Informalidad en la estructura de clases de Argentina: ¿Es el proletariado informal una nueva clase social?

ARTÍCULO

Informalidad en la estructura de clases de Argentina: ¿Es el proletariado informal una nueva clase social?1

 

Rodolfo Elbert
elbert.rodolfo@gmail.com
CONICET; Instituto Gino Germani - Universidad de Buenos Aires. Argentina

Recibido: 03|02|15
Aceptado: 26|10|15

 


Resumen
Tienen larga tradición en la sociología latinoamericana los debates acerca de la existencia de diferencias estructurales al interior de la clase obrera debido a la alta informalidad del mercado de trabajo (Portes, 1985; Salvia, 2012). A diferencia de las perspectivas predominantes en la sociología, sostenemos que trabajadores formales e informales constituyen dos segmentos significativos de la clase obrera debido a que su posición estructural los vincula al mismo tipo de intereses objetivos de clase (Wright, 1983; 1997; 2015). Este artículo forma parte de un proyecto más amplio que se propone estudiar el proceso de conformación de este interés común de clase a través de vínculos estructurales, culturales y organizativos entre ambos grupos de trabajadores. En particular, el artículo analiza los vínculos entre trabajadores formales e informales en la estructura social tal como se expresa en sus trayectorias laborales y la composición de sus hogares, para una muestra probabilística de la población económicamente activa de Argentina en el año 2007. El supuesto que guía el análisis es que, más allá de su diferente inserción en el mercado de trabajo, ambos grupos de trabajadores comparten profundos vínculos estructurales al nivel de las trayectorias laborales y la conformación familiar. Se emplea el esquema de clases propuesto por Wright (1997), ya utilizado en análisis de la estructura social Argentina (Jorrat 2000). Con el objetivo de estudiar la prevalencia de estos vínculos se analizan los datos de la “Encuesta Nacional de Estratificación y Movilidad Social en la Argentina”, realizada en 2007 por el CEDOP-UBA, dirigido en ese entonces por el Dr. Raúl Jorrat. La muestra es un diseño probabilístico multi-etápico de la población argentina de 18 años de edad o más (N=3314). La muestra utilizada en esta análisis está conformada por individuos entre 25 y 65 años de edad, que formaban parte de la fuerza de trabajo al momento de la encuesta (N=2035).

Palabras clave: Clase obrera; Informalidad; Estructura de clases; Análisis de clases sociales; Argentina.

Informality in the class structure of Argentina: Is the informal working class a new social class?

Abstract
The prevailing class analysis of Latin American societies defines informality as a class cleavage that divides the working class (Portes, 1985; Salvia, 2012). In disagreement with this interpretation, this research sustains that formal and informal workers share a common class interest, and therefore are two segments of the same social class (Wright, 1983; 1997; 2015). This article is part of a larger research project that aims to study the structural, organizing and cultural links between these two groups of workers. In particular, this article analyzed biographical and family linkages that connected formal and the informal workers in Argentina (2007). I used survey data from the “Encuesta Nacional de Estratificación y Movilidad Social en la Argentina” (ENES), applied in 2007 to a multistage probability sample of the Argentine population. Data allowed to measure the class schema proposed by Erik Olin Wright (1997), already applied to Argentina data (Jorrat, 2000). The sample used in this analysis consists of individuals between 25 and 65 years old, who were part of the employed labor force at the time of the survey (N=2,035). The paper explores the implications of this evidence for debates around the class position of informal workers.

Key words: Working Class; Informality; Class Structure; Class Analysis; Argentina.


 

1. INTRODUCCIÓN

Tienen larga tradición en la sociología latinoamericana los debates acerca de la existencia de diferencias estructurales al interior de la clase obrera debido a la alta informalidad del mercado de trabajo (Nun, Murmis y Marín 1968, Portes 1985, Salvia 2012; Salvia y Chavez Molina 2007, Maceira 2010). En los últimos años, la posición extrema en este debate ha sido afirmar que el análisis de clase en la región debe incorporar al proletariado informal como una clase que se diferencia del proletariado formal tanto en su situación estructural como en sus intereses de clase, experiencia de vida y estrategias de organización política y social (Portes, 1985; Portes, Castells y Benton, 1989: 12). Por este motivo, los autores proponen que el análisis de clases en las sociedades de América Latina debería incorporar la informalidad como nuevo clivaje de clases, lo que lleva al siguiente esquema: clase capitalista, pequeña burguesía, ejecutivos y trabajadores de elite, proletariado formal, proletariado informal y pequeña burguesía informal (Portes 1985; Portes y Hoffman 2003). En la versión inicial del esquema el proletariado informal, junto con la pequeña burguesía informal conformaría una nueva clase social que, siguiendo a estos autores, deberíamos denominar “clase trabajadora informal” (Portes y Walton 1981); categoría que fue abandonada con posterioridad.

Este artículo forma parte de un proyecto más amplio que se propone analizar las relaciones estructurales, culturales y organizacionales entre ambos segmentos de la clase obrera (Elbert, 2013). En particular, el artículo analiza los vínculos entre trabajadores formales e informales en la estructura social a partir del estudio de sus trayectorias laborales y la composición de sus hogares. En un marco más general, el proyecto se basa en la perspectiva del análisis de clases sociales, con amplia tradición en la sociología internacional y local (Wright, 1985; Goldthorpe, 2000; Sautu, 2011; Jorrat 2000). Se utiliza el esquema de clases propuesto por Wright (1997), ya utilizado en análisis de la estructura social Argentina (Jorrat 2000).

Con el objetivo de describir las relaciones estructurales entre ambos grupos de trabajadores se analizan los datos de la “Encuesta Nacional de Estratificación y Movilidad Social en la Argentina”2, realizada en 2007. La muestra es resultado de un diseño probabilístico en todas sus etapas y representa la población argentina de 18 años de edad o más (N=3314). La muestra utilizada en esta análisis está conformada por individuos entre 25 y 65 años de edad, que formaban parte de la fuerza de trabajo al momento de la encuesta (N=2035).

2. LA INFORMALIDAD: ¿UN CLIVAJE DE CLASE?

La dinámica del capitalismo periférico en América Latina generó la combinación de un núcleo capitalista dinámico con unidades basadas en la producción irregular de mercancías, o sector informal (Salvia, 2002). La persistencia de una fracción importante de la población empleada en el sector informal, llevó a algunos autores a identificar una “masa marginal” excluida de manera permanente del núcleo dinámico de la economía (Nun, 1969). Este grupo, conformado principalmente por cuentapropistas informales y desempleados de larga duración no participaban de las relaciones capitalistas de producción en las sociedades latinoamericanas.

Esta perspectiva se mantuvo vigente hasta la emergencia de la escuela estructuralista, que desafió la afirmación que la economía informal se encontraba aislada del núcleo capitalista dinámico de la economía (Portes y Benton, 1984). Esta perspectiva inauguró una fructífera línea de investigación sobre los vínculos entre las dinámicas formales e informales en las economías capitalistas dependientes. Los análisis de estos autores enfatizaron el vínculo económico que unía a trabajadores informales con empresas formales (Wilson, 2011), pero también estudiaron las redes sociales, políticas y familiares entre trabajadores formales e informales (Roberts, 1989; Sassen, 1989; Wilson, 1998). Estas investigaciones cuestionaron con fuerza la noción de la “masa marginal” y plantearon un interrogante central para el análisis de clases sociales: ¿Cuál es la posición de clase de los trabajadores informales? La respuesta de Portes y asociados (1985) es, más allá de los vínculos entre trabajadores formales e informales, la informalidad debe ser definida como un nuevo clivaje de clase que divide a la clase obrera. La existencia de este nuevo clivaje significa que los mapas de clase de las sociedades capitalistas avanzadas no pueden reproducirse en Latinoamérica sin realizar cambios sustanciales. El análisis de clase de las sociedades latinoamericanas no puede reproducir acríticamente los esquemas de clase desarrollados por Wright (1997, 2005) y Golthorpe (2000). En cambio, Portes propone una nueva perspectiva para el análisis de clases de sociedades latinoamericanas en la que define a la informalidad como un nuevo clivaje de clase social.

Tabla 1. Características de la estructura de clases en América Latina según Portes

Fuente: Tabla 1 en Portes (1985: 10); y Tabla 1 en Portes y Hoffman (2003: 46)

Portes piensa que el esquema clásico es incompleto para Latinoamérica porque “las clases sociales como el “proletariado” en la periferia están segmentadas debido a su parcial integración dentro de una economía totalmente monetizada y legalmente regulada” (Portes y Hoffman 2003: 44). La ubicación de los asalariados en posiciones diferentes según el modo de remuneración a su trabajo genera posiciones estructurales e intereses materiales diferentes que separan a trabajadores formales e informales, dejando a estos últimos en una posición de mayor subordinación estructural. La subordinación relativa de trabajadores informales se expresa particularmente en el vínculo entre informalidad y pobreza en América Latina. En Argentina, numerosos estudios señalan que los trabajadores informales son el grupo más perjudicado en términos de distribución del ingreso, niveles de pobreza, precariedad laboral y condiciones de vida (Salvia et.al, 2008; Beccaria y Groisman, 2008; Chavez Molina, 2010). Sin embargo, las diferencias socio-económicas entre trabajadores formales e informales no implican necesariamente una diferencia de clase que separa a ambos grupos de trabajadores.
Este artículo sostiene una perspectiva diferente: trabajadores formales e informales son parte de la misma clase social debido a que, más allá de sus diferencias relativas, comparten un interés objetivo de clase. Se definen los intereses objetivos de clase como “la serie de acciones y estrategias de cambio social que afectan las condiciones materiales de vida de las personas” (Wright, 2015: 166). La conformación de los intereses materiales de la clase obrera está basada en dos mecanismos principales: i. El interés estratégico por modificar las relaciones sociales de producción que unifica a trabajadores formales e informales; ii. Las condiciones materiales de vida de los trabajadores definidas no sólo por las características de sus trabajos sino también por otras relaciones sociales que los vinculan al sistema de producción, como la conformación de sus familias y sus trayectorias laborales biográficas.

2.1 Los intereses estratégicos de clase de trabajadores/as formales e informales

En primer lugar, para el marxismo las diferentes posiciones de clase se originan en ubicaciones comunes en relaciones de explotación y su consecuente interés por mantener o eliminar las relaciones de producción existentes. Por ejemplo, según el esquema neo-marxista propuesto por Wright (1997) las posiciones de clase fundamentales en la estructura de clases resultan de la distinción entre poseedores y no poseedores de los medios de producción, mientras que las posiciones contradictorias dentro de los asalariados se definen según posesión de calificaciones y autoridad en el lugar de trabajo3.

Los asalariados altamente calificados (profesionales) y los que poseen recursos de supervisión en el lugar de trabajo conforman las “posiciones contradictorias de clase” debido a que son explotados pero ocupan posiciones dominantes en el proceso de trabajo. Es decir, estas posiciones de clase poseen un recurso que los convierte en instrumentos necesarios para la explotación de la fuerza de trabajo en la empresa capitalista. Tanto la burguesía como las posiciones contradictorias de clase se ubican en posiciones privilegiadas en relaciones de explotación y/o dominación, y por lo tanto tienen un activo interés en mantener las relaciones capitalistas de producción. Los miembros de la clase obrera son aquellos que no poseen los medios de producción, y tampoco poseen otros recursos que los ubiquen en una situación de privilegio respecto de procesos de explotación y dominación. Los trabajadores, al ser explotados y dominados en el proceso de producción, experimentarían una mejora en sus condiciones materiales de vida en la organización igualitaria de la producción4 (Wright, 1983).

Desde esta perspectiva, es indiscutible que la clase obrera tiene intereses materiales diferentes y antagónicos al de las posiciones de clases privilegiadas en el proceso de producción. De manera polémica, Portes afirma que los trabajadores formales tienen intereses de clase diferentes de los trabajadores informales. Según este autor, además del control sobre los medios de producción y el control de la fuerza de trabajo, las clases sociales deben ser definidas según sus diferentes modos de remuneración. Los diferentes modos de remuneración generan diferencias de clase entre trabajadores formales que reciben un salario protegido y trabajadores informales que tienen ingresos de subsistencia o salarios irregulares. Los trabajadores formales son poseedores de un recurso que los ubica privilegiadamente en relaciones de explotación. Esta diferencia estructural determina que trabajadores formales e informales tienen diferentes intereses materiales de clase, e incluso permite suponer que en determinadas situaciones históricas los trabajadores formales podrían explotar a los trabajadores informales5 (Portes y Walton 1981, 104)

Desde el punto de vista de los intereses estratégicos de las clases sociales, esto significa que las estrategias de cambio social que beneficiarían a los trabajadores informales perjudican a los trabajadores formales, y viceversa. Según Erik Olin Wright (2015), la pregunta central para determinar si las diferencias al interior de la clase obrera son diferencias de clase es la siguiente: ¿Se beneficiarían los diferentes grupos de trabajadores con un cambio en las reglas del juego de la economía hacia una distribución igualitaria de los medios de producción? Está claro que tanto los trabajadores formales como los informales se beneficiarían, ya que ambos grupos son explotados y dominados en el proceso de producción, más allá del modo de remuneración a su fuerza de trabajo. A pesar de diferentes inserciones en el mercado de trabajo, ambos sectores poseen el mismo interés estratégico de clase.

2.2 Informalidad y condiciones materiales de vida de los trabajadores

El segundo aspecto de la definición de intereses de clase se refiere a la las relaciones sociales relevantes para determinar las condiciones materiales de vida de las personas. Según Wright (1997, 258) los intereses materiales de las personas se conforman no sólo por su relación directa con los recursos productivos, sino por una variedad de otras relaciones que los vinculan con el proceso de producción y por lo tanto afectan sus condiciones materiales de vida. Estos vínculos indirectos con la estructura social pueden ser relaciones familiares o trayectorias temporales vinculadas con el proceso productivo, que son diferentes a las relaciones “directas” corporizadas en el trabajo actual de los individuos. En lo referido a la informalidad, esto significa que es importante estudiar no sólo el carácter formal o informal de los trabajos de las personas, sino los vínculos familiares y biográficos entre trabajadores formales e informales.

Este artículo se propone estudiar empíricamente esta dimensión de la conformación del interés objetivo de clase de trabajadores formales e informales. En lugar de asumir que la informalidad es un clivaje de clase que divide a los trabajadores, esta investigación se propone estudiar la especificidad de las relaciones sociales que unen (o separan) a los trabajadores formales e informales. Para ello, se mantiene el esquema de clases básico propuesto por Erik Olin Wright (1997) que define como parte de la clase obrera a todos aquellos individuos explotados y dominados en el proceso de producción, más allá del modo de remuneración de su trabajo. Utilizando este esquema, se define la informalidad como un factor que agrega complejidad a la relación entre diferentes grupos de trabajadores en un nivel subsidiario de la estructura social mediante posiciones de clases temporales y mediatas (Wright 1997).

El concepto de “posiciones mediatas” se refiere a los modos en que las vidas de las personas y sus intereses están unidos a las relaciones de clase mediante relaciones sociales (en especial el parentesco) excepto los relacionados con sus propios trabajos. Como señala Wright (2005: 18), las posiciones mediatas “agregan complejidad de especial interés al análisis de clases en los casos en que una posición de clase directa de una persona y sus posiciones de clase mediatas son diferentes”. En el caso de la informalidad, esto se refiere a los vínculos familiares entre los trabajadores formales e informales. En segundo lugar, la noción de temporalidad de las posiciones de clase permite estudiar el modo en que la informalidad afecta la “trayectoria biográfica de las posiciones de toda la vida de un individuo dentro de la estructura de clase” (Wright 1997: 393). Las posiciones de clase temporales se refieren al modo en que la vida, a lo largo del tiempo, se mueve entre las distintas posiciones. En el caso de la informalidad, esto se refiere al movimiento personal dentro y fuera de la informalidad.

2.3 Estructura social y tipos de informalidad

Estas dos dimensiones determinan los límites de las posiciones de la informalidad en el mundo social de la clase obrera. Estos límites pueden ser altamente porosos -tanto respecto de los lazos interpersonales como del movimiento con el tiempo- o muy rígidos. El estudio de las dimensiones temporal y mediata de la estructura de clase guiará la distinción entre los dos tipos ideales de informalidad en la estructura de clases de las sociedades: La informalidad segmentada se presentará en una sociedad en los casos en que los trabajadores informales son empleados en forma más o menos permanente en trabajos informales y tienen pocos vínculos familiares con los sujetos empleados en la economía formal. La informalidad interconectada se presentará cuando los trabajadores entren y salgan de la informalidad en forma regular y cuando existan vínculos familiares entre los trabajadores formales e informales que compartan el mismo hogar6.

La pregunta empírica que se deduce de nuestra discusión es la siguiente: ¿Hay en la Argentina un tipo de informalidad segmentada o interconectada? La respuesta a esta pregunta nos brindará datos preliminares sobre la existencia de un interés común de clase que vincula con trabajadores formales e informales en el nivel de las condiciones materiales de vida. Si bien se trata de una investigación descriptiva, la evidencia de una alta probabilidad de alternar trabajos formales e informales y la existencia de lazos familiares reforzaría la noción que una clase social no se conforma sólo a partir de las características de la inserción estática de las personas en el mercado de trabajo, sino también en las formas complejas en la cual sus vidas están vinculadas con la estructura social (Wright 1997, 149)

3. INFORMALIDAD Y ESTRUCTURA DE CLASES EN LA ARGENTINA

En esta sección defino la estructura de clases en la Argentina según el esquema de clases propuesto por Wright (1997). Según el mismo , las posiciones de clase fundamentales en la estructura de clases resultan de la distinción entre poseedores y no poseedores de los medios de producción7. Por su parte, los propietarios de los medios de producción son clasificados según la cantidad de trabajadores que emplean (lo que distingue entre capitalistas, pequeños empleadores y pequeña burguesía)8.

Dentro de los empleados, las posiciones fundamentales de clase son aquellas que componen a la clase obrera, en este caso los obreros calificados y no calificados. Las posiciones contradictorias la componen los expertos (con o sin autoridad), y todas aquellas posiciones que subordinan a los obreros en el proceso de producción; es decir, gerentes y supervisores (independientemente de su nivel de calificación). La siguiente tabla presenta la distribución de la población ocupada en la Argentina en el año 2007 según el esquema de doce posiciones de clase:

Tabla 2: Distribución de clases en la Argentina (2007)

Los propietarios de los medios de producción que a su vez emplean fuerza de trabajo son el 4 % de los activos ocupados en la Argentina del año 2007. Aquellos estrictamente ubicados en la clase capitalista representan el 1 %, mientras que los pequeños empleadores componen el 3 % restante. El último grupo entre los auto-empleados es el de la pequeña burguesía, que incluye a los auto-empleados que no emplean más de 1 empleado (Wright, 1997: 48). En Argentina, este grupo incluye al 19 % de la población ocupada9.

El 77 % restante de la población ocupada está compuesta por empleados. Aquellos ubicados en posiciones contradictorias de clase son el 15,5 % del total. La mayor posición dentro de este grupo está formada por expertos, lo que incluye a profesionales y técnicos que son empleados en posiciones no gerenciales por el estado o compañías capitalistas10. La clase obrera no calificada es la posición más numerosa en la Argentina contemporánea, y abarca el 43 % de la fuerza de trabajo ocupada al momento de la encuesta. La mayoría de los individuos en esta posición de clase pertenecen a ocupaciones de baja calificación, como los trabajadores de servicios, trabajadores agrícolas y otras ocupaciones manuales no calificadas. Por otro lado, la clase obrera calificada representa el 19 % de la población ocupada, incluyendo trabajos manuales calificados como son los oficios especializados. La sumatoria de estas dos posiciones de clase nos indica que cerca del 62 % de la población ocupada en la Argentina forma parte de la clase obrera según los criterios elaborados por Erik Olin Wright.

Con respecto a la informalidad en la estructura, este trabajo define las actividades económicas informales como procesos de generación de ingresos que no están regulados por las instituciones de la sociedad (Castells y Portes 1989: 12). Esta definición puede aplicarse a todas las posiciones de clase, porque un trabajo informal se define como todo trabajo que no está regulado por el estado, independientemente de sus características de clase. Por lo tanto, podría haber trabajos informales dentro de las posiciones de clase media (empleados poseedores de calificación experta y/o recursos de supervisión). Sin embargo, en este ensayo decidí aplicar el criterio de informalidad solo a dos posiciones de clase: la pequeña burguesía y la clase obrera, debido a que son los sectores sociales en los cuales la informalidad está asociada a situaciones de precariedad y pobreza11:

Tabla 3. Distribución de informalidad y clases en la Argentina (2007)

Fuente: elaboración propia en base a datos del CEDOP-UBA (2007)

а. Dentro del esquema neo-marxista esta categoría permite reunir a todas las posiciones contradictorias de clase dentro de los asalariados, compuestas por asalariados poseedores de recursos de calificación experta y supervisión. Es utilizado en análisis que necesitan reducir la cantidad de posiciones de clase en la estructura. No debe ser confundida con las nociones neo-weberianas o de la teoría de la estratificación sobre la clase media (Wright, 1997: 468)

Dentro de las clases propietarias ubicamos a aquellos individuos que poseen alguno de los recursos identificados por Wright como relevantes en la conformación de la estructura social. Este grupo incluye los propietarios de medios de producción que emplean fuerza de trabajo, la pequeña burguesía formal (conformada principalmente por profesionales independientes de artes liberales y técnicos licenciados que trabajan por cuenta propia) y las posiciones contradictorias de clase dentro de los empleados (que poseen calificaciones expertas y/o capacidades de supervisión). Si bien se podría realizar un análisis diferenciado de estas posiciones de clase, debido a que el interés de este trabajo se enfoca en la composición de la clase obrera, se decidió incluir a estas posiciones de clase heterogéneas dentro de la categoría “clases propietarias”, que conforman alrededor del 24% de la población ocupada.

El proletariado informal representa el 32 % de la fuerza de trabajo, mientras que el 29% está ubicado dentro del proletariado formal. Ambas posiciones de clase dan lugar a que cerca del 62% de la fuerza de trabajo se ubique dentro de la clase obrera. Finalmente, la mayoría de los individuos auto-empleados en la Argentina son parte de la pequeña burguesía informal, que representa el 14 % de los empleados en la fuerza de trabajo e incluye a los pequeños comerciantes, mecánicos y plomeros entre otros grupos de ocupaciones. Según estos criterios, cerca del 47 % de la fuerza de trabajo empleada es informal, incluyendo a posiciones del proletariado y la pequeña burguesía. No obstante, como he analizado en la sección teórica, la presencia de una elevada informalidad no significa que no haya relaciones estructurales que vinculen a los trabajadores formales con los informales.

4. LA INFORMALIDAD EN LA CLASE OBRERA ARGENTINA: ¿SEGMENTADA O INTERCONECTADA?

La presente sección realiza un análisis de los vínculos familiares y biográficos que unen (o separan) a trabajadores formales e informales, lo cual brindará información preliminar sobre el tipo de informalidad prevaleciente en la Argentina. La informalidad segmentada mostraría pocos vínculos familiares que conectan a los individuos de la clase obrera formal e informal, y habría una baja proporción de trabajadores cuya trayectoria laboral incluya trabajos formales e informales. Lo opuesto sería el caso en que haya informalidad interconectada, donde una alta proporción de trabajadores tiene vínculos biográficos y familiares que atraviesan el límite de la informalidad. La tarea empírica consiste en determinar la prevalencia o ausencia de las trayectorias “interconectadas” y las relaciones familiares entre trabajadores formales e informales.

En cuanto al vínculo temporal entre el empleo formal e informal, la principal pregunta de la investigación en la siguiente: ¿Cuál es la proporción de individuos en la clase obrera que alterna entre trabajos del sector formal y el informal? Se aborda esta pregunta con la medición de la prevalencia de las trayectorias estables y mixtas dentro de cada posición de clase e informalidad. Una trayectoria se considera “estable” cuando no incluye empleos que hayan atravesado la frontera de la informalidad, y “mixta” cuando por lo menos uno de los trabajos previos del individuo atravesó esa frontera.

Tabla 4. Trayectorias de clases e informalidad en la Argentina

* Excluye 8 casos con falta de información sobre los trabajos previos

Fuente: elaboración propia en base a datos del CEDOP-UBA (2007)

Como muestra la tabla 4, la existencia de trayectorias combinadas es significativa en todas las posiciones de clase, siendo que el 41% de los encuestados tuvo un trabajo en su trayectoria que atravesó el límite de la informalidad. Si tomamos en cuenta sólo los individuos de clase obrera (formal o informal), poco más del 40% de los trabajadores tiene experiencias laborales que atraviesan el límite de la informalidad. En particular, es importante señalar, que más de la mitad de los trabajadores formales (que representa el 14,7% de la fuerza de trabajo) tuvo al menos un trabajo informal en su trayectoria, siendo la posición de clase con mayor proporción de trayectorias combinadas.

La segunda dimensión que determina la interconexión de la informalidad es la existencia de relaciones mediatas que vinculan a la clase obrera formal con la informal. La encuesta recabó información sobre las características de la clase y la informalidad del trabajo de los encuestados así como de sus parejas en caso de cohabitación. Al combinar esta información, se determinó la composición de la clase e informalidad de los hogares. Las familias se clasifican en “heterogéneas” si la pareja presenta diversidad en términos de posición de informalidad. La principal pregunta que respondo aquí es: ¿Cuál es la proporción de familias “heterogéneas” sobre el total de familias en la clase obrera de la muestra? Para responder a esta pregunta, se analiza la clase y la condición de informalidad de ambos sujetos en hogares de doble ingreso, en la tabla 5 a continuación:

Tabla 5. Composición de clases e informalidad de los hogares de doble ingreso (%)

Fuente: elaboración propia en base a datos del CEDOP-UBA (2007)

Al tener en cuenta las clases propietarias, el 43% de los hogares en la muestra son homogéneos en términos de clase e informalidad. Sin embargo, para determinar la prevalencia de los hogares con informalidad-heterogeneidad entre las familias de la clase obrera, se excluye del análisis a cualquier hogar con individuos de pertenecientes a las clases propietarias o la pequeña burguesía informal. Esto reduce la muestra a 385 hogares exclusivamente con individuos en posiciones de clase obrera, de los cuales poco más del 40% son heterogéneos respecto de la condición de informalidad de la pareja. La categoría de hogares más relevante en este universo es la que combina un hombre en el proletariado formal y una mujer en el proletariado informal (30,4% del total de hogares de clase obrera).
Hasta el momento se analizó la prevalencia de las relaciones de las clases temporales y mediatas que conectan a los trabajadores formales e informales en la estructura de clase. En la siguiente tabla se proporciona la combinación de relaciones temporales y mediatas para los individuos en la muestra que se encuentran en el proletariado formal (primera tabla), proletariado informal (segunda tabla) y la pequeña burguesía informal (tabla final). El objetivo de estas tablas es comprender la prevalencia y morfología de la informalidad para cada posición de clase.

Tabla 6. Porcentaje de individuos que actualmente se encuentran en la clase obrera o en pequeña burguesía informal y tienen relaciones temporales y/o mediatas que atraviesan los límites de la formalidad-informalidad (N=1.534)

Proletariado formal actual (N=591)

a. Éstos son individuos que no cohabitan. En estos casos, no hubo información sobre la posición de clase y la informalidad de una pareja.

Proletariado informal actual (N=654)

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos del CEDOP-UBA (2007)

PB informal actual (N=289)

Fuente: elaboración propia en base a datos del CEDOP-UBA (2007)

En general, las tablas proporcionan una cifra de la estructura o interconexión entre trabajadores formales e informales. El porcentaje de individuos sin lazos a través del límite es similar entre todos los grupos (rondando el 16 %). La proporción de individuos con lazos temporales y mediatos es similar en las dos posiciones de clase obrera (entre el 7 y el 9 %) mientras que es más alta en la pequeña burguesía informal (13,5%). Sin embargo, existen diferencias significativas en las categorías cruzadas: Hay un 6 % de los individuos en el proletariado formal que tiene lazos mediatos pero no temporales entre los límites, mientras que esta proporción se duplica en el proletariado informal (12 %). Alternativamente, el 15 % de los trabajadores formales tiene vínculos temporales que cruzan el límite, pero no vínculos mediatos, mientras que esta proporción es del 6,9% entre los trabajadores informales.

Finalmente es importante analizar el “grado de interconexión” de la clase obrera argentina ¿Cuál es la proporción de trabajadores que tienen por lo menos un vínculo que cruce el límite de la formalidad-informalidad? En la siguiente tabla se muestra el porcentaje de personas que se encuentran actualmente en la clase obrera (formal o informal) y que tienen, por lo menos, un vínculo que cruce el límite de la formalidad e informalidad.

Tabla 7. Porcentaje de individuos que actualmente se encuentran en la clase obrera según presencia de relaciones que atraviesan el límite de la formalidad-informalidad (N=1200).

Fuente: elaboración propia en base a datos del CEDOP-UBA (2007)

 

Como podemos ver en la tabla 7, la mitad de los individuos de la clase obrera tiene al menos un vínculo que atraviesa el límite de la informalidad. En términos generales, la clase se divide aproximadamente en cuartos según posición de clase y existencia o no de interconexión. Los grupos más relevantes son los trabajadores informales sin conexiones (30%) y los trabajadores formales con conexiones (27,8%). Si analizamos al interior de cada sub-grupo, podemos ver que la proporción de individuos “interconectados” es más alta entre los trabajadores formales, donde llega al 56%, mientras que alrededor del 40% de los trabajadores informales están “interconectados”12.

5. DISCUSIÓN DE LOS RESULTADOS

Los datos permitieron analizar el tipo de vínculos que existe entre trabajadores formales e informales en la Argentina contemporánea. Si tomamos en cuenta la posición de clase actual, la clase obrera se divide en dos mitades según su condición de informalidad. El análisis de los vínculos temporales y mediatos nos brinda la imagen de límites porosos entre trabajadores formales e informales.

Utilizando un esquema marxista, pudimos ver que cerca de la mitad de la clase obrera formal tuvo, por lo menos, un trabajo informal en el pasado. Además, aproximadamente el 40 % de los hogares de sujetos de la clase obrera en la Argentina son “heterogéneos” en términos de estado de informalidad de la pareja que cohabita. Estas conexiones indican que en la Argentina el mundo de la clase obrera incluye múltiples y profundos vínculos entre lo formal y lo informal, tanto en el nivel de las trayectorias como en el ámbito familiar.

La actual investigación es descriptiva debido a que se propone explorar los lazos mediatos y temporales entre trabajadores formales e informales y no testear la hipótesis del interés común de clase de manera estadística. Sin embargo, en el plano descriptivo se demostró que en la Argentina la informalidad es interconectada, y se aleja de las imágenes de dos mundos aislados que separan a trabajadores formales e informales. El análisis brinda evidencia preliminar que a nivel estructural la conformación del interés común a trabajadores formales e informales se expresa en vínculos familiares y biográficos.

6. CONCLUSIÓN

Los resultados confirman que la estructura de clase en la Argentina contemporánea presenta un límite fluido entre la formalidad y la informalidad. Si bien los trabajos de la escuela estructuralista habían identificado los vínculos entre la economía formal e informal,  su definición del proletariado informal como una nueva clase social es cuestionada por esta evidencia empírica. Por el contrario, se justifica la noción de que el proletariado informal es una fracción significativa de la clase obrera y no constituye una nueva clase social (Wright, 2015).

Una vez demostrada la fluidez del límite es importante estudiar la relación entre las posiciones de informalidad directa y mediata y otros procesos significativos, como la auto-identificación con la clase por parte de los individuos de la clase obrera (Sautu, 2001; Jorrat, 2008). Este análisis debe seguir la propuesta de Wright: “el motivo por el cual se introduce la distinción entre las posiciones de clase directas y mediatas es porque creemos que la posición de un individuo dentro de una estructura clase es una consecuencia y que esta distinción permite obtener una mejor especificación de este proceso de obtención de consecuencias” (Wright 1997: 260-1)

A futuro se propone analizar la relación entre las posiciones de informalidad directa e indirecta y los procesos de formación de identidad con una clase en los individuos de la clase obrera13. Se propone la hipótesis de un fuerte efecto de las posiciones temporales y mediatas en la auto-identificación de la clase por parte de los individuos: la experiencia de haber tenido vínculos que crucen el límite de la informalidad y de haber atravesado este límite debería hacer que sea más probable que la identificación de clase de un trabajador formal se parezca más a la de un trabajador informal. En términos más abstractos, esto significaría que la auto-comprensión de los trabajadores se ve determinada no solo por las posiciones instantáneas de la economía, sino también por sus vidas.

Notas

1. Este artículo forma parte del argumento desarrollado en la tesis doctoral (Elbert, 2013). Agradezco los comentarios de Erik Olin Wright a una versión previa de esta publicación. También agradezco a los editores de la revista y a uno de los evaluadores que realizó aportes significativos al argumento. Todos los errores que puedan existir y debilidades en el desarrollo de la propuesta son exclusiva responsabilidad del autor.

2. Los datos de la encuesta fueron recabados por el Centro de Estudios de Opinión Pública de la Universidad de Buenos Aires (CEDOP-UBA) con sede en el Instituto Gino Germani, Universidad de Buenos Aires. En ese momento el centro era dirigido por el Doctor Jorge Raul Jorrat. Tanto el Profesor Jorrat como el asistente de investigación Manuel Riveiro fueron de extrema utilidad en la confección del conjunto de datos para este análisis.

3. Un análisis de la estructura social de Argentina utilizando el esquema marxista fue realizado en Jorrat (2000). Las diferencias y similitudes entre esquemas marxistas y weberianos en el análisis de clases apareció en Sautu (2011).

4. Para una discusión ampliada de esta temática desde una perspectiva similar a la de este artículo, ver el capítulo 1 del libro de Verónica Maceira (2010).

5. El argumento de los autores es el siguiente: “Dependiendo de la situación concreta, la relación entre las clases urbanas permite que la Clase 1-los propietarios- utilice a la clase 4[el proletariado informal] contra las clases intermedias; o una situación en la cual la Clase 1 permite que las Clases 2 [profesionales asalariados] y 3 [trabajadores asalariados formales] exploten a la Clase 4. De esta manera se reducen los costos de reproducción de la fuerza de trabajo y la presión para el aumento de salarios...” (Portes y Walton 1981, 104).

6. Desde otras perspectivas teóricas, este tipo de análisis cuantitativo sobre las relaciones estructurales entre clases o fracciones de clases está presente en diversos estudios que analizan las pautas de movilidad inter-generacional y pautas de homogamia/heterogamia en nuestro país y América Latina (Jorrat, 2000, 2005; Dalle, 2007; Sautu, 2011; Rodríguez, 2009; Gómez Rojas, 2011, Boado, 2008). En particular, los análisis del vínculo entre informalidad y estructura social tiene un amplio desarrollo en nuestro país (Malimacci y Salvia, 2005; Salvia y Chavez Molina, 2007; Salvia, 2012).

7. Aquellos identificados en la encuesta como “trabajadores familiares con remuneración” (16 casos) fueron tratados como empleados, mientras que los “trabajadores familiares sin remuneración” (29 casos) fueron tratados como auto-empleados, y por lo tanto, como parte de la pequeña burguesía.

8. Según Wright, la inclusión de auto-empleados que emplean 1 empleado en la pequeña burguesía se debe a que es posible que el encuestado se haya contabilizado como empleado al responder la pregunta. Esta categorización evita la inclusión de auto-empleados que no emplean a ningún empleado como parte de los Pequeños empleadores.

9. Una proporción de aquellos identificados como auto-empleados son, en realidad, empleados o cuasi-empleados. Las diferencias en los criterios para detectar “empleados ocultos” p roduce estimaciones diferentes de la pequeña burguesía, con rangos entre el 18,3 % y el 26,3 % de la fuerza de trabajo empleada. En este ensayo utilizo un criterio intermedio que combina la ocupación de la persona y si su trabajo requiere o no el uso de un espacio de oficina. En base a este criterio, defino la pequeña burguesía como la que comprende a los siguientes grupos: i. Profesionales y técnicos auto-empleados, ii. Personas auto-empleadas en grupos ocupacionales que históricamente fueron parte de la pequeña burguesía, como los plomeros y mecánicos de automotores ii. Personas auto-empleadas en otros grupos ocupacionales que manejan su trabajo en una oficina (sin importar que este espacio sea suyo, sea alquilado o sea parte de sus hogares).

10. Según Wright, en este punto es importante definir cuán restrictivo o expansivo sería el criterio utilizado para definir las líneas de demarcación en las dimensiones de autoridad y calificación de la estructura de clases (Wright 1997: 81). En este trabajo se testearon tres criterios alternativos (restrictivo, intermedio y expansivo) para cada frontera de clase. Siguiendo el consejo del autor, se presenta aquí el criterio intermedio. Los datos para la estructura de clase según los otros dos criterios pueden ser solicitados al autor.

11. Esta decisión excluye del análisis el problema de la seguridad cada vez más precaria de los trabajos de la clase media. Este es un objeto de estudio de relevancia en los mercados de trabajo contemporáneos, y uno podría usar el término informalidad para cubrir este fenómeno.

12. En futuras investigaciones estudiaremos la composición sociodemográfica de los trabajadores “interconectados”, para responder preguntas altamente relevantes como ser: ¿Qué características específicas tienen los que pasan de la formalidad a la informalidad y viceversa? ¿Cuándo en sus trayectorias atraviesan las fronteras? Un análisis de regresión multivariado permitirá responder estas preguntas, que exceden los objetivos descriptivos de la presente investigación.

13. Un avance en esta dirección se puede encontrar en Elbert (2014).

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