Lógicas residenciales y migraciones en San Carlos de Bariloche: un abordaje desde la interseccionalidad

ARTÍCULO

Lógicas residenciales y migraciones en San Carlos de Bariloche: un abordaje desde la interseccionalidad

Residential logics and migrations in San Carlos de Bariloche: an interseccionality approach

 

Brenda Matossian
bmatossian@gmail.com
IMHICIHU - CONICET. Argentina

Recibido: 22|09|15
Aceptado: 05|04|16

 


Resumen
San Carlos de Bariloche, ciudad de rango medio al Norte de la Patagonia andina, es reconocida como destino del turismo global. Su acelerado crecimiento demográfico y su expansión urbana, de escasa planificación, en los últimos sesenta años, han generado complejos escenarios de de­sigualdad socioterritorial. Los migrantes, tanto internacionales como internos, arribados durante estas décadas, con diversas motivaciones y niveles socioeconómicos, resultan actores protagónicos en estas dinámi­cas. Se busca estudiar la inserción urbana de estas heterogéneas pobla­ciones a través de metodologías cualitativas y análisis de fuentes secun­darias. Este objetivo demanda un enfoque integral; para ello se propone la utilización de la noción de la interseccionalidad, entendida como un sistema complejo de estructuras desiguales que son múltiples y simultá­neas. Se indagarán aspectos sobre las espacialidades y sociabilidades articuladas en torno a las lógicas residenciales de los migrantes en los distintos barrios barilochenses analizados desde varios planos. Esta forma de estudio de los procesos de inserción urbana de los migrantes, que considera simultáneamente las desigualdades por clase y origen, busca evitar interpretaciones sesgadas por una sola de las dimensiones.

Palabras clave: Desigualdades socioterritoriales; Migrantes internaciona­les; Barrios; San Carlos de Bariloche; Inserción urbana.

Abstract
San Carlos de Bariloche is a medium-size city in the Northern Andean Patagonia, recognized as a global tourist destination. Its fast population growth and urban sprawl, poorly planned, in the last 60 years have generated complex socioterritorial inequalities. Migrants, both international and internal ones, which arrived during these decades with different motivations and socioeconomic conditions, were main actors in these dynamics. This article studies the urban integration of these heterogeneous populations through qualitative methodologies and secondary sources analysis. This aim requires a comprehensive approach; that is why the concept of intersectionality was chosen, understood as a complex system of unequal structures which are multiple and simultaneous. Aspects regarding migrants’ residential logics spatiality’s and sociability in different neighborhoods are analyzed from different dimensions. This study perspective that focus on migrants urban integration processes, considering both origin and class inequalities simultaneously, seeks to avoid biased interpretations that concentrates only in one of the dimensions.

Key words: Socioterritorial inequalities; International migrants; Neighborhoods; San Carlos de Bariloche; Urban integration.


 

INTRODUCCIÓN

San Carlos de Bariloche, ciudad de rango medio al Norte de la Patagonia andina, es reconocida como destino del turismo global. Ha sido uno de los principales centros de atracción de población de la región patagónica y, según el Censo de 2010, alcanza 133.000 habitantes. Condensa varios elementos de complejidad: pertenece a una región fronteriza, entre la Argentina y Chile, está inserta dentro un área natural protegida, el Parque Nacional Nahuel Huapi, y su economía se encuentra altamente concentrada y globalizada en torno al turismo (Abalerón 1992). Su crecimiento demográfico, acelerado y escasamente planificado, generó una profunda fragmentación urbana y una intensa división social del espacio. Desde la segunda mitad del Siglo XX hasta la actualidad, las mejoras en las comunicaciones y el impulso del turismo contribuyeron al aumento poblacional. Las tasas de crecimiento de la ciudad llegaron a duplicar las de la provincia de Río Negro entre 1947 y 1980 e inclusive a triplicar las del país entre 1947 y 1991. Estos incrementos han sido nutridos en gran medida por las migraciones internacionales e internas. El aumento poblacional acelerado ha producido una intensa y descontrolada expansión urbana a partir de la década del sesenta. El aumento del parque automotor y la construcción de caminos propiciaron la expansión de Bariloche sobre una topografía compleja dado su emplazamiento sobre una morena glaciaria. La escasa planificación y ordenamiento urbano dieron por resultado profundas fracturas al interior del espacio urbano (Abalerón 1992; Matossian 2012). El municipio presentaba una incapacidad funcional para brindar servicios básicos a los nuevos barrios y San Carlos de Bariloche comenzaba a perfilarse como una ciudad turística fragmentada, con fuertes desigualdades socioterritoriales. Hacia fines de los setenta, durante el gobierno militar representado localmente por el intendente de facto Osmar Barberis, se profundizaron políticas que intentaban organizar la ciudad sobre la base de valores estéticos y ecológicos enfocados hacia una ciudad “postal” (Fuentes y Núñez 2007). Así, aquellos elementos que no eran considerados parte del paisaje turístico se ubicaban hacia las márgenes de la ciudad, en sectores topográficamente más elevados. El ejido municipal se continuaba expandiendo y alcanzó una superficie de más de 200 kilómetros cuadrados (tan extenso como la Ciudad Autónoma de Buenos Aires). Esta tendencia a la dispersión ha restado funcionalidad y cohesión social a una ciudad que se mantuvo en crecimiento y que durante la década del ochenta experimentó lo que se denominó un “boom de la construcción” (Matossian 2012). La polarización social y el aumento del valor del suelo urbano condicionaron de modos desiguales las estrategias y posibilidades de inserción urbana de distintos sectores de población, muchos de ellos migrantes. A través de esta trama de factores el disperso espacio barilochense ha devenido en mosaicos sociales donde las condiciones de desigualdad socioterritorial han llegado a alcanzar brechas alarmantes luego de la década del noventa.

En este contexto complejo e histórico, este artículo se propone dar cuenta de las desigualdades socioterritoriales, centradas especialmente en la inserción y localización de los migrantes internacionales (chilenos) en la ciudad de San Carlos de Bariloche. Se busca avanzar desde un abordaje que haga foco en este grupo particular sin perder de vista el contexto social más amplio donde las desigualdades impactan a todo el conjunto de la población. Emergen entonces las siguientes preguntas: ¿Cómo estudiar los procesos de inserción urbana de los migrantes? ¿Cómo incluir en el estudio las desigualdades socioterritoriales? Con estas preguntas en mente, se intentará encontrar pistas a partir del paradigma de la interseccionalidad, entendida como un sistema complejo de estructuras de opresión que son múltiples y simultáneas (Crenshaw 1991).

TEORÍA DE LA INTERSECCIONALIDAD E INSERCIÓN DE LOS MIGRANTES

La inserción de los migrantes en el espacio interior de una ciudad es un complejo proceso dentro del cual se articulan distintos factores y determinantes que definen, en mayor o menos medida, las decisiones de los sujetos migrantes y sus familias. Tal como indica Alicia Lindón “esas formas de actuar no derivan ni del voluntarismo de actores enteramente libres, ni de la coerción social de las estructuras” (2011:195).

El objetivo de este artículo demanda la búsqueda de un tipo de estudio integral; para ello se ensayará la aplicación de la noción de la interseccionalidad, gestada desde los estudios feministas y la decolonialidad. Este enfoque reconoce la necesidad de abordar las distintas desigualdades sociales, como capas que suceden de modo simultáneo. Según Nash (2008), ha sido creada como herramienta diseñada para combatir las jerarquías, las hegemonías y las exclusividades como así también los binarismos propios de la modernidad en torno a los debates sobre estudios de género y raza. También se reconoce su surgimiento como respuesta a la larga historia de esencialismos en los estudios sobre identidades, avanzando hacia el conocimiento de las heterogeneidades al interior de los grupos antes abordados como internamente homogéneos. Esta ha sido una característica muy usual dentro de los estudios migratorios en la Geografía que priorizaron, casi exclusivamente, las fuentes de investigación secundarias, cuantitativas, principalmente información proveniente de los censos. Tal como afirma Alicia Lindón (2011), se trata de una visión de lo social como agregado que termina por reducirlo, ya que este tipo de procedimiento teórico-metodológico pierde todo aquello que no es tangible, invisibilizando aspectos inmateriales relevantes.

McCall (2005) indica que los estudios de la interseccionalidad se vinculan estrechamente con las metodologías que consideran la complejidad por lo tanto rechazan las metodologías reduccionistas o simplistas. Esta autora sintetiza tres aproximaciones: complejidad anticategorial, intracategorial e intercategorial. Las tres aproximaciones enfrentan la necesidad de lidiar con la complejidad y se distinguen por su manera de abordar las categorías analíticas para el estudio de la vida social. La anticategorial busca deconstruir las propias categorías analíticas dado que las consideran reduccionismos que impiden analizar desde la complejidad. En el otro extremo de las posturas, la intercategorial adopta provisoriamente las categorías para documentar las relaciones de inequidad entre los grupos sociales y sus dimensiones múltiples y conflictivas. Por otra parte, la complejidad intracategorial se ubica entre ambas posturas, entre el rechazo de las categorías y un uso estratégico de ellas. Interroga la creación de fronteras conceptuales y limitaciones aunque también reconoce la perdurabilidad de las relaciones que categorías sociales y las representaciones tienen en el tiempo. Este último enfoque suele tomar un grupo social particular en ciertos puntos de la intersección para analizar la experiencia vivida. Se considera para este artículo que esta última forma de complejidad es una interesante forma de aplicar la interseccionalidad al análisis de la inserción urbana de la migración chilena en San Carlos de Bariloche.

Estas perspectivas de análisis habilitan el debate acerca de cómo el género, la clase y las pertenencias étnico-nacionales, entre otras clasificaciones, pueden pensarse como capas que se traducen en desigualdades en tanto resultan de diversas posiciones en las relaciones de poder. Es preciso comprenderlas de manera relacional y no adicional (Mallimaci, 2013), es decir, como desigualdades que se yuxtaponen y se expresan en las vidas de los sujetos. De tal modo su estudio debe responder a esta cualidad y no ser realizado desde categorías estancas y cerradas. Todas estas consideraciones presentan grandes desafíos al momento de ser traducidas en estrategias metodológicas. Nash (2008) afirma que se carece de una metodología de la interseccionalidad claramente definida. Los abordajes recientes provienen de la antropología y por lo tanto ponderan los estudios en torno a las estrategias cualitativas, a partir del método etnográfico principalmente. Son pocos los enfoques desde perspectivas que intenten cuantificar y proponer variables, aún así se puede mencionar el trabajo realizado para Flacso que busca definir criterios para la comparabilidad de las instituciones educativas en América Latina como un Sistema de Indicadores Interseccionales (Esteves Estefanell y Santos Alarcón, 2013). La interseccionalidad, desde una perspectiva geográfica, será una base conceptual a partir de la cual se intentará ensayar una propuesta de análisis de algunas de las dimensiones de la inserción de los migrantes en la ciudad.

Existe un antecedente de interés en los estudios sobre la inserción de los migrantes en el espacio urbano que, sin hacerlo explícito, desarrolla un enfoque desde la interseccionalidad. Se trata del aporte del español Franciso Torres (2011) quien define que esta inserción, entendida como proceso y como relación, debe ser estudiada desde distintas dimensiones a saber: a) jurídica-legal (estatus de residente) b) laboral y económica c) residencial d) acceso a los servicios públicos e) cultural e identitaria f) política. Estas dimensiones se encuentran íntimamente vinculadas entre sí. En este artículo se intentará dar cuenta de la dimensión residencial principalmente, y, en menor medida, también sobre el acceso a servicios públicos y condiciones socio-económicas. Esto se realizará a partir de estrategias metodológicas que articulen abordajes cualitativos y cuantitativos para el estudio de caso de la ciudad de San Carlos de Bariloche.

Cabe señalar, respecto a la dimensión residencial que se indagará sobre la intencionalidad de los actores (migrantes) en el proceso de elección de un barrio, según la propuesta de Milton Santos (2000) quien, retomando los aportes de Ley, Buttimer y Hägerstrand, define la intencionalidad como la relación entre objeto y acción. Esta mirada puede articularse, para algunos casos, con la de Grafmeyer (1998) que señala, para los extremos casos de segregación urbana, tres procesos: a) intención segregativa, b) resultado de una desigualdad de recursos y posiciones producidos por la diferenciación espacial, y c) resultado colectivo que emerge de una combinación de comportamientos individuales discriminatorios sin deseo de segregación (“discriminación limitada”: elegir sus vecinos). Estas cuestiones son indagadas desde estrategias cualitativas, a partir de entrevistas en profundidad.

DESIGUALDADES SOCIOTERRITORIALES EN EL ESPACIO INTERIOR DE LA CIUDAD

Las dimensiones mencionadas sobre las cuales se centrará el interés serán aplicadas al estudio de caso, la ciudad de San Carlos de Bariloche. Entendemos el espacio interior de la ciudad tal como lo definió Zárate Martín (1991), a la estructura interna, morfología y cambios urbanos que allí transcurren, tanto en un plano material como simbólico.

Las desigualdades socioterritoriales y por origen serán indagadas, en primera instancia, a partir del análisis sociodemográfico del conjunto de la población desde distintas variables estadísticas, procesadas y expresadas en cartografía temática con el máximo nivel de detalle que nos permiten los censos nacionales: el radio censal. Entendemos las desigualdades socioterritoriales (Harvey, 2007) como concepto amplio y crítico que permite dar cuenta, tanto del aumento de las brechas socioterritoriales al interior de la sociedad barilochense, como de la fragmentación urbana que se produce y reproduce al interior de una ciudad en continua dispersión. Existen diversas maneras de visualizar las formas que las desigualdades socioterritoriales dentro del espacio interior de la ciudad. Una de las maneras puede ser la representación cartográfica de la distribución de los hogares según el porcentaje que posee sus necesidades básicas insatisfechas (NBI) (Figura 1), de acuerdo con el indicador que elabora la oficina estadística argentina para reconocer algunos de los principales problemas sociales. En este punto es necesario reconocer que el uso de variables de este tipo presenta limitaciones con el fin de dar cuenta de un fenómeno tan vasto, dinámico y relacional como el de las desigualdades socioterritoriales. Aún reconociendo esto, cuando el interés está puesto en el análisis de la variación espacial de una dimensión, o una porción de esta, la elaboración de cartografía temática a partir de datos censales se configura como una de las pocas posibilidades metodológicas útil y accesible para lograr cobertura en un área extensa y en un nivel de detalle que dé cuenta de las diferenciaciones internas (en este caso el radio censal dentro de la ciudad de San Carlos de Bariloche). También cabe aclarar, desde la perspectiva de este trabajo, que este enfoque del análisis espacial debe ser complementado con otros tipos abordajes, como el cualitativo, por mencionar una opción.

Un primer análisis del mapa resultante nos muestra la brecha existente entre ambos extremos de las categorías máximas y mínimas del indicador. Mientras que algunos radios correspondientes a barrios de clase alta y media-alta (cercanos a la costa del lago Nahuel Huapi) presentan muy bajos porcentajes de hogares con NBI entre 0 y 1,2% (tonos claros en el mapa), otros radios alcanzan cifras que indican que la mitad de los hogares poseen alguna de sus necesidades básicas sin satisfacer, como son los que coinciden con los barrios hacia el sur de la ciudad. Aún así, debe mencionarse que estas brechas se redujeron entre 2001 y 2010 ya que para el primero de los censos los barrios con mayores porcentajes de población con NBI llegaban al 75% (Matossian, 2012). En un segundo nivel se destaca que si bien se distingue el contraste de una mejor condición socio-habitacional en el sector norte de la ciudad, en la zona turística cercana a la costa del lago, también se distingue que, lejos de presentarse como un todo homogéneo, el sector centro, sur y sudoeste (que componen el denominado Alto) presentan diferencias notables entre un barrio y otro. Si bien no es el objetivo de este trabajo profundizar al respecto, en trabajos anteriores (Abalerón, 1992 y 1995; Matossian, 2010) se ha concluido que la historia de cada barrio, así como también las políticas de vivienda y planeamiento configuran múltiples diferencias, no solamente sociales y económicas, al interior de la ciudad.

En este sentido, y frente a una tendencia general de las últimas décadas en América Latina donde el Estado “ha abdicado a su papel de garante del derecho a la vivienda, mientras que las fuerzas del Mercado no ofrecen alternativas accesibles” (Olsson, 2012:7) es evidente que para la población con menores recursos las estrategias a desplegar con miras a integrarse y acceder a la ciudad serán significativamente más costosas y dificultosas que para el resto de la población. Como bien describe Gravano hacia 1997 el contexto de la fragmentación en las ciudades medias es de “desempleo creciente y privatización de servicios públicos y consumos colectivos que dejan a los actores de la ciudad librados a la autogestión, clientelismo e intemperie social inéditos” (Gravano, 1997: 3). A pesar de esta realidad, especialmente cruda en los períodos de neoliberalismo más agudo en San Carlos de Bariloche, en la última década se han implementado políticas públicas vinculadas a la tierra y la vivienda que han comenzado a atenuar estas profundas desigualdades socioterritoriales.

Figura 1 San Carlos de Bariloche. Hogares con Necesidades Básicas Insatisfechas por radio censal, 2010

Fuente: elaboración personal sobre la base de información del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas, 2010

A estos aspectos se suman los elementos que emergen desde el plano simbólico que contrapone un sector conocido como el “Alto”, con una directa connotación negativa vinculada a la pobreza y marginalidad, de otro cercano al lago Nahuel Huapi; la ciudad “para el turismo”. Estas representaciones, poseen también su correlato en la construcción de un origen de estas poblaciones y de una legitimidad diferencial construida desde un relato hegemónico de la historia local.

INSERCIÓN RESIDENCIAL DE LOS MIGRANTES INTERNACIONALES

Un primer punto de partida para la comprensión de los modos de inserción residencial de los migrantes en la ciudad es analizar la distribución de la población nacida en otros países en el nivel de radios censales. Esto nos permite reconocer aquellos sectores donde se registran concentraciones más altas de migrantes internacionales y relacionarlos con las condiciones sociohabitacionales más o menos favorables al relacionar esta distribución con las proporciones de poblaciones en hogares con NBI (Figura 1). En principio, se reconoce que mientras que para el total de la ciudad el porcentaje de población nacida en otros países fue de 8,8% en 2010, en ciertos radios alcanzó a casi un tercio de la población (Figura 2). Estos son los casos de ciertos barrios populares al sur de la ciudad muchos de ellos conformados por migrantes internacionales (chilenos llegados entre la década del setenta y ochenta) y también migrantes internos (procedentes en buena medida de la Línea Sur de Río Negro). También se registran valores altos en términos porcentuales, aunque reducidos en valores absolutos, en radios censales céntricos, en los sectores de mayor presencia de establecimientos hoteleros. En contrapartida es interesante destacar aquellos sectores con las menores participaciones, muchos de ellos corresponden a barrios con edificios de viviendas sociales planificadas por el Instituto Provincial para la Promoción de la Vivienda (IPPV) de la provincia de Río Negro.

Figura 2 San Carlos de Bariloche. Población extranjera por radio censal, 2010

Fuente: elaboración personal sobre la base de información del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas, 2010

Ahora bien, abordar el conjunto de la población no nacida en la Argentina nos impide distinguir las heterogeneidades, las particularidades, según origen, motivación principal para la migración y antigüedad del grupo de población. Entonces nos preguntamos, en sintonía con el plateo desde la interseccionalidad ¿Quién ha sido el “migrante” en San Carlos de Bariloche en los últimos 50 años? Para responder esta pregunta podemos intentar condensar los aportes de distintos trabajos producidos desde el ámbito académico mediante abordajes históricos, antropológicos, sociológicos y geográficos (Méndez e Iwanow 2001; Kropff 2001; Fuentes y Núñez, 2007; Matossian 2010, 2012, 2015; Barelli 2011; Matossian, Zebryte y Zunino 2014). Existen fuertes tensiones en torno a la construcción del pasado barilochense y el relato hegemónico de sus primeros pobladores. Los conflictos entre las “varias historias” tienen un trasfondo étnico-cultural latente anclado en la idea de Bariloche como una “Suiza argentina”, edificada a finales de la “Campaña del Desierto” (Navarro y Vejsbjerg, 2009) cuando el ejército argentino controló las tierras indígenas, asesinó y desplazó a distintos grupos que habitaban la región para incorporar esas tierras a la lógica económica dominante promotora de un poblamiento blanco y europeo. Desde esta idea se buscaba un poblador “ideal”, “blanco y europeo” para conformar la “Suiza argentina”. La identificación de esta sociedad con las migraciones se ha construido a partir de la idea de que un conjunto de pioneros centroeuropeos forjaron la colonia agrícola pastoril a principios del Siglo XX. Frente a esta construcción la presencia de ciertos grupos vistos como ajenos se configuró como problemática. Los “otros” para el relato hegemónico de la “Suiza argentina” refirió a las comunidades indígenas, mapuche principalmente, y población de origen chileno. En las últimas décadas se fueron sumando migrantes rurales internos de la Línea Sur de Río Negro y migrantes internacionales, mayormente chilenos a los que se agregaron más recientemente otros migrantes laborales de países de América del Sur (bolivianos, paraguayos y colombianos). La condición de clase atraviesa la conformación de estos heterogéneos conjuntos, da cuenta de procesos desiguales de legitimidad ciudadana dado que aquellos extranjeros con fuerte capital económico no son vistos como “migrantes”.

A modo de síntesis, y en un intento por identificar intersecciones entre las múltiples desigualdades, se proponen estas tres categorías (sin ser mutuamente excluyentes) para el caso de los migrantes internacionales asentados actualmente en la ciudad:

• Migrantes laborales – su objetivo ha sido encontrar trabajo y oportunidades de las que carece en su lugar de origen: población nacida en Chile en mayor medida, en menores dimensiones y más recientemente población nacida en Bolivia, Paraguay y Colombia.

• Migrantes políticos – exiliados políticos: población nacida en Chile, llegada a San Carlos de Bariloche luego del Golpe de Estado de 1973 que dio inicio al período dictatorial de Augusto Pinochet que se prolongó hasta 1990.

• Migrantes residenciales – para una mejora residencial o de calidad de vida – migrantes de amenidad (también denominados migrantes verdes): población nacida en España, Estados Unidos de Norteamérica, Reino Unido.

LÓGICAS RESIDENCIALES DE LOS MIGRANTES EN LA ESCALA BARRIAL

En diálogo escalar con la estrategia macroanalítica utilizando fuentes censales, el estudio de las lógicas residenciales se realiza desde una perspectiva microespacial, a partir de la interpretación de las fuentes secundarias y, especialmente, primarias, a escala barrial. Se abordaron aspectos sobre las espacialidades y sociabilidades articuladas en torno a las lógicas residenciales de los migrantes chilenos en los distintos barrios barilochenses analizados desde varios planos: redes de solidaridad vecinal y/o de origen, rol y efectos espaciales de políticas públicas municipales, desarrollo del mercado de suelo urbano, relaciones público/privado. Como se ha mencionado, este análisis debe ser realizado desde un abordaje cualitativo que de cuenta del proceso desde su intrínseca historicidad. De este modo, es posible reconocer los cambios registrados en las etapas residenciales y las particularidades que imprime la antigüedad de la migración en este proceso.

Antes del abordaje cualitativo, a partir de entrevistas en profundidad a vecinos migrantes se realizó una caracterización para cada uno de los barrios bajo análisis según el siguiente esquema (Cuadro 1). Si bien en este artículo no se presentarán los resultados para los barrios estudiados se señalan con miras a poner en discusión los elementos considerados para posibilitar un análisis comparativo. Estos contribuyen a que el abordaje etnográfico en el barrio comience con un conocimiento previo de ciertos aspectos básicos del espacio en cuestión que sinteticen y sistematicen la unidad barrial.

Cuadro 1. Elementos de análisis de los barrios

Fuente: elaboración propia

Se presentarán a continuación algunos resultados sobre el estudio de las estrategias residenciales de un grupo de migrantes, en este caso de origen chileno, en los barrios San Francisco II y III, Arrayanes y Frutillar, conformados entre fines de los setenta y principios de los ochenta. La migración chilena se constituirse como la más antigua y estable del grupo de los migrantes de países vecinos y por esta razón es posible hacer un análisis longitudinal de las trayectorias residenciales.

MIGRACIÓN CHILENA Y ESTRATEGIAS RESIDENCIALES EN EL TIEMPO

Las primeras fases residenciales de la población chilena residente en San Carlos de Bariloche mostraron un carácter provisorio en especial de aquellos arribados durante la década del setenta. Estos migrantes se refieren a estas primeras épocas de la siguiente manera: “En la época de Pinochet nos vinimos con mi señora […] vivíamos en una piecita que había alquilado mi viejo de 3 x 3 […] ahí estuvimos viviendo casi dos años en la calle Brown y Villegas” (Hombre, 51 años). “En el 77 yo llegué a vivir en Vicealmirante O`Connor en una pensión después en un departamentito en la Rolando” (Mujer, 56 años).

Además de inestabilidad residencial, se destaca en los relatos el protagonismo de las redes familiares y de connacionales, tanto al momento de tomar la decisión de migrar como para la definición del primer lugar de residencia. Así estas redes comenzaron a funcionar de manera solidaria y contribuyeron el agrupamiento. Un trabajo realizado a principios de los setenta, se refería a los chilenos destacando que este grupo tenía una tendencia al agrupamiento en el espacio urbano: “existe una marcada segregación que se manifiesta en la elección de los barrios; así encontramos al grupo chileno ubicado en los barrios Alto, Cumbre y Las Quintas” (de Civit y Velasco 1970:236-238). Esta situación de concentración en dichos barrios relativamente céntricos se mantuvo hasta fines de los años setenta y principios de los ochenta. Durante este período se produjeron los cambios más significativos que llevaron a la consolidación de los barrios actuales. Estos cambios, concretados mediante matrices y modalidades de conformación barrial particulares, dieron por resultado la relocalización de los migrantes chilenos desde áreas centrales hacia sectores de la periferia. Este proceso fue en algunos casos forzado directamente por el municipio, como los casos de las relocalizaciones impuestas por el gobierno militar en 1979, y en otros producidos por el empuje del propio crecimiento urbano y las presiones del mercado de tierras. Dentro del discurso de los migrantes chilenos en los barrios estudiados se identifican pautas vinculadas a las prácticas cotidianas a través de las cuales este agrupamiento en el espacio urbano se concretó. Estos testimonios refuerzan la importancia de las redes que los migrantes construyen, aún antes de migrar, conformadas por familiares, amigos y connacionales. Estas dan sentido a este agrupamiento: “Se vino la gente de Chile y empezaban a comprar sus terrenos ahí (en El Frutillar)… nosotros cuando fuimos a comprar allá en el 87, 88 […] de cada 10 vecinos tenés ocho chilenos y dos argentinos. …se va corriendo la voz entre los amigos y generalmente todos chilenos” (Mujer 49 años). “En San Francisco pasó lo mismo (que en El Frutillar) que viene un amigo de Chile y vos le decís mirá en tal lado están vendiendo terrenos” (Mujer 54 años).

En sus orígenes estos barrios se encontraban en sectores periféricos de la ciudad y carecían de servicios públicos; además las condiciones de accesibilidad eran difíciles y la lejanía a centros comerciales, educativos y de salud, aumentaba aún más el aislamiento. Las dificultades de acceso a la vivienda y a la tierra fueron elementos clave para explicar el nacimiento de estos barrios. Afirma una migrante chilena de El Frutillar su primera impresión cuando conoció su lote: “Para mi era desconocido, no conocía el barrio… no había gas natural, en ese entonces había una casita acá, tres cuatro cuadras más allá había otra… era una cosa desierta” (Mujer 52 años).

Esta intensa necesidad de un “lugar donde vivir” explica más aún los casos particulares de el Frutillar y San Francisco II y III donde los lotes comenzaron a venderse a precios relativamente bajos y podían adquirirse mediante el pago de cuotas a las empresas encargadas del negocio inmobiliario. Como indica un migrante chileno de San Francisco II y III: “Esto era un lugar muy alejado de Bariloche, nadie quería comprar, yo me compré el terreno en 1980… no había nadie por acá, no había calles, eran huellas y no había ningún servicio, nada, ni luz, entonces todos los que teníamos ansia de tener nuestra propiedad compramos aquí” (Hombre, 54 años). Para el caso del barrio Arrayanes el gobierno municipal, durante la dictadura, implementó relocalizaciones forzadas, acción respaldada por el argumento de quitar estos asentamientos “de la vista de los turistas”. Las condiciones sanitarias de los loteos al momento de la relocalización eran paupérrimas ya que en esos terrenos funcionaba, pocos años antes, un basural. Los migrantes chilenos relatan las tareas que debieron realizar para limpiar sus terrenos. Además la presencia del cementerio produjo rechazo a algunos migrantes chilenos en un principio.

Por su parte, la accesibilidad y movilidad intraurbana también permiten analizar el uso del espacio urbano de los migrantes chilenos en estos barrios. La accesibilidad y la percepción que de él tienen los vecinos son factores que influyen en la forma en la que el grupo se apropia de ese espacio. Los relatos explican esta relación entre el espacio urbano y el habitar del migrante. Así emerge la presencia de barreras, tanto físicas como simbólicas, más o menos flexibles o visibles que condicionan la relación del migrante con el espacio intraurbano. Algunas de estas barreras pudieron ser relativamente surcadas con el correr de los años y las mejoras en el transporte público de pasajeros. Un habitante del barrio Arrayanes comenta: “En ese tiempo era lejos, había que pasar el zanjón… con el colectivo se pasó a formar parte de Bariloche, antes estábamos aislados…” (Hombre, 51 años). En San Francisco II y III el arroyo Ñireco y su barda constituyen la barreras más rígidas hacia el oeste al limitar de la accesibilidad desde y hacia el barrio. A esta barrea física se agrega un aspecto simbólico, los puentes peatonales que atraviesan el arroyo, según los migrantes, son percibidos como sectores inseguros. Para el caso del barrio Arrayanes el cementerio ha sido una barrera física y simbólica importante a lo largo del tiempo.

Muchos de estos migrantes habían atravesado fases residenciales anteriores caracterizadas por un limitado acceso a la tierra y la opción de acceder un terreno propio donde poder construir su vivienda resultaba, a pesar de las carencias, una oportunidad de mejorar: “Alquilamos… un poquito en cada lado… hasta que llegamos y compramos en el Frutillar… eso fue en el 87, porque en el 90 nos fuimos a vivir” (Mujer 52 años).

LOS IMAGINARIOS Y LAS LÓGICAS RESIDENCIALES

A lo largo de las entrevistas, además de reconstruir las trayectorias residenciales, fue posible conocer la experiencia espacial y el espacio vivido de los habitantes de los barrios. Así emergieron motivaciones residenciales y prácticas espaciales según lo experimentado, lo percibido y lo imaginado (Lefevre, 1974). Para comprender la vida en comunidad a escala barrial y urbana interesan los discursos y las prácticas socioespaciales condensadoras de imaginarios urbanos.

A escala del conjunto urbano, la imagen de la ciudad se apoya en su rol turístico internacionalmente reconocido y su vinculación con la naturaleza y su conservación. Se trata de la reproducción de una historia hegemónica (mencionada en apartados anteriores) que tiende a negar elementos de conflicto y configura imaginarios urbanos que niegan sus sectores populares. Esto ha atentado contra las posibilidades de una identificación colectiva y la construcción de un sentido de lugar (Relf, 1976) que contribuyan a disminuir las profundas divisiones internas que devienen luego en segregación urbana. En contrapartida, los sentidos de lugar tienen fuerza en la escala barrial, en particular en aquellos barrios de sectores populares en los cuales el sentido comunitario permitió mejorar condiciones de gran adversidad.

En forma simultánea circulan imaginarios vinculados con la legitimidad migratoria vinculada con las distintas motivaciones (laboral, político, residencial), su origen (de países de América del Sur, Europa y Estados Unidos de Norteamérica) y su antigüedad. En este sentido los migrantes chilenos representaron durante décadas al “mal migrante”, en contraposición con las intenciones históricas de un poblamiento blanco y centroeuropeo articulado con la idea de la “Suiza argentina”. En los últimos años, la mayor visibilidad de migrantes procedentes de Bolivia y de Paraguay han girado los discursos xenófobos hacia estos grupos migrantes más recientes. En contraposición los migrantes “del Norte” no parecen representar conflictos a la integración de la ciudad a pesar de tener modalidades de inserción urbana relacionadas con las urbanizaciones privadas y la especulación inmobiliaria en una clara relación entre clase – origen.

REFLEXIONES FINALES

La ciudad de San Carlos de Bariloche es un caso paradigmático en términos de desigualdades socioterritoriales las cuales deben ser explicadas de modo multidimensional. Esta forma de estudio de los procesos de inserción urbana de los migrantes, que considera simultáneamente las desigualdades por clase y origen, busca evitar interpretaciones sesgadas por una sola de las dimensiones. La perspectiva de la interseccionalidad permite dar cuenta de las heterogenidades internas en conjuntos que en apariencia pueden parecer homogéneos. Desde la Geografía no nos resulta complicado imaginar las dimensiones de estudio en tanto capas superpuestas que acontecen en un mismo momento. Desde la Geografía Regional y hasta los Sistemas de Información Geográfica propusieron esta forma de abordaje que se encuentra internalizada en las racionalidades geográficas.

La complejidad del proceso de inserción urbana de los migrantes articula elementos que si bien no han ocupado de modo prioritario este artículo, deben ser considerados saber: el emplazamiento de la ciudad y sus barrios, el proceso de urbanización, las políticas de tierra y viviendas, en su estrecha relación con el mercado de suelo urbano, los niveles de participación y legitimidad ciudadana, la historia de las conformaciones barriales – relaciones sociales – redes y la construcción de paisajes e imaginarios urbanos.

En particular, el migrante internacional puede experimentar problemáticas específicas dada su condición de origen (por ejemplo en el acceso a viviendas sociales). Sin embargo, en términos generales, recaen sobre ellos las mismas dificultades que para el resto de los vecinos en su misma condición socioeconómica para quienes las posibilidades de acceso se encuentran signadas por las lógicas del mercado inmobiliario y de trabajo.

Finalmente se recalca la importancia de atender la real jerarquía de derechos que existe al interior del conjunto de los migrantes según su origen y antigüedad para no invisibilizar desigualdades sociales que requieren la atención de las Ciencias Sociales y de los decisores políticos.

OBRAS CITADAS

1. Abalerón, Carlos Alberto. Tendencias de Crecimiento Poblacional y Espacial en San Carlos de Bariloche con Énfasis en el Sector Marginal. Informe Final. San Carlos de Bariloche: Fundación Bariloche. 1992.

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