recién mencionada, estas demandas pretendían re-trazar la comunidad política de quienes podían incidir en la definición de lo público presentando escenarios de injusticia que avalaban esta enunciación.

En lo que sigue rastrearemos algunas referencias de la literatura especializada en que se subraya el vínculo entre un análisis de la dimensión identitaria en entornos rurales durante el peronismo, por un lado, y la caracterización de este último como un populismo, por el otro. A partir de allí introduciremos algunas notas sobre la Teoría Política del Discurso, y más específicamente sobre la relación entre identificaciones populares y articulaciones populistas, para avanzar en la comprensión de la dinámica política del populismo. Con esas coordenadas teóricas, analizaremos cartas enviadas por productores rurales de Córdoba a Perón, en respuesta a una convocatoria radial que realizó el entonces presidente antes de la conformación del Segundo Plan Quinquenal, a fines del año 1951.

2. EL LUGAR DEL ANÁLISIS

En términos generales, la caracterización del actor rural ha sido usual objeto de discusión en las ciencias sociales. Al analizar lo que define a un chacarero, que controla el uso de la tierra y utiliza mano de obra familiar, hay una combinación de economías familiar y empresarial que lo distingue del campesinado. Entre el chacarero, el colono o el arrendatario, hay una multiplicidad de posiciones de sujeto relativas al productor rural que encuentran ubicación con dificultad en un esquema economicista, y que oscilan en función de las transformaciones productivas y de la normativa sobre la tenencia y aprovechamiento de la tierra (Olivera, 2014: 151-165)1. En este marco, la atención a los modos en que los propios trabajadores y productores interpretaban su posición dentro de un contexto político relativamente estructurado por el peronismo desde mediados de los 40 se desmarca de taxonomías preestablecidas, para subrayar el impasse entre las clasificaciones posibles y las experiencias narradas. Es en esa distancia donde se pone en juego la dinámica de identificación en que resuenan los efectos del peronismo.

Dentro de la nutrida literatura sobre la cuestión rural durante el peronismo, varias voces han considerado necesario atender a su dimensión simbólica para poder matizar muchas de las definiciones que han planteado las miradas más estructurales u objetivistas sobre esta temática. En un estudio señero, Lattuada ha remarcado la dimensión discursiva del peronismo para poder dar cuenta de ciertos desfasajes temporales que resultarían de una perspectiva centrada, por una parte, en las políticas desplegadas por el gobierno de Perón y, por la otra, en una caracterización unidimensional, racional y estratégica del sujeto social rural (2002). Luego de estudiar la política agraria peronista, este autor considera que en ésta pueden distinguirse dos períodos: uno de reivindicaciones populares y disputa con los sectores latifundistas, y otro condicionado por la necesidad de producción y consecuente estabilidad social, que subordinó las anteriores reivindicaciones al aumento de la productividad económica. El primero predominó entre 1944 y 1948, mientras que el segundo se prolongó hasta el golpe militar de 1955.

Ahora bien, lo que no parece seguir linealmente esta variación es la respuesta de los actores involucrados. Los obreros y pequeños productores agrarios apoyaron al gobierno peronista a pesar del cambio en su política para el sector, y los grandes terratenientes colaboraron en el debilitamiento y la caída del peronismo en 1955 aunque eran cada vez más favorecidos por la “vuelta al campo” posterior al 48. En este punto, Lattuada considera que

No obstante, dado que el sentido de todo discurso no es único y genera ‘un campo de efectos posibles’ en distintos receptores, otros factores deben ser incluidos en el análisis para comprender la mayor o menor efectividad del discurso populista desde el poder […] quizás el más importante de ellos, lo constituya la memoria colectiva de lo ocurrido, es decir, la experiencia y la enseñanza que deja a cada grupo las acciones previas. Los trabajadores difícilmente podían olvidar que habían adquirido niveles de ingresos y condiciones de vida como nunca antes habían gozado; y ese logro no era reconocido como fruto de su propia lucha política, sino como concesión de un hombre: el líder. Los terratenientes y la oligarquía nunca perdonarían haber sido denostados públicamente, desplazados en forma permanente del poder político, y cercenados en su vía de ingresos más tradicional ‒la renta de la tierra.” (2002: 18).

Desde un paradigma onto-epistémico centrado exclusivamente en la racionalidad estratégica e instrumental de los actores, la reacción de los sectores rurales ante la modificación de la política agropecuaria llevada a cabo por la administración peronista parece adolecer de una explicación convincente. Para avanzar en un argumento más persuasivo, Lattuada redefine al peronismo en tanto populismo, y más específicamente como un discurso populista con múltiples efectos entre una multiplicidad de receptores. A partir de este deslizamiento analítico, el autor puede introducir nuevas categorías como posibles claves de intelección sobre la incógnita del peronismo y las aparentemente paradójicas conductas que presentaron los sectores rurales al caer este gobierno. Incorpora así las “experiencias” y las “enseñanzas de acciones previas” de aquellos beneficiados y perjudicados, respectivamente, por las políticas agropecuarias de los primeros años de la administración peronista.

Al destacar estas dos cuestiones -el carácter populista del peronismo, y el componente mnemónico, experiencial, de los sectores involucrados-, Lattuada sugiere redirigir la atención del análisis hacia aquellas condicionantes que atraviesan a los actores políticos más allá del mero cálculo que deviene de los incentivos que provee la política pública. Así, el autor desplaza las miradas canónicas sobre el populismo para abarcar su dimensión discursiva, y al preguntarse por su efectividad -es decir por el alcance de los efectos que tuvo el peronismo como populismo‒ pone el acento en la dimensión poco contemplada de “la experiencia y la enseñanza” de los sectores rurales.

Salomón (2011, 2013) también subraya la importancia de un análisis de discursividades locales en entornos rurales para complejizar la interpretación populista del fenómeno peronista. Estudiando localmente el peronismo, Salomón repasa numerosas teorías sobre su tratamiento como populismo. Allí resalta que aún resta analizar a los “sujetos sociales rurales” como soporte de la alianza policlasista que, según la mayoría de las perspectivas canónicas, define el carácter populista del peronismo. Frente a ese análisis, la autora considera que es necesario dar cuenta de la “autoidentificación” (2011: 4) de los actores, lo que conlleva la dificultad en el relevamiento de fuentes para analizar la “subjetividad real” en la dinámica social de configuración del espacio rural. Existe en la propuesta de Salomón, como antes en Lattuada, un vínculo central entre los estudios sobre los “sujetos sociales” o la “memoria colectiva”, por un lado, y el populismo, por el otro.

Con este desplazamiento analítico, nos preguntamos entonces por las características que tuvo la interpretación que los individuos u organizaciones singulares hacen de lo vivido bajo el peronismo en sus respectivos ámbitos locales2. Los archivos constituidos por misivas enviadas por parte de integrantes de estos sectores productivos a las instancias gubernamentales durante el período adquieren una importancia inusitada para dar cuenta de esos heterogéneos modos en que se plasmó la “efectividad del discurso populista”. Esto abre un conjunto de interrogantes novedosos que funcionan como marco general de nuestra indagación. Al nivel del vocabulario utilizado, ¿con qué términos se dirigieron los productores agropecuarios al gobierno nacional para realizar demandas o reclamos? Analizando la forma en que se plantearon los argumentos, ¿qué lugar de enunciación3 construyeron los remitentes? ¿De qué modo describieron sus situaciones particulares, la historia reciente, las perspectivas de futuro, en la escritura de la carta?

El deslizamiento analítico que proponemos aquí se ubica al interior del horizonte epistemológico de la Teoría Política del Discurso (TPD). Ello implica, a su vez, definir al registro simbólico como constitutivo de lo social, esto es, que toda práctica social está mediada discursivamente. Ubicándonos en este paradigma, las identificaciones políticas se producen al articular elementos particulares dentro de un discurso con pretensiones hegemónicas.4 En dicho proceso, en constante disputa con otros discursos socio-políticos, al vaciarse tendencialmente un nombre que pretende representar a la comunidad, ésta adquiere ciertos límites que la configuran y que establecen quiénes pueden hablar en nombre de ella y quiénes no5.

Ahora bien, el modo en que se desarrolle esa dinámica político-discursiva admite variantes. La diferencia específica de la articulación populista es que la producción de un significante hegemónico para la nominación de esa totalidad -esto es, el nombre del pueblo- no ocluye la tensión entre la particularidad del primero (plebs) y la necesaria, pero ausente, generalidad de la segunda (populus), sino que, por el contrario, la empuja hasta sus límites lógicos6. Deteniéndose en esa particular configuración comunitaria del populismo, dicha articulación implica una inclusión de demandas populares relativamente preexistentes, de un modo tal que no las anula ni las reprime. Esas demandas discuten los límites pre-establecidos de la comunidad considerada legítima y reivindican la posibilidad de incidir públicamente en términos de igualdad con el resto de las partes integrantes de la comunidad. Lo hacen a partir de la denuncia de un daño cuyo resarcimiento legitima la pretensión de representar el todo. Así, la comunidad legítima que produce la articulación populista, “se ve a sí misma como una particularidad que asume la representación del todo comunitario en nombre del daño que la comunidad le ha provocado, manteniendo vigente la ruptura e integración hegemónica” (Barros, 2013: 63).

Con esto en mente, podemos re-describir al populismo como un proceso que requiere tanto de identificaciones (populares) como de articulaciones (populistas). Pivoteando sobre ese matiz procesual del populismo, la atención de nuestro análisis estará no sólo en las instancias oficiales de construcción de sentido del discurso con pretensiones hegemónicas, sino también, y de modo constitutivo, en los momentos de recepción activa de esa discursividad. La dinámica populista vuelve posible la inclusión de nuevas demandas que se vuelven parte de la cadena articulada por un significante hegemónico, el que se arroga la representación comunitaria a partir de cierto daño que esa comunidad le ha infligido. No obstante, ello no supone un desconocimiento absoluto de los contenidos particulares de cada diferencia articulada, sino, como hemos mencionado, la preservación de esa tensión constitutiva entre parte y todo que subyace a toda configuración comunitaria, y que el discurso populista mantiene y en ocasiones acentúa.

Una vez que hemos ubicado las coordenadas de nuestro análisis, en lo que sigue analizaremos dos cartas enviadas a Perón por productores agropecuarios del sudeste de la provincia de Córdoba. En el corpus delimitado observaremos el modo en que se desenvolvió la articulación populista en un juego de identificación y desidentificación de los remitentes respecto del discurso peronista. Subrayaremos la ambivalencia con que se posiciona el enunciador, entre la demanda particular, por un lado, y la alusión a la justicia social y al obrero como nombres hegemónicos para una sociedad argentina plena, por el otro. Consideramos que allí se preserva la tensión entre la parte diferencial y el todo comunitario, donde la exigencia de la primera se sostiene sobre la denuncia de una injusticia que merece ser resuelta en nombre del segundo. En este punto, conjeturamos que la posibilidad de esta ambivalencia es una marca de la apertura habilitante con que la articulación populista configura los límites de la comunidad política, es decir quiénes están autorizados a esgrimir argumentos válidos en el espacio público (Barros, 2017).

Esta redefinición del populismo conlleva una atención novedosa sobre entornos locales para avanzar en la problematización del fenómeno peronista. No obstante, no procuramos aquí apuntar a una historia local de cierta región del país, la región sudeste de la provincia de Córdoba en este caso, durante el primer peronismo, sino que nos interesan las dinámicas simbólicas puestas en juego en dos movimientos concomitantes. Por un lado, el juego de identificación y desidentificación con el peronismo que podemos analizar en cartas con un marco geográfico similar, la zona pampeana cordobesa. Esto es, un espacio con una relativa estructuralidad ampliamente compartida en función de las actividades económicas agrícolas, características demográficas, estructuraciones sociales y trayectorias históricas recientes, como, por ejemplo, la inmigración norte-italiana de finales del siglo XIX (Ferrero, 1998; Olivera et al, 2014). Por el otro, la indagación de las cartas relevadas nos permite detenernos en el modo en que los remitentes interpretaban sus situaciones más próximas y cotidianas a partir de un prisma de sentido política y conflictivamente mediado. Entonces, pretendemos avanzar en un modo de interrogación sobre fuentes no tradicionales -incluso fragmentarias y elusivas- para reeditar la pregunta por el carácter populista del peronismo en sus alcances locales, pero sin indagar en la especificidad de esos marcos geográficos, sino reteniendo la similitud contextual de las cartas como un reaseguro metodológico que permita concentrar la atención del análisis en la dinámica político-discursiva de las misivas.

3. HABITAR LA AMBIVALENCIA PARA TOMAR LA PALABRA

3.1 Entre el obrero y el capital

El 3 de diciembre de 1951, en una alocución radial, Juan Domingo Perón realizó un llamado general a la ciudadanía para que enviase solicitudes y sugerencias para ser incluidas en el Segundo Plan Quinquenal que estaba en preparación7. En una carta, el productor agropecuario Pedro Filippa, de Las Acequias (Departamento Río Cuarto, sureste de la Pcia. de Córdoba), demandaba algunas medidas relativas al precio de la producción. Desde comienzos del gobierno de Perón, se había puesto en funcionamiento el Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio (IAPI) que, al monopolizar el comercio exterior argentino, implementó una política de precios sostén para la exportación argentina. De esa manera, el Estado definía los valores de los cereales sin considerar los precios establecidos por los mercados de granos.8 En ese marco, la nota del productor agropecuario Filippa planteaba una serie de demandas:

1° Ponerle más presio a los Cereales por ser una riqueza tan grande para la Nación. Los presios tendrían que estar por ensima de los demás artículos sin embargo no alcansa al nivel que debe llegar. Yo que estoy en una Chacra estoy viendo que se están rematando semanalmente muchas chacras. Se van los Chacareros del Campo y esto ay que tratar de evitarlo que el Productor Agrario tenga más interés de trabajar el Campo que si se sigue asi pasando unos pocos años no va aber trigo ni para semilla. (Archivo General de la Nación, Secretaría Técnica [AGN, ST], Legajo 041, Iniciativa 9959)9.

La crítica a la intervención del mercado de granos luego de la emergencia provocada por la Segunda Guerra Mundial era una constante de parte de las corporaciones rurales como la Sociedad Rural Argentina (SRA), o la Federación Agraria Argentina (FAA), pero también de las asociaciones cooperativistas. Consideraban la regulación como una afrenta contra la libertad de comercio, mientras que las agrupaciones de productores sostenían que ello era una confiscación del producto de su esfuerzo y una obstaculización del trabajo rural que terminaba ocasionando la emigración del trabajador hacia las ciudades (Sowter, 2013). Sin embargo, en este primer punto, Filippa no critica frontalmente a la política del gobierno. Reclama, en cambio, mejoras sobre la regulación implementada: un aumento del precio de los cereales hasta “donde debe llegar”, es decir, un valor mayor al del resto de los artículos, que incentive a los productores agrarios a seguir trabajando el campo y no emigrar. En este punto, Filippa valida su argumento utilizando términos que estructuraban relativamente el marco de sentido sobre la problemática. Como vimos, desde fines de los 40 la narrativa oficial planteaba que era cada vez más urgente que se aumente la producción agrícola para hacer frente a los desequilibrios de la balanza de pagos. Al menos en la primera parte de la carta, el chacarero demanda una suba de los precios para incentivar así la producción y evitar el vaciamiento de la producción rural, esa situación límite en que no habría “trigo ni para semilla”.

El productor agrario esgrimía su palabra en tanto un miembro más de una comunidad que estaba siendo dañada por la regulación estatal. No era la chacra propia la que estaba en peligro, es decir que la carta no estaba motivada por una cuestión netamente particular, sino por la delicada situación generalizada de su medio local. Al intervenir en el espacio, Filippa se arrogaba la capacidad de interpretar lo que sucedía a su alrededor, comunicárselo al gobernante y señalarle, aún de modo velado, una falta. Al hacerlo, retomaba los términos disponibles desde el discurso peronista ‒aquellos de la regulación de precios y la necesidad de producir10‒ pero con una torsión específica. En efecto, la demanda no termina allí. Filippa sugiere:

2. Pagarle al Productor un tanto por hectárea de asada, rastra, siembra y por los demás cuidados y cultivos para que le recompense por el año que no se cosechare por sequías, pulgón, roya y otras plagas que afectan en la Agricultura. Porque nosotros los Chacareros somos los que más trabajamos y somos los Obreros que menos ganamos de acuerdo al Capital que tenemos en movimiento. Veamos porque:
Se ara, se siembra, se carpe, y para desirlo todo, el Chacarero trabaja de Enero a Diciembre, no 8 horas por día, sino de 12 a 14 h todos los día inclusive Sábados ingleses y Domingos. Trabaja la mujer, los hijos y todos estos en el supuesto caso que no se cosecha quedan sin sueldo. An trabajado durante un año y no an ganado nada. (AGN, ST, Legajo 041, Iniciativa 9959).

En el desarrollo de la misiva comienza a desplegarse el carácter ambivalente de la identificación de Filippa. Sigue reclamando del Estado mayor presencia: no sólo que aumente el precio del producto vendido, sino también que se pague “al Productor” directamente por el trabajo realizado sobre la tierra, sin contemplar la venta efectiva del grano en aquellos casos que -por diversos motivos que él mismo enumera- se quede sin producción. La injusticia en el caso particular según Filippa es que los “chacareros” trabajan, y por eso son “obreros”, pero no ganan lo suficiente de acuerdo a su “capital […] en movimiento”. La lógica de la producción que rinde cierta ganancia y que conlleva cierto riesgo (tácitamente deslizado al plantear las muchas causas por las que no se cosecharía) es desplazada por la del pago de un “tanto por hectárea” en función del trabajo realizado. Ese deslizamiento semántico supone interpretar al productor, o chacarero, como un obrero que no recibe lo suficiente por su esfuerzo, al que define extensamente a continuación: trabajando todo el año, todos los días, más de 8 horas, es decir, en peores condiciones que las defendidas por la legislación nacional y el discurso peronista.

La injusticia que enuncia el productor muestra el deslizamiento de la lógica de la inversión/riesgo/ganancia, que sería propia del dueño del capital, hacia la de trabajo/esfuerzo/sueldo, es decir un desplazamiento de sentido sobredeterminado por la figura del obrero como significante hegemónico del discurso peronista. El sujeto enuncia su reclamo -esto es, encarna su injusticia- en la tensión entre la posición en el entramado productivo como productor autónomo, que decide tiempos y formatos de trabajo, y su auto-identificación como obrero en la Argentina peronista, donde los trabajadores se erigen en destinatarios específicos del discurso de gobierno11.

No sólo entonces Filippa pide más precio para su producto, en una demanda entendible por el lugar que ocupa el individuo en una estructura económica dada, con una regulación estatal que contaba con varios años de funcionamiento, retomando significantes y argumentos disponibles para justificarse. También pide que se lo considere como un obrero que merece ganar por todo loque trabaja. La dinámica populista de configuración comunitaria, tal como la delineó Laclau (2005), puede observarse en la relación equivalencial en que entra la demanda particular del productor agrícola, y que produce una reinterpretación de su propia condición económica. Filippa se dirige al Estado nacional no como un empresario sino como un esforzado trabajador que merece una recompensa proporcional al esfuerzo que realiza para producir. No obstante, el componente diferencial no desaparece, sino que se mantiene en una tensión inerradicable al interior de la articulación populista (Barros, 2017). En esa tensión se ubica el remitente. Por un lado, la ambivalencia con que Filippa se incluye en la parte y en el todo, productor y obrero respectivamente, que invierte, pero también se esfuerza y se convierte en merecedor de la atención gubernamental. Por el otro, el modo en que ese individuo encuentra un espacio de enunciación en que se arroga la capacidad para intervenir en la toma de decisiones colectivamente vinculantes como parte de la comunidad política, a partir de una injusticia ‒esto es, que no se le reconozcan sus esfuerzos como trabajador‒ que lo excluye en los hechos.

Pero la injusticia no es sólo por la escasa ganancia en función del esfuerzo realizado. En épocas de cosechas buenas, donde la lógica de la ganancia producto de la inversión debería satisfacer al productor, Filippa explica12 que

luego viene que se cosecha una Cosecha mediocre este ay que dividirla con todos los acreedores y Personal de sindicatos, que estos se ganan de 80 a 110 pesos por día c/u sacando Bolsas del rastrojo. Que a mi modo de entender es mucha ganancia de 3 a 4 pesos la Cuadra para un hombre que trabaja sin capital… (AGN, ST, Legajo 041, Iniciativa 9959).

La injusticia adquiere ahora un nuevo matiz, porque tanto acreedores como “Personal de sindicatos” se quedan con una parte excesiva del beneficio, teniendo en cuenta que estos últimos “trabaja[n] sin capital”. Aquí la parte adquiere preponderancia sobre el todo: la figura generalizada del ‘obrero’ se ve condicionada por el riesgo que cada individuo pone a lo largo del proceso productivo. El que trabaja sólo con su propia fuerza de trabajo no podría ganar más, según Filippa, que aquél que invierte. Allí radica otra injusticia que se solapa con la primera, pero que no emerge por la expansión del significante obrero hacia una situación particular, la del productor agrario, sino por la coexistencia de otro principio de establecimiento del mérito, la posesión de capital. La equivalencia del obrero encuentra su límite en la diferencia del productor al momento de distribuir los recursos de la actividad agropecuaria.

Entonces, al escribir su opinión, el chacarero distingue a los trabajadores del “personal de Sindicatos”, por un lado, de los que trabajan con riesgo, como él mismo, pero más en general como todo un colectivo que él pasaría a expresar, por el otro. Al introducir esta diferencia, Filippa pone en acto la tensión entre la parte -su parte- y el todo, el nombre del obrero que representa a la nueva Argentina peronista, como agente de un sacrificio, objeto de un daño y merecedor de la atención comunitaria. Filippa hace de la tensión entre parte y todo el lugar para construir su posición de enunciación, porque él también, y con él un “nosotros” amplio e indeterminado, exige la atención del gobierno peronista.

Dentro de esa posición de enunciación, situada entre la parte y el todo, Filippa exige también libertad en nombre de un colectivo de productores que se distinguen por no ser “personal del sindicato”:

3. Se debe dejar libertad al Productor de ayudarnos entre nosotros para levantar una cosecha emparve de alfalfa y otros trabajos sin tener la obligación de sacar personal del sindicato. En pocas palabras fijarles los salarios pero que no tengamos la obligación de emplearlos. Que así en esta manera nosotros los Productores ayudándonos unos a los otros tenemos nuestros Productos menos costosos y más tranquilidad en el Campo… (AGN, ST, Legajo 041, Iniciativa 9959).

El trabajo familiar o compartir peones entre productores rurales era una costumbre en la producción agrícola hasta la implementación del Estatuto del Peón Rural. Esta legislación generó, así como reactivó, múltiples puntos de conflicto en escenarios rurales, debido a que regulaba la contratación de peones y establecía cánones fijos para pagarles. Además, las Delegaciones Regionales de la Secretaría de Trabajo y Previsión que estaban a cargo de su implementación, en fuerte sintonía con los sindicatos de obreros y autoridades locales, interpretaban supletoriamente la ley impidiendo el trabajo familiar o cobrando por trabajos no realizados por peones a los productores. Eso provocó numerosas críticas debido al aumento de la conflictividad social entre productores y peones (Groppo, 2009: 189-192).

Filippa habla así de una situación conocida por parte de los habitantes de las localidades rurales del sur cordobés. Desde la misma implementación del Estatuto del Peón Rural, las corporaciones agrarias lo habían rechazado utilizando términos vinculados al carácter oneroso en una actividad con muy pocos márgenes de ganancia13. Así como comenzaba la misiva, el remitente finalizaba su demanda recuperando un lugar bien definido dentro de la estructura productiva. El productor podía abaratar sus productos si evitaba pagar al “Personal del Sindicato” y aprovechaba la solidaridad de otros productores. Esto tendría efectos sociales ya que redundaría en mayor “tranquilidad en el campo”, en momentos en que las exigencias de mayor producción para contrarrestar los problemas económicos del país la volvían un requisito indispensable.

A lo largo de la carta, la identificación se desarrolla en la ambivalencia entre una posición definida, diferencial, con atribuciones específicas (libertad para definir el uso de fuerza de trabajo que incide en los costos de los productos, mayor precio de cereales que son definidos estatalmente) y su interpretación de esa posición como un obrero más, que merece una mejor retribución por los trabajos que realiza. En el nudo particular de esa identificación política se entrecruzan así tramas que aparecen aquí de un modo abigarrado.

El productor rural asume su participación pública proveyendo de información para modificar una situación dada, retomando las palabras de la narrativa oficial para dar cuenta de una injusticia de doble aspecto: por su carácter de obrero, por un lado, y por ende de sujeto moralmente digno y merecedor de retribución justa, y por su carácter de productor, por el otro, y por ende emprendedor libre que requiere condiciones para llevar adelante su empresa del modo que él crea conveniente. En la enunciación colocada sobre esa ambivalencia que no se termina de clausurar, podemos observar las implicancias identitarias del peronismo como populismo: aun distanciándose en varios puntos de la narrativa oficial, la demanda de Filippa al gobierno peronista se construye bajo la forma de una reivindicación del remitente de constituirse en parte de la comunidad, sin negar la capacidad de otros (“personal del Sindicato”), sino ampliando los límites de quienes pueden actuar públicamente.

3.2. Entre el cálculo y la soledad

En otra de las misivas enviadas a Perón de parte de productores agrícolas de la zona pampeana cordobesa se pone en cuestión una de las políticas más relevantes para la producción agrícola durante el peronismo, como fue la implementación de líneas de crédito para la compra de maquinaria con las que se promovía la “modernización del campo”. Además, la política oficial definía los precios de la leche, manteca y caseína en el marco de la intervención implementada desde el IAPI (Girbal-Blacha, 2008; Lattuada, 1986; Olivera, 2011). Productores rurales de El Tío (Departamento San Justo, al este de la Provincia de Córdoba) planteaban una interpretación particular de esta política en una carta enviada a Perón en el marco ya mencionado de la convocatoria radial del 3 de diciembre de 1951. Allí, los Brunotto exponen las penurias de una chacra mixta, que combinaba la cosecha con la cría de animales y la extracción de leche:

Aprovechando fasilidad puesto a de la campaña por su discurso radial de fecha 3/12 para ponerle al tanto de los probleme que se nos precentan me es grato dirigirme a su Ecselencia y hacerle notar de las dificultades que tenemos… (AGN, S. T., Legajo 2, Iniciativa 9614).

La carta inicia en términos formales la exposición de problemas y dificultades en el medio local, anticipando el tono quejumbroso de la misiva. Hay allí un estilo suplicante (Fitzpatrick, 1996) e informativo a la vez. Se presentan como dueños de una chacra en que cosechan y crían animales:

somo propietarios de una pequeña fración de campo… Sr presidente desgraciadamente en los últimos 4 años no sea echo nada de cosecha y con anterioridad, como seguramente obra en sus estadística, en los últimos 10 años sea cosechado en 4 ocaciones y para remache acabamos de pasar un año desastroso … y el año que pasamos el campo quedó agotado por lomeno un 50% de vacunos y es lo que salvava la situación y lo poco que quedan deverian de venderse a 2 peso el kilo por lo que han costado para salvarlos entre pastaje y foraje cuestan 1 peso el kilo, y la leche pagan 23 ctavos el litro tampoco yega cubrir los gasto deveria venderse a 40 el litro para poder aliviar la situación (AGN, S. T., Legajo 2, Iniciativa 9614).

Los Brunotto exponen un saber que deviene de su propia experiencia como “propietarios de una pequeña fracion de campo”. Incluso pretenden ratificar los datos que ponen en conocimiento del presidente aludiendo a las estadísticas gubernamentales. Ese saber tiene que ver con la calidad de las cosechas de los últimos años, pero también con lo que debería ser el precio de sus productos. Informan de los gastos que implica el kilo de carne y el litro de leche. En este punto, como en la carta analizada anteriormente, los Brunotto no pretenden criticar la fijación de precios, sino incidir en ella aumentando el valor de los bienes que vendían. Es decir, el tono plañidero de la misiva no responde a una crítica frontal respecto del sentido de la política (por ejemplo, en una clave dicotómica entre intervención ilegítima y libertad de comercio, como ya vimos que era difundido entre las asociaciones opositoras al gobierno nacional), sino a la pretensión de influir en una suba del precio de la carne o leche vacunas teniendo en cuenta el costo de los factores incluidos en la producción. La injusticia que los Brunotto ponen en palabras, en este pasaje, parece estrictamente económica: los precios pagados por el Estado nacional no cubren los costos, y la situación climática no mejora la situación. El aumento de precios para los productos agropecuarios es una demanda específica, diferencial y comprensible desde una perspectiva económica, que se acompaña con un tono de desaliento cada vez más marcado.

No obstante, la misiva no se agota en ese reclamo, sino que a reglón seguido se describen otras injusticias:

y a[de]más que el campo ya no ay gente para trabajo de chacra ay que aserlos con las criaturas y mujeres para aver se vamos aser una cosecha linda para el bien de nosotros y de la nación, pero deste paso no podemos seguir porque el colono trabaja 14 ora por dia y después de un año de trabajo queda en deuda una suma fabulosa que no se levantamos jamas” [Cursivas agregadas]
Para mi conocimiento ubiera tractor a bajo precio todavía podríamos seguir pero en cambio se gastamo la vida y lo poco que uno onra con tanto sacrificio, claro es que el campo los hijo se crían asta los 20 año no conocen el sine ni deverciones es por eso que pagamos las consecuencias todos buscan de hir a trabajar a las suidad y gracia que tenemos un Presidente que piensa para todo que ay acuerdo crédito Bancario que si no fuera desos créditos ya no bria la mitad en el campo y esperamos que acuerde créditos a largo plasos y con bajos hinteres para poder seguir firme y trabajar y aser patria a la grandesa de la Nación y de nuestro seclentisimo Sr. Presidente (AGN, S. T., Legajo 2, Iniciativa 9614. Cursivas agregadas)14.

La posición enunciativa de los Brunotto, en términos similares a la misiva de Filippa, habla en nombre de un colectivo mayor que experimenta estas dificultades, cuyo carácter crítico, tanto así que “deste paso no podemos seguir”, obliga a los hermanos a expresarse, aun transmitiendo un mensaje que puede incomodar a la autoridad, y al que intercalan con obvias alusiones positivas sobre la figura del gobierno nacional y sobre Perón.

Analizando los términos de la carta, parece haber una confusión al interior del argumento entre el sacrificio del trabajo rural, la incertidumbre sobre el resultado de la producción, la necesidad de que continúen las facilidades crediticias15 y la migración de los hijos debida a que no tienen diversiones suficientes. Los Brunotto alternan, sin jerarquía, un problema económico, otro demográfico y una cuestión social. La demanda recurrente es la continuidad de una mayor facilidad (“créditos a largos plasos y bajo hinteres”) para financiar compra de maquinaria agrícola, como tractores, aunque esto no resuelva la migración de los jóvenes, y por ende la falta de mano de obra16.

No obstante, es el sacrificio del trabajo rural lo que subyace a estos diversos momentos de la carta. La cantidad de horas de trabajo, la inseguridad de la producción y la falta de oportunidades para el esparcimiento explica los múltiples problemas de la zona, y al mismo tiempo esa misma abnegación justifica los reclamos del remitente. En tanto trabajador, el productor rural debería gozar de medios de recreación cultural como los que se ofrecían en las ciudades y cuyo consumo el propio gobierno peronista incentivaba. Ello retendría a los jóvenes en el campo, sostendría la mano de obra y aliviaría en algo la coyuntura de los Brunotto y de todos los habitantes de la zona rural. Al mismo tiempo, la ayuda financiera y económica era necesaria para soliviantar los problemas locales, para asegurar un piso mínimo de ganancia que evite que los chacareros se gasten “la vida y lo poco que uno onra con tanto sacrificio”.

Es notable a lo largo del escrito una concatenación de argumentos disímiles y heterogéneos entre una demanda económica concreta, típica de un actor racional que solicita mejores precios a sus productos, facilidades de financiación y descuentos en la compra de maquinaria, por un lado, con el problema de la falta de “diversiones” que provocan el éxodo y la ausencia de mano de obra, por el otro. Ahora bien, esa imprecisa descripción de una situación injusta no supone necesariamente la confusión de un productor con escasos conocimientos (aunque los errores de ortografía serían un buen ejemplo para fundamentar esto último). Como vimos en el inicio de la carta, Brunotto pretende ilustrar en algunos aspectos al presidente con datos e incluso con sugerencias de precios en función de costos de producción. En suma, es posible decir que Brunotto sabe de qué está hablando. Esa confusión y ambivalencia puede, entonces, no endilgarse a la ignorancia. En cambio, puede interpretarse como fragmentos de una identificación que no se agota estrictamente en una cuestión económica. Muestra allí un escenario de injusticia que excede a lo económico, y que tiene que ver con la propia relación de las familias productoras con el territorio que habitan. Al hacerlo, Brunotto retoma los términos que estructuran el discurso oficial: es el sacrificio de los trabajadores, en tanto exponentes de la Nueva Argentina peronista, lo que merece ser recompensado con mejoras en su calidad de vida, por un lado, y lo que habilita a la demanda particular, económica, por el otro. Recuperando una vez más los efectos del peronismo como populismo, esa ambivalencia en la que pivotea Brunotto se vuelve posible por ese carácter tensionado que la articulación populista mantiene entre la parte y el todo. La plenitud nombrada por el peronismo de una mejora en la calidad de vida para los trabajadores es contrastada con la interpretación de la realidad individual de Brunotto. Ahora bien, de ese contraste no se sigue la pura crítica que develaría una mentira en el peronismo, sino que emerge en cambio una identificación parcialmente influenciada, sobredeterminada por el discurso peronista. Los Brunotto demandan como productores, en nombre de los trabajadores que merecen vivir mejor, dándole a esto último el sentido de permanencia en el territorio, con diversiones, con “cine”. La carta de los Brunotto expone sin interrupción la posibilidad de exigir no sólo facilidades económicas sino progresos generales en el modo de vida de los trabajadores, tal como sucedía en las ciudades, donde el creciente consumo popular de espectáculos antes reservados a las clases pudientes fue una de las marcas más visibles de la transformación del gobierno peronista.17

La aparente heterogeneidad de razones que provee el remitente guarda así cierta lógica interna que se sostiene por el nudo que trama el sujeto de la carta retomando términos del discurso peronista, pero distinguiéndose parcialmente de él. Brunotto expone una situación angustiante por el éxodo poblacional, que obliga a recurrir al trabajo familiar y al exceso en la jornada laboral. Sobre este trasfondo el reclamo por más créditos se lee como un salto de sentido, desde una experiencia traumática hacia una demanda económica estratégica. Sin embargo, es esa “dificultad” que viven los Brunotto la que legitima, para ellos, su intervención pública, es decir, la que la convierte en una palabra válida para procurar influir en la vida de la comunidad. Como en el caso anterior, entre la forma de representación que articula el peronismo y las identificaciones particulares que rastreamos en las cartas se verifica la encarnación de una ambivalencia entre parte y todo en nombre de un daño que se hace presente, y a partir del que los autores de las misivas pretenden incidir en el espacio público.

4. CONCLUSIÓN

El análisis de las misivas enviadas a Perón en diversos momentos de su gobierno por parte de ciudadanos “de a pie” constituye un archivo central para el estudio de la dimensión simbólica de este fenómeno. En particular dentro de la literatura existente sobre primer peronismo y sectores rurales, este análisis permite incorporar nuevos elementos para la discusión, en ciernes, sobre su caracterización como un caso paradigmático de populismo. Lo primero a destacar es que la lectura de la superficie discursiva expuesta en estas misivas no muestra de manera homogénea una auto-identificación transparente que expresa sus intenciones en función de un cálculo previo y retomando sin más los términos disponibles en su contexto. Lo que observamos en las cartas es, más bien, un entrecruzamiento de tramas de sentido abigarrado y singular, donde los remitentes hacen uso de las palabras existentes para interpretar la (in)justicia de una situación y desde allí delinear una posición enunciativa que habilite la intervención pública expandiendo los límites de la comunidad política.

Hemos distinguido en las identificaciones políticas dos rastros que hacen a la forma específica de la articulación populista. En primer lugar, la escritura se sostiene sobre la tensión entre el pedido que deriva de una determinada posición social, y la inclusión de ese reclamo en un discurso que construye su fuerza de interpelación a partir de la universalización de una figura particular, la del obrero. En segundo lugar, en esa enunciación se disputa la definición de aquellos habilitados para ser parte efectiva de la configuración comunitaria. Los sujetos se arrogan en ese mismo acto la igual capacidad para imputar sentido a una situación que los atraviesa y, a partir de ahí, comunicarla al Estado para que se resuelva. De este modo, los remitentes habitan la tensión que el discurso populista del peronismo sostiene, la distancia entre el límite preestablecido de la comunidad política y aquellas posibles expansiones del conjunto de quienes pueden hablar, verídicamente, al interior de la misma.

Estos rastros subrayan que el populismo es un proceso que se despliega en el juego dinámico entre identificaciones y articulaciones de sentido, tanto en su emergencia como en la persistencia de ese anudamiento que produce efectos identitarios como los aquí analizados. En ese juego del populismo, al menos en lo que las cartas analizadas nos permiten argumentar, se produce una disputa por la distribución de prerrogativas y posiciones que los propios remitentes insisten en dejar abierta. Allí radica una de las dimensiones más relevantes del peronismo, sobre el que podemos echar luz si asumimos a la política en su carácter discursivo, conflictivo y no lineal, y cuyas implicancias en términos de identificación política nos permite comprender algo mejor las razones de su persistencia en la política argentina.

Notas

1. Una problematización en este sentido también puede encontrarse en Ansaldi 2000; Balsa 2006; Muzlera 2009.

2. Palacio (2008) apunta a cuestiones similares al analizar la política peronista en la resolución de conflictos judiciales en entornos agrarios. El autor sostiene que “en el terreno de las relaciones sociales, de la vida productiva y de lo que podría llamarse ‘la experiencia del Estado’ de los diferentes actores sociales, los gobiernos peronistas representaron una ruptura con el pasado muy profunda, que se revela en las prácticas de los diferentes actores con respecto a la ley, las nuevas normas y en el uso de las nuevas instancias administrativas […]” (Palacio 2008: 3).

3. En este punto aclaramos que nuestra alusión a la posición o el lugar de enunciación se relaciona con la definición que realizan Verón y Sigal (2008) en tanto el enunciador es “la imagen del que habla” (2008: 23), y no es el emisor en tanto entidad material. De allí que en cada misiva analizada se construya una posición de enunciación, y que al analizar ese modo de construcción sea posible derivar algunas características del tipo de discurso político que los remitentes ponían en uso. No obstante, nuestro acercamiento a las cartas bajo escrutinio sólo recupera esta dimensión del método semiótico.

4. La TPD se define, en términos generales, como un programa de investigación, basado en los desarrollos teóricos de Laclau y Mouffe (2004), cuyo objetivo “se centra en la idea de que todos los objetos y prácticas tienen un significado, y que los significados sociales son contextuales, relacionales y contingentes […] las identidades de los agentes sociales están constituidas dentro de estructuras de práctica articulatorias y los sujetos políticos surgen cuando los agentes se identifican nuevamente bajo condiciones de dislocación” (Howarth, 2005: 39). Para otras referencias sobre los alcances de la TPD y sus principales características, véanse Howarth, Stavrakakis, y Norval, 2000; Howarth, 2013; Saur, 2012.

5. Mayores referencias sobre la ontología discursiva como fundamento de la Teoría Política del Discurso exceden los límites de este trabajo. Véanse Laclau y Mouffe (2004); Laclau (2000; 2005), entre otros. Esta discursividad ontológica, o constitutiva, no desconoce la existencia efectiva de las prácticas o, más generalmente, de las entidades en el mundo, sino que subraya que su existencia en un entorno social dado siempre estará condicionada parcialmente por su inserción en un determinado discurso, o por el conflicto establecido en torno a una imputación específica de sentido. Para más detalles, véase Laclau y Mouffe (2000).

6. Esta específica configuración de la comunidad se distingue, por ejemplo, de la articulación democrática liberal o de la autoritaria: “la tensión irresoluble presente en una articulación populista no se encuentra en las articulaciones de impronta democrática o autoritaria. En estos dos casos, la tensión es obliterada” (Barros 2013: 63). La primera porque, “la tensión inicial frente de la emergencia de un nuevo sujeto se resuelve en la transformación de ese sujeto en una particularidad que asumirá de forma consciente la representación circunstancial del espacio comunitario” (Barros 2013: 60). La segunda, en tanto “la tensión se resuelve en la aparición de un sujeto que fundaría un orden universal que, esencial y necesariamente, representaría al conjunto, sin particularidades” (Barros 2013: 60).

7. Todas las misivas analizadas aquí fueron enviadas en este contexto. Hay ya análisis sobre estas cartas desde diversas perspectivas en, entre otros, Elena (2005), Acha (2004), AUTOR/A (2014), Guy (2016), Barros et Al. (2016), Vargas (2016).

8. Existe abundante literatura al respecto. Véanse Lattuada (1986), Girbal-Blacha (2008) y Sowter (2013).

9. En todas las citas textuales de las cartas relevadas respetamos la escritura original.

10. Estos términos aparecían profusamente en el discurso oficial del gobierno peronista. Pueden observarse en un mensaje pronunciado por Perón el 23 de febrero de 1950 ante dirigentes de las cooperativas agrarias de la Provincia de Buenos Aires, donde expresaba que la intervención estatal en el agro apuntaba a mejorar “todavía más los precios a medida que el costo de vida aumente, de manera que el chacarero esté perfectamente compensado y que, si no puede tener ganancias extraordinarias un año, tampoco tenga pérdidas extraordinarias otro año. Ese equilibrio es la base del progreso del campo; sin él, el chacarero está expuesto permanentemente a cualquiera de esas contingencias que pueden llevarlo a la miseria y a la desesperación, no sólo a él, sino a su familia y a cuantos trabajan en el campo” (Perón 1950).

11. De las numerosísimas referencias en discursos de Perón a la centralidad de los obreros en la distribución de los recursos, es posible citar: “cada trabajador debía obtener compensación moral y material por su trabajo y recibir niveles apropiados de bienestar” (Discurso de J. D. Perón el 01/05/1944, citado en Groppo 2009: 185).

12. Filippa construye su carta como una enumeración de razones del problema, claramente definido en su “Veamos porque”. El remitente expresa un saber que reclama ser tenido en cuenta para futuras políticas sectoriales, y que está atravesado por heterogéneas tramas de sentido. Queda para futuras investigaciones analizar la relación a trazar entre esa racionalidad en el despliegue subjetivo que busca incidir en la definición política y la articulación populista.

13. Groppo cita a una carta que envían desde la FAA al entonces presidente Edelmiro Farrell, en un tono muy similar: “Somos ex peones y si no pagamos es porque no nos alcanza […] vivimos con nuestras familias en el campo y en esas familias es necesario tener un patrón que mande y un trabajador que obedezca” (La Nación, 05/11/1944, en Groppo, 2009: 192).

14. El problema de la migración hacia las ciudades de las poblaciones jóvenes aparece en variedad de otras misivas del sudeste cordobés, como por ejemplo AGN, ST, legajo 065, iniciativa 6265 y legajo 070, iniciativa 8313.

15. Los Brunotto retoman palabras que la dirigencia peronista esbozaba frecuentemente. En el discurso ante los dirigentes de cooperativas agrarias, en febrero de 1950, Perón planteaba que “Lo que necesitamos es producción. […] Este año necesitamos aumentar la producción actual en un 33 a 35 por ciento, en todos sus aspectos. El gobierno va asegurar al chacarero precios perfectamente razonables y remuneradores; va a poner a su disposición todo el crédito que necesite y va a facilitarle también, en las mejores condiciones, la adquisición directa de maquinarias…” (Perón 1950).

16. Aquí incluso es posible notar los efectos en la interpretación de Brunotto del cambio de política económica vinculada al agro luego de 1949, y que es un común denominador en los análisis sobre la época (Lattuada 2002). El énfasis en la producción para la “grandeza de la patria” también puede constituir una resonancia del discurso peronista que subrayaba la centralidad de la producción primaria para el crecimiento económico del país, tal como se puede observar en el mensaje de Perón de 1950 ante cooperativistas agrarios.

17. El impacto de la promoción de consumos culturales en sectores populares por parte del gobierno peronista ha sido analizado en la bibliografía especializada, entre otros, por Gené 2005, Karush y Chamosa 2010, o Milanesio 2014.

REFERENCIAS

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38. Vargas, Mercedes. Entre el sujeto y su líder. Un análisis de los efectos políticos del discurso peronista en Santiago del Estero (1944-1955). Tesis doctoral para optar por el título de Doctora en Ciencia Política. Córdoba: Centro de Estudios Avanzados, UNC, 2016.

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